Tu agotamiento, Señor, al caer en tierra por tercera vez era total. En adelante ya no pudiste dar un paso por ti mismo; te llevaban casi a rastras. Estabas muy cerca de lo alto, del lugar de tu muerte pero no pudiste con los últimos..
Señor, necesitamos tu Espíritu para sentirte en medio de nosotros, para reconocerte en ese anciano que pide un ochavo en el mercado, sin mascarilla porque no le importa la pandemia, del que no sabemos su nombre porque nunca se lo hemos preguntado...
La ciencia, la filosofía, el progreso, nos han dicho que tú no eres necesario; que la especie humana se salvará a sí misma; que el superhombre lo dominará todo. Ahora estamos humillados...
Imprimiste tu rostro en el paño de Verónica y, sobre todo, en su alma. Cuántos cristos vemos caminar hacia las ucis y entubamientos por esta pandemia sin poder reaccionar ante su destino, forzados por duros confinamientos..
No es agradable, Señor, ayudar a un criminal o a un malvado. Tú arrastrabas esa apariencia, lo parecías. Por eso el Cirineo huía y no quería echarte una mano para llevar la cruz. Le obligaron los soldados pero lo hacía de mala gana. No sabía..