¿Por qué estamos hablando del desahucio de una señora de 87 años cuando España la gobierna la izquierda?

La izquierda no se siente cómoda hablando de Ceuta, de pucherazos, de clanes de traficantes trabajando para el PSOE intimidando a juezas, de las joyas de Zapatero o de las andanzas de Begoña Gómez como captadora de fondos consorte. Así las cosas, la izquierda ha levantado a través de sus medios una historia con la que parece sentirse más cómoda: un desahucio.

El caso que ahora se agita es el de una pobre señora de 87 años en Madrid, desahuciada de su casa por un cruel fondo buitre sin darle tiempo siquiera a hacer la maleta. Por supuesto se elige un desahucio en Madrid, no en cualquier otra ciudad de cualquier otra comunidad, no digamos socialista o de algún socio sanchista. Obviamente esto no es casual.

Todo en la forma de relatar la historia es por lo demás falso. Es decir, cuando se habla de “su casa”, no es cierto que sea la casa de la anciana. La anciana lleva toda su vida viviendo en una casa de alquiler, por tanto la casa no es suya. No se puede equiparar el alquiler a la propiedad ni en el derecho ni en el relato. ¿No nos aseguran que no tendremos nada y seremos felices? ¿Por qué el discurso dominante favorece el alquiler sobre la propiedad cuando lo que te garantiza vivir para siempre en el mismo piso es la propiedad? Decir que la casa es suya es sencillamente mentir para provocar un sentimentalismo lacrimógeno, pero vayamos más lejos.

El alquiler de la vivienda nos remonta a los años 50, al padre de la anciana, al franquismo, a las leyes franquistas sobre vivienda y a la disfuncionalidad de las rentas antiguas. Uno de los problemas a este respecto es que una persona no se puede subrogar en una renta antigua y en este caso ya hubo una subrogación en la madre al morir el padre y en la anciana después al morir su madre. Esto a su vez, junto a la hemeroteca, nos indica que nos encontramos ante un caso mediático que lleva años circulando y que acumula un extenso periplo judicial hasta este momento. Es decir, que también es mentira que a esta mujer se le esté echando de “su” casa sin tiempo para hacer la maleta.

Una paradoja llamativa en este asunto es que la anciana disfruta hace décadas de un alquiler de 500 euros (antes aún menor) cuando el alquiler real del piso que disfruta rondaría los 2.500 o 3.000 euros. Este es el precio que se calcula para un piso de alquiler de esas mismas características en esa misma zona. Cuando por tanto se acusa al fondo propietario del piso de pretender triplicar el alquiler de la buena señora no se trata de un súbito ataque de crueldad, sino de ofrecer el precio de mercado real, de hecho un precio todavía muy por debajo de mercado de 1.500 euros. Un precio, eso sí, que la señora no puede pagar con una pensión de 1.400 euros, salvo teniendo ahorros o patrimonio heredado. En este sentido, la historia real no es que a esta señora se le triplique cruelmente el precio del alquiler de un día para otro, sino que durante décadas ha estado pagando un alquiler entre 3 y 6 veces inferior al debido.

Volvamos al franquismo, a las leyes de vivienda franquistas y a la intervención de precios por parte del Caudillo. A este respecto tendríamos que preguntarnos si topar los precios es una idea moderna o una ocurrencia fracasada hace décadas. También tendríamos que preguntarnos si Franco aplicando estas políticas era muy progresista o los progresistas al aplicarlas son muy franquistas. ¿Qué pasó con la fijación de precios franquistas? Pues lo que pasa siempre: que se desploma la oferta y que a nadie le interesa invertir en una casa a la que no le puede obtener una mínima rentabilidad alquilándola. Por tanto hubo que corregir esa política pero conservando como una especie de derecho adquirido esas rentas antiguas. Naturalmente eso ha generado disfuncionalidades que como vemos se extienden hasta el presente.

Volviendo pues al presente, a la señora se le han ofrecido diversas alternativas para no quedarse en la calle, desde alojarse en una residencia hasta al parecer vivir en otro piso en otra zona. Lo que pasa es que la señora no ha aceptado ninguna de las alternativas. Esto no quiere decir que se vaya a quedar en la calle, sino que no ha aceptado voluntariamente las alternativas ofrecidas. Por supuesto la señora tiene derecho a un piso, pero no a ese piso concreto que no es de su propiedad, como sucede con cualquier inquilino.

Pensemos sin embargo en el propietario del piso y el fondo buitre que, al ser nominalmente los malos de la película, nadie puede pensar en ellos con simpatía. Tras la historia del piso seguramente hubo antes del fondo buitre un propietario o unos hijos que heredaron un piso que sin embargo no podían vender, porque estaba ocupado, del que no podían echar a la ocupante, y a la que tampoco podían subir el alquiler. Se trataba por tanto de un patrimonio familiar convertido en una inversión ruinosa y empatandada. En este sentido es probable que en algún momento, necesitados los propietarios de dinero o queriendo recuperar algo de la inversión, vendieran el piso a un fondo buitre a una fracción de su valor. He aquí otra paradoja interesante del caso. Al topar los precios o hacer casi imposibles los desalojos, conviertes los pisos en bienes en los que sólo un fondo buitre se atreve a invertir. Obviamente el fondo buitre habría pagado a los propietarios una fracción del precio real del piso, así que esos propietarios serían los perjudicados objetivos de la historia hacia los que nadie ha mirado. Por otra parte, una vez más tenemos que quienes más dicen odiar a los fondos buitre son por otro lado quienes precisamente crean las condiciones en las que operan y proliferan los fondos buitre. Si para desalojar un piso necesitas años pleiteando y 20 furgonetas de policía, sólo un fondo buitre se mete en ese berenjenal, pagando un precio ridículo al propietario. Sucede lo mismo con los okupas. Los partidos que dicen odiar a los desokupas son los que en el fondo estimulan su proliferación al proteger a los okupas.

Naturalmente la señora necesita y presumiblemente tiene ya asignada una alternativa habitacional digna aunque la haya rechazado, porque lógicamente prefiere el piso de lujo con el alquiler fuera de mercado que estaba pagando. De todos modos llama la atención la viralidad de este desahucio y la indignación de la izquierda cuando el país lo gobierna la izquierda. O sea, ¿no votaron muchos a un gobierno de izquierdas precisamente para evitar estos casos? ¿Por qué no se indignan entonces con este gobierno? La noticia debería ser que siga habiendo desahucios en España tras 7 años de gobierno sanchista, precisamente cuando la izquierda para llegar al poder hizo bandera de los desahucios. Obviamente el ayuntamiento o la autonomía pueden ser del PP, pero las leyes marco con las que operan el ayuntamiento o la autonomía las establece el estado. No sólo eso, nada impide tampoco al gobierno central ofrecer una solución propia a los desahuciados. Es todo por tanto una pantomima. Si de lo que se trata entonces es de hacer demagogia que se le pida al Gran Wyoming que le alquile uno de sus 19 pisos a la señora, cobrándole por supuesto un alquiler por la tercera o la sexta parte de su precio real de mercado.

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