La Asociación de Empresas de Energía Eléctrica (AELEC) publicaba recientemente un dato digno de alarma y reflexión: el 83,4% de los nudos de la red de distribución en España están saturados. Esta siendo mala es sin embargo sólo la situación general, al incluir las zonas del territorio nacional con menos demanda energética. La situación es mucho más dramática en comunidades como Andalucía, donde la saturación de la red alcanza el 92%, en Aragón donde sube al 97%, o en Cantabria, País Vasco y La Rioja donde llega al 99%. Los niveles de saturación de la red en Navarra son del 94%.

¿Qué significa que la red eléctrica esté saturada o al borde de la saturación? Pues que ya no admite más conexiones. Es como un pantano lleno al 99% que ya no puede admitir más agua o como una autopista que ya no puede admitir más tráfico. Un nudo de conexión es un punto de la red eléctrica al que se enganchan industrias, hogares o plantas renovables para recibir o inyectar electricidad. Endesa explica que si ese nudo está lleno no es posible aceptar más conexiones hasta que se refuerce o se libere capacidad. Endesa, y es sólo un ejemplo pero ya vemos que descriptivo de la situación general, dispone de 1.840 nudos en su red de distribución que actúan como puertas de entrada al sistema eléctrico. La eléctrica reconoce que la mayoría se encuentran al límite de su capacidad y que de hecho el 88% ya no pueden aceptar nuevas conexiones.

Las implicaciones del dato anterior son terribles para la economía y el crecimiento del país. Un tope en la capacidad de conectarse a la red eléctrica es un tope en la capacidad de segur creciendo. De hecho, como ilustra la gráfica anterior, esta saturación de la red se traduce en que ya se están denegando cerca de la mitad de las conexiones para los centros de datos, la industria, los planes urbanísticos o hasta los postes para los coches eléctricos. Es imposible que crezca la industria si no se puede conectar a la red eléctrica. No podemos alimentar centros de datos ni sostener la inteligencia artificial sin conexión a la red eléctrica. Y malamente vamos a recargar los coches eléctricos que nos obligan a comprar a precios prohibitivos si no tenemos postes para poder hacerlo. La transición energética es un timo sin conexión a la red eléctrica. No podemos construir más viviendas si no podemos conectarlas a la red eléctrica. Las fábricas y las plantas industriales no pueden crecer ni hacer frente a la demanda sin conectarse a la red de energía. Sin energía no hay crecimiento. Si tu disponibilidad de energía es 100, es imposible que crezcas por encima de 100. Estamos ante un absoluto fracaso energético y un fracaso energético necesariamente conduce a un fracaso social y económico.
La industria española, bloqueada: el colapso de la red eléctrica ya impide conectar nuevas inversiones en 36 provincias https://t.co/MrqVYfu7tY
— EL MUNDO (@elmundoes) September 10, 2025
¿Qué solución puede tener esta situación? En primer lugar la disponibilidad de energía debe ser la prioridad absoluta. Que sea verde, amarilla o azul está muy bien sólo si su disponibilidad está garantizada. El color no puede priorizarse sobre la disponibilidad. En segundo lugar la disponibilidad de energía y de conexiones a la red depende de la inversión en infraestructuras. No se puede desincentivar la inversión en infraestructuras energéticas. El problema una vez más es que nos encontramos en un sector híper-regulado y que, como es habitual, para lo que sirve la híper regulación es para poner en riesgo el sistema en vez de para garantizarlo.
España necesita invertir 53.000 millones en redes eléctricas hasta 2030, pero esa inversión corre peligro porque el nuevo sistema retributivo de la CNMC desincentiva el capital, eleva el riesgo financiero y amenaza con dejarnos rezagados frente al resto de Europa.… pic.twitter.com/0qo6U1CXTk
— Energía y Sociedad (@EnergiaSociedad) September 23, 2025
Si se limita la rentabilidad de las inversiones en infraestructura energética, los inversores se llevan su dinero a otros sectores que sean más rentables. La intervención estatal siempre se equivoca cuando trata de sustituir al mercado para regular la economía. De este modo, las inversiones energéticas se dirigen en virtud de una agenda ideológica y el resultado es la sobreinversión en unos sectores y la infrainversión en otros. El resultado es que ahora tenemos un grave problema con la infraestructura energética. La buena noticia es que apenas empezando a vislumbrar las primeras consecuencias negativas de este problema, la mala es que empezando a tomar medidas hoy nos costaría un tiempo ampliar nuestras infraestructuras y solucionar el problema. Además no estamos tomando ninguna medida hoy porque el gobierno no tiene presupuestos, ni mayoría parlamentaria, ni le importa nada de lo que sucede fuera de Gaza.