¿Será Bielorrusia la nueva Ucrania?

Rafal Kulicki 16 agosto 2020 Noticias
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La situación actual en Bielorrusia supone el evento político más importante en la historia post-soviética del país. El duradero presidente Alexander Lukashenko, con poderes dictatoriales, perdió el respaldo electoral de la mayoría de bielorrusos, pudiendo dejar de ser Jefe de Estado después de 26 años. Tanto unos cambios políticos en sí como una revolución pueden causar problemas no solo para él sino para toda Europa Oriental. La brutalidad policial no rompió con la voluntad de la gente y las protestas continúan. También hay un respaldo internacional más bien fuerte. Es bastante obvio que los países occidentales apoyarán las protestas, aunque la UE no haya comentado nada oficialmente.

La campaña electoral fue difícil tanto para el presidente como para la oposición. La segunda fue atacada y acosada por la policía y todo el entramado administrativo, como es habitual en Bielorrusia: el principal partido de la oposición no pudo concurrir debido a “razones administrativas” (sus mítines eran cercados e invadidos por las fuerzas de seguridad mientras que todos los medios de prensa legalizados apoyaban sin fisuras al presidente). Pero el presidente también tuvo complicaciones. Su principal actividad durante los últimos meses había sido advertir de lo que ocurriría si sus rivales ganaban. Llegó a decirle a los bielorrusos de a pie que el país llegaría a acabar “devastado como Ucrania”. “Advirtió” a los hombres de negocios de que la enorme corrupción de los años 90 volvería mientras que al resto le llegó a decir que se corría el riesgo de perder independencia política. También envió mensajes no oficiales a poderes extranjeros: le señaló a la OTAN (especialmente a Polonia) que, en caso de perder, toda su patria sería parte de Rusia. Y, como sabemos gracias a noticias no oficiales, advirtió a los rusos de que si perdía, las bases militares de la OTAN reemplazarían las rusas (esenciales para la inteligencia militar del Kremlin).

Como Lukashenko ha dicho en múltiples ocasiones: «Tú me conoces. No soy un ángel, no soy un presidente perfecto, pero te garantizo estabilidad y una vida pacífica». Y esto es un hecho. Bielorrusia no es un país rico, pero la mayoría de habitantes pueden vivir sin hambrunas, desempleo masivo, guerras de mafias o conflictos militares. Bajo Lukashenko, todo el mundo ha tenido, al menos, un trabajo, algo de dinero para alimentación y vivienda, coches de segunda mano, vodka y una dacha (parcela de tierra donde suelen pasar los fines de semana, fuera de la urbe). Ni maravilloso ni terrible. La falta de democracia también está garantizada. Aceptes o no al presidente, nunca puedes cambiarle.

Para Lukashenko, la situación podría ser peor que nunca. Hasta ahora, la mayoría de la sociedad le aceptaba (aunque el respaldo no fuera muy fuerte), igual que los superpoderes rusos. Ahora, todo esto está perdido. La crisis económica y las políticas controvertidas ante la pandemia (no hubo confinamiento) pusieron en contra suya a muchos votantes. Pero, lo que es más importante es que llegó a ser rechazado tanto por los rusos como por los países occidentales, principalmente, Polonia y Alemania. Desde el comienzo de la guerra entre Ucrania y Rusia, Lukashenko ha ignorado las órdenes de Moscú, habiendo creado su propia estrategia.

Él ha intentado salvaguardar la independencia de Bielorrusia y obtener más nexos de sus negocios con la UE, para resistir la presión unificadora de Rusia. Además, ha hecho algunas declaraciones contra Putin. Por ejemplo, en 2019, advirtió a Putin de que si Rusia atacaba Polonia, él no permitiría a los tanques rusos atravesar su país. Ningún ataque estaba planeado, pero la declaración fue clara: Minsk no seguirá ninguna directriz moscovita, pese a albergar aún bases militares que son esenciales para la estrategia militar rusa y formar parte de la unión económica con Rusia.

