¿Por qué ahora llamamos ser sostenible o «trendy» a lo que antes se llamaba ser pobre?

El wokismo se infiltra en nuestras vidas no sólo a través de las páginas y secciones de política, sino también a través de las de cultura, ocio, humor, gastronomía, economía, deportes o sociedad. De hecho, esas son las secciones más peligrosas porque es donde a menudo podemos bajar la defensas pensando que hemos salido de la política y estamos recibiendo contenidos inocentes y neutrales. Nada más lejos de la realidad.

No sólo es que los contenidos de todas las secciones que no son política no son inocentes, es que normalmente esos contenidos se encuentran perfectamente coordinados con los contenidos políticos para crear una realidad conforme a esos contenidos políticos. Se trata de vendernos una realidad fuera de la sección política en la que a continuación encaje como un guante el discurso político. De nada serviría trasladar un discurso político si a continuación ese discurso quedara desmentido en todo el resto de ámbitos. De hecho, una vez construido el molde en todo el conjunto de ámbitos que no son estrictamente la sección de política, ya sólo cabe en ese molde un determinado discurso político.

En este sentido, resultan llamativas muchas de las noticias que como una fina lluvia nos van calando poco a poco, creando en nosotros una mentalidad pauperista. Es decir, una mentalidad en virtud de la cual nos creamos ricos siendo pobres, o abracemos la pobreza como un bien deseable. De este modo los mejores gobernantes serán los que nos hacen más pobres. Esto interesa mucho a los gobernantes más inútiles, más ladrones o con ideas más descabelladas, porque para empobrecer un país o estrellar un avión vale cualquiera a los mandos.

Podría parecer una chifladura aceptar que esto esté sucediendo, pero cada vez resulta más evidente el discurso. El famoso degrowth, o decrecimiento, ya es un objetivo explícito de las clases políticas dominantes a través de la Agenda 2030 o el Foro de Davos. No poder irse de vacaciones o comprar ropa nueva ya no es ser pobre, es estar a la moda y ser «trendy». Agradece al gobierno ser trendy.

Naturalmente el Foro de Davos o la Agenda 2030 no nos van a colocar la felicidad de ser pobre en forma de salto, sino en forma de transición progresiva cual rana en olla de agua caliente. Este es el sentido de muchas de las noticias fuera de la sección de política de las que estamos hablando. Así, por ejemplo, mientras nos dicen que el país va como una moto, que crecemos constantemente y que somos la admiración del resto del mundo, ahora resulta que ganar más de 24.000 es ser de clase media alta cerca ya de ser ricos. ¿Cómo es posible si tanto crecemos que cada vez haya que ganar menos dinero para ser un privilegiado? Nos describen como crecimiento lo que por sentido común y toda la vida ha sido empobrecimiento.

Como quien no quiere la cosa, el estado nos viene convenciendo hace tiempo de que el racionamiento de la energía es muy conveniente, de forma que no se puede poner el aire acondicionado en lugares públicos por debajo de los 27 grados o la calefacción por encima de los 19. En Cuba o Venezuela lo llamaríamos racionamiento o pobreza energética, aquí lo llamamos ecología y política sostenible. El resultado sin embargo es el mismo. Por lo demás todo el mundo sabe que o apostamos por el desarrollo o apostamos por el racionamiento energético. Si la energía está limitada por la disponibilidad o por el precio asimismo estamos condenados a limitar el crecimiento económico. No se puede crecer por encima de la disponibilidad de energía. Si no tenemos energía barata y abundante, en vez de abrazar fervorosamente nuestra escasez, lo que deberíamos es replantearnos la política energética que está dando lugar a esos precios o esa escasez.

Otrotanto sucede con la comida. Si en un país comunista se raciona la comida es una prueba evidente del fracaso del modelo, pero ahora el estado empieza a limitar nuestro acceso a la carne roja, al aceite de oliva o a una creciente lista de alimentos en nombre de la salud unas veces, de la solidaridad otras y de la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático siempre. Comeremos gusanos y seremos felices. Eso sí, serán gusanos en polvo esparcidos sobre otros platos sintéticos para que a la vista no nos provoquen rechazo. Nos quitarán la carne o el pescado pero lejos de protestar les daremos las gracias porque son unos genios de la propaganda. Seremos felices de no tener nada y les daremos las gracias por habernos quitado todo para poder gozar de semejante felicidad que nos otorgan.

Por supuesto eso de carecer de coche o casa propia no será tampoco un síntoma de pobreza, sino de sororidad, o ecohabitabilidad, o galaxianismo ambiental. Evidentemente no será una pobreza optativa, No será una pobreza derivada del rechazo de la riqueza, de la austeridad voluntaria o del reparto de la propia riqueza como en el caso del rico heredero del Evangelio. En el nuevo planeta woke no habrá una riqueza a la que renunciar ni tampoco mérito o libertad. Cuba, Venezuela o la URSS no son regímenes en los que la gente es pobre porque renuncia a la riqueza, sino porque no tiene riqueza alguna ni que abrazar ni a la que renunciar.

Carecer de todo por otra parte no es sin más ser pobre, sino ser dependiente. Ahí es donde quieren realmente llegar en todo este asunto. El que no tiene nada puede que sea feliz o no, pero lo que está claro es que no tiene independencia. Lo que mantiene al pueblo ordenado en los paraísos socialistas es mucho más la cartilla de racionamiento que la policía. Lo peor de la dictadura woke es que no necesita un muro alrededor como la Europa comunista del Este. Lo que persigue la agenda woke es una dictadura global. No necesitas un muro si no queda ningún lugar al que puedas escapar. No quieren tampoco otra cosa con la que su miseria se pueda comparar. Vamos a reventar de tanta felicidad.

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