Ha vuelto a pasar. Los “txabales” de la izquierda abertzale han vuelto a atacar el establecimiento de “Sabor a España” ubicado frente al Ayuntamiento de Pamplona. No es la primera vez que sucede esto. Se trata de ataques recurrentes que por lo visto no pueden ser evitados, ni reprimidos, ni grabados, ni siquiera en un lugar tan supuestamente vigilado como la plaza consistorial. Es curioso porque además los violentos te hacen una pintada en el escaparate llamándote fascista y al mismo tiempo te colocan una pegatina marcándote por judío, como si no estuviera ya claro que no son las farolas que más iluminan del barrio.
Nuevo ataque a la tienda Sabor a España de #Pamplona https://t.co/cGkc5UXQjL pic.twitter.com/4iSKsxql8Y
— Navarra Televisión (@NavarraTV) February 16, 2026
“Sabor a España” se suma por otro lado a los ataques sufridos por otros establecimientos de la zona como el Burger King, que tampoco le gusta a la izquierda abertzale. Adicionalmente, el empresario que tenía la extravagente idea de poner en marcha unos pisos turísticos en el centro de Pamplona ha renunciado al proyecto y ha puesto los pisos en venta tras los ataques y las amenazas recibidas, incluyendo su señalamiento llenando las calles de lo viejo con carteles con sus datos.

Por si esto no fuera suficiente, la izquierda abertzale ha vuelto a atacar un convento, esta vez el de las pobres monjitas de Echarri Aranaz. Decimos otra vez porque antes de Navidad también fue atacado, la misma noche que vandalizaron la casa de los Ulayar, el convento de la Inmaculada Concepción en Leiza. No estamos por tanto ante hechos puntuales sino ante una violencia estructurada, organizada y creciente. Asistimos a un resurgimiento de la kale borroka y los hechos lo confirman de forma constante y acelerada.

La persistencia y resurgimiento de la kale borroka no es casual, es consecuencia de un discurso que apoya y hasta jalea esa violencia. Un discurso que por cierto no se limita a la izquierda abertzale. La violencia callejera existe porque existe previamente ese discurso. La violencia callejera crece de forma paralela a como se extiende e intensifica ese discurso. No se puede acabar con la violencia callejera sin acabar antes con el discurso que la alimenta.
La violencia persiste por otra parte porque funciona y genera buenos dividendos al que la practica. El tablero no es igual para el que tiene que hacer las cosas amenazado que para el que no. La violencia es una ventaja. Aunque la sociedad es plural el nacionalismo ha impuesto un paisaje urbano uniforme gracias a la violencia. Como tener esa ventaja es interesante no se quiere acabar con ella. Ahora para poner ciertos negocios en Navarra, como si no hubiera bastantes problemas económicos, burocráticos y fiscales, hay que tener en cuenta que te lo pueden atacar o señalar si no le gustan a la izquierda abertzale y sus socios. ¿Por qué la izquierda abertzale se dice tan partidaria de la inmigración y del mestizaje cultural mientras persigue de forma implacable todo lo español, o todo lo religioso, o todo lo que no encaja es su ideología? Por un lado es un mecanismo compensatorio, algo así como abrazar gitanos mientras exterminas judíos. Por exterminar a un judío estoy dispuesto incluso a abrazar a un gitano. Por otra parte es algo como lo que le pasa a Irene Montero. Lo que se busca es un reemplazo y lo que lo alimenta no es el amor al reemplazador, sino el odio absoluto al que tiene que reemplazar. No es que no sean racistas, es que son racistas y excluyentes al siguiente nivel.