Esta estrategia permitió a los rusos y a los eurócratas asegurarse de que lo único que quiere el presidente de Bielorrusia son subsidios financieros y créditos baratos de ambos sitios. Las relaciones diplomáticas, previamente estables, se fueron volviendo más hostiles. Polonia cesó la negociación pacífica sobre el fin del acoso a la oposición y a la minoría polaca en Bielorrusia, renovando un fuerte apoyo a la oposición ilegal por medio del grupo de prensa Bielsat (en bielorruso y en ruso) y parte de la Televisión Nacional Polaca (TVP, en polaco). La ayuda no solo incluía acceso a medios profesionales, sino subsidios financieros y apoyo educativo. También Moscú empezó a emprender acciones hostiles contra Minsk. El Grupo de Wagner, oficialmente una compañía de seguridad y, no oficialmente, un grupo de las Fuerzas Especiales Rusas, empezó a operar secretamente en territorio bielorruso. La razón por la que Putin reubicó a sus mercenarios en su territorio aliado próximo sin hacerlo saber no está clara, pero probablemente esté preparándose para una guerra allí. ¿Contra quién? No lo sabemosm

Aunque oficialmente Lukashenko ganó, las acciones hostiles y el malestar social pueden forzarle a dimitir y causar un conflicto militar. Una guerra civil en Bielorrusia convendría tanto a los grandes poderes de la UE como a las oligarquías rusas. Los lobbies industriales de la UE, especialmente Alemania, necesitan mano de obra barata para mantener inversiones operativas que surtan beneficio alguno. Previamente, el conflicto ucraniano hizo que millones de personas se trasladaran no solo Alemania, sino a países próximos, económicamente hablando, como Chequia y Polonia. Los ucranianos trabajan muy duro por un salario pequeño, generando grandes beneficios para sus empleados (principalmente, corporaciones industriales alemanas). La guerra en Bielorrusia podría mover a otros millones de eslavos hacia el Oeste, lo que beneficiará a la economía de la UE. Por otra parte, la nueva “aristocracia” rusa (oligarcas, gente de negocios, señores de las mafias y políticos al mismo tiempo) se beneficiaría haciendo inversiones en inmobiliaria y en compañías próximas a la zona de guerra, a un coste sorprendentemente bajo.

Bielorrusia puede estar atravesando tiempos de cambio, pero los poderes europeos, que pueden beneficiarse de su caída, están esperando desestabilizarla y destruirla. Rusia y la UE, junto con la industria propagandística, millones de dólares a “invertir” y almacenes armamentísticos pueden, simplemente, arruinar la modesta pero estable vida en Bielorrusia por un beneficio económico. Una potente respuesta de cualquiera de las voces opositoras o de las manifestaciones así como los éxodos de líderes opositores muestran el poder del régimen bielorruso y su voluntad para combatirlo. Incluso con el respaldo fuerte de los amigos occidentales, los opositores tienen que luchar con brutalidad para cambiar su país. Lo que es muy triste acerca de esta situación es la probabilidad de las intervenciones internacionales y el inicio de una guerra civil a gran escala, similar a la de Siria. Las autoridades polacas y los políticos están preparando a la gente para que acoja a los refugiados de esa guerra. Las fuerzas de la OTAN en la Franja Este están, probablemente, en secreto, preparándose para alguna clase de acción militar en el Este, lo cual no es fácil debido a que las fuerzas militares bielorrusas tienen bastante arsenal armamentístico y a la probabilidad del respaldo ruso.

Probablemente, una nueva lucha de poder entre la OTAN y Rusia está siendo preparada. Esta guerra será brutal y destructiva, pero beneficiosa (económica y financieramente) para los poderosos de ambos bandos. Tras los brutales enfrentamientos en Minsk y las primeras muertes en combate, las probabilidades de paz son bajas.

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