Exitazo de topar los precios del alquiler en Pamplona: la oferta de pisos cae un 26% sólo en unos meses

Topar los precios de los pisos en alquiler en vez de aumentar la oferta es como prohibir los despidos en vez de crear empleo. De todos modos tenemos en el poder unos partidos a los que en cualquier momento se les podría ocurrir prohibir los despidos, así que puede que no sea un buen ejemplo. Los datos sin embargo son los que son. Hace poco más de un mes la ministra de Vivienda y el propio Gobierno de Navarra presumían de los benéficos efectos de haber creado en Pamplona zonas tensionadas en las que se topaban los precios de los alquileres. El resultado era que los precios habían bajado en los primeros meses de aplicación de la medida un 8,6%. Lo que pasaba es que ya entonces tanto el gobierno central como el foral nos ocultaban una parte fundamental de la realidad. Desde que se había empezado a aplicar la intervención de los precios se había producido dos efectos claramente visibles y negativos: se había desplomado el número de contratos de alquiler en las zonas con los precios topados y se había disparado en cambio el número de contratos de temporada (por ejemplo a estudiantes universitarios), cuyos precios no están topados. Esto era visible incluso en los propios datos oficiales ofrecidos por el Observatorio de la Vivienda.

Los datos que acaba de hacer públicos el porta inmobiliario Idealista confirman este diagnóstico de forma particularmente intensa. Según sus estadísticas efectivamente los alquileres residenciales se desplomaron durante el último trimestre del año en Pamplona, cuando empezaron a aplicarse los topes de precios en las denominadas Zona de Mercado Residencial Tensionado. Pero la oferta de pisos en alquiler no es que se desplomara un poco, se desplomó nada menos que un 26% y Pamplona fue la capital española donde más se desplomó la oferta de pisos. Por el contrario, la oferta de pisos en régimen de alquiler de temporada se disparó paralelamente un 57%. La razón es que los pisos que no se alquilan como vivienda permanente, como los que se alquilan a los estudiantes que vienen a estudiar un curso, no están sujetos a las mismas limitaciones ni para marcar los precios ni para desahuciar a los inquilinos morosos.

Los resultados de la política de topar los precios están siendo tan inmediatos como espectaculares en Pamplona, pero el resultado no es exitoso sino catastrófico. Los efectos de topar los precios están siguiendo los manuales de economía al pie de la letra. Topar los precios provoca desabastecimiento. Puedes topar el precio de los Ferrari a 5.000 euros, pero el resultado real es que no tendrás Ferraris a ningún precio. Si en vez de topar los precios de los Ferrari topas el precio de todo, desde la gasolina hasta los pisos pasando por el papel higiénico, lo que provocas es un desabastecimiento a niveles venezolanos. Lo increíble es que todavía haya partidos políticos que propugnen estas medidas cuando su fracaso está más que probado absolutamente siempre que se ha intentado.

Por definición, limitar los precios no acaba con la escasez, y es la escasez lo que dispara los precios. O sea, si hay 80 pisos y se demandan 100 los precios suben, pero limitando los precios seguirá habiendo sólo 80 pisos disponibles y seguirán haciendo falta 100. Lo que se provoca es que nadie se plantee ofrecer otros 20 porque has intervenido el mercado, has blindado a los okupas y alquilar pisos ya nadie lo considera una inversión atractiva. Por el contrario, como hacen falta 100 pisos y sólo hay 80 lo que se provoca es un “casting” entre los posibles inquilinos, en el cual los más desfavorecidos son los que le ofrecen al propietario menos garantías económicas. Es decir, que las personas con menos recursos son las más perjudicadas en ese casting provocado por el gobierno con la intervención de los precios.

Naturalmente esto no sucede sólo en Pamplona sino que se observa en todas las capitales con los precios topados. El problema es que los partidos que han impuesto estas medidas son incapaces de reconocer la realidad y corregir sus políticas. Se trata de un caso de disonancia cognitiva de libro. El mismo que les impide reconocer a estas alturas el fracaso de la ley sueltavioladores, por poner otro ejemplo. A fin de cuentas quien en el año 2026 todavía sigue defendiendo la ortodoxia comunista lo tiene que hacer al margen por completo de los resultados del comunismo en el mundo real. Por tanto no cabe mucha esperanza de que el Gobierno de Navarra vaya a modificar su política tampoco en este caso, por algo tan insginficante como los resultados de sus políticas en el mundo real.

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