A nuestra debilidad llamamos chifladura de Trump

Demonizar a Trump no es optativo para la extrema izquierda española o el bipartidismo social-popular europeo. Hay desde luego una motivación ideológica para ello porque Trump, nos guste más o nos guste menos, representa en este momento la oposición a la Agenda 2030 y la ideología woke más que cualquier otro líder político en el mundo. En consecuencia, la Agenda 2030, el Foro de Davos y el universo woke reaccionan por todos los medios y con la máxima potencia posible contra la figura y la caricatura de Trump. Esto es lo lógico. Descontemos por tanto de todos los horrores que se nos cuentan de Trump todo aquello que es mera metralla en la batalla sin escrúpulos por la hegemonía ideológica global. Dicho esto, ¿es realmente un chiflado Trump? ¿Hace las cosas sin sentido? ¿O atribuimos a la supuesta chifladura de Trump lo que realmente es un reflejo patético de nuestra propia debilidad?

Hace unas semanas hemos asistido al episodio vergonzante en que Ursula von der Leyen (¿puede protagobizar von der Leyen nada que no sea vergonzante?) se allanaba ante Trump, y con ella toda la UE, para aceptar que los EEUU impongan unos aranceles del 15% sobre todas las importaciones europeas mientras Europa acataba sumisamente esta imposición sin imponer reciprocamente a los EEUU aranceles equivalentes. ¿Estaba loco por tanto Trump por iniciar una guerra arancelaria contra la UE? Resulta evidente que no puesto que no ha habido tal guerra arancelaria. EEUU nos ha impuesto unos aranceles con los que financiar su déficit público y nos los hemos comido con patatas sin establecer nosotros a los EEUU un arancel equivalente. ¿No constituye esto una victoria apabullante de Trump? Dos no pelean si uno no quiere, no digamos si uno de los dos es Ursula von der Leyen. Doña Ursula por otro lado no es nadie, es sólo el figurón que encarna la catastrófica amalgama de despropósitos programáticos de los partidos europeos socialistas y populares. Trump no fue un chiflado ni se equivocó tratándonos a los europeos como un puñado de comadrejas castradas, puesto que efectivamente hemos reaccionado como las comadrejas castradas que suponía que éramos y ha conseguido un win/win sin contrapartidas.

Más recientemente, hace sólo unas horas, lo que hemos podido ver es a todos los líderes de la UE sentados en el despacho oval de la Casa Blanca frente a la mesa de Trump como los niños delante del profesor. La imagen representa perfectamente la debilidad, la desunión, la falta de carácter, la irrelevancia, la ausencia de proyecto, la decadencia, la ridiculez. Europa es un sujeto pasivo de la política mundial. EEUU, China o Rusia deciden y a la UE meramente se le comunica lo que tiene que hacer. Ver, oír y callar. Obviamente quienes lideran el mundo lo hacen en su propio interés y no en el nuestro, por tanto las grandes decisiones tan sólo se nos comunican y no hay decisión importante que nos favorezca, salvo que lo haga de rebote porque favorezca a una potencia real.

El remate a este despropósito es el multimillonario Plan E militar que no afronta el problema esencial. De nada sirven las armas cuando no se tiene valor, decisión, ni capacidad de sacrificio para luchar. La Europa nihilista nunca puede ganar frente a alguien con una causa por la que luchar. El que no cree en nada siempre perderá el combate porque el problema no es que la espada sea más cara, sino que no la tire y salga corriendo. El Plan E militar, como todo plan E, sólo servirá para alimentar la ficción de que existe un ejército europeo y para hacer millonarios a los proveedores, políticos, comisionistas e intermediarios de multimillonarias compras de armamento que seguramente ni siquiera será el armamento que se necesita para hacer la guerra en el siglo XXI, ni en el supuesto de que tuviéramos la fuerza de carácter para hacer una guerra. Claro que España necesita más gasto militar, para mejorar el Ejército Español y para defender España en primer lugar.

¿Es entonces un loco Trump? Si Trump va consiguiendo sus objetivos en beneficio de los EEUU de forma inexorable como si estuviera ejecutando perfectamente un plan racional, es que no está loco sino que sigue un plan racional. Si la realidad es indistinguible de que sigue un plan racional, entonces es que hay un plan racional. Hacerse el loco, por otro lado, no es más que un instrumento más de negociación. Cedes más cuando piensas que el de enfrente, además de ser mas fuerte, es un loco dispuesto a todo que no va a negociar. No olvidemos que Trump escribió un libro que se llama precisamente “El arte de la negociación”. A la vista están los resultados y que von der Leyen y demás calamidades europeas no escribirán un libro semejante jamás. Llamamos chifladura de Trump a nuestra insoportable debilidad.

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