Muchas personas se suelen identificar con la izquierda y el socialismo como consecuencia de abrazar una serie de eslóganes facilones, como que el capitalismo hace a los pobres cada vez más pobres y a los ricos más ricos. Este tipo de pensamiento parte ya de la premisa equivocada de que la economía es un sistema de suma cero, en el que la riqueza es una cantidad fija y en el que en el reparto, por tanto, todo lo que uno recibe de más es lo que recibe de menos el otro. Por el contrario, es evidente que la riqueza es una cantidad que crece o decrece constantemente. No hay en el mundo obviamente la misma riqueza que en la Edad Media, ni siquiera que en los últimos 20 años: somos mucho más ricos ahora, por tanto es perfectamente posible que los ricos sean más ricos y los pobres también sean más ricos. Es más, es que generalmente esa es la ecuación que funciona en el mundo capitalista. No sólo no hay contraposición de intereses sino que lo primero no suele ser posible sin lo segundo. A nadie que vende coches, smartphones, viajes, paellas o pisos le interesa que su posible clientela no tenga dinero.
🔴ÚLTIMA HORA | La Administración Trump se incauta de yates, mansiones y coches de lujo pertenecientes a Maduro y valorados en cerca de 600 millones de euros: «Esto es crimen organizado, sin diferencias con la mafia»https://t.co/mmrbrEZEKH
— LA GACETA (@gaceta_es) August 13, 2025
Por el contrario, es en el socialismo donde sin duda los pobres se hacen más pobres, de eso no cabe ningún género de duda y a la vista están los resultados, y es también en el socialismo donde los ricos se hacen más ricos. Lo que pasa en el socialismo es que quienes se hacen más ricos son los líderes socialistas, no gente que invierte, tiene una idea o pone en marcha un negocio exitoso. Un caso claro es lo que ha pasado recientemente con Nicolás Maduro, al que la administración USA le ha incautado bienes por valor de 600 millones de euros. Desde luego no es un caso excepcional, Maduro se limita a seguir el ejemplo de Chávez, de los Kirchner o de los Castro. Un líder social-comunista no puede elegir entre enriquecer a su población o no, porque bajo el social-comunismo la población sólo se puede empobrecer, así que la única alternativa real es enriquecerse él o no.

A diferencia de un empresario en el sistema capitalista, a un líder social-comunista le da igual que la población se empobrezca o robarle todos los bienes, porque su prosperidad no depende de la prosperidad de la población y de que la población tenga un nivel de prosperidad para poder comprar sus productos o contratar sus servicios. Los ingresos de un tirano social-comunista no dependen de la satisfacción del cliente sino de negar el voto al pueblo, amañar las elecciones o tener debidamente comprada a la cúpula militar.

Si en el capitalismo los ricos pueden ser más ricos sin que los pobres sean más pobres, la desigualdad por tanto no implica necesariamente el empobrecimiento de los más desfavorecidos. La desigualdad de hecho no es mala por sí misma. ¿Por qué deberíamos ser todos iguales? ¿Queremos ser todos iguales? ¿Iguales por abajo como en los países socialistas? ¿Qué sentido tendría obtener todos los mismos resultados como producto de distintos esfuerzos, distinta preparación, distinta dedicación o distintos riesgos? El igualitarismo incentiva que nadie se esfuerce más, arriesgue más o se prepare más si total haga lo que haga va a obtener el mismo resultado que los demás. El socialismo incentiva la pasividad y el decrecimiento, mientras que el capitalismo incentiva a que cada cual saque lo máximo de sí mismo. Por eso el capitalismo genera sociedades prósperas y el socialismo genera sociedades ruinosas.

Naturalmente está bien que todo el mundo tenga un mínimo, que no es igual a que todo el mundo tenga lo mismo. Por lo demás sería estúpido preferir un mundo en el que yo y mi vecino tuviéramos 10 cocos cada uno a un mundo en el que yo tuviera 15 cocos pero mi vecino tuviera 40. ¿Preferiría tener 5 cocos menos sólo para no soportar que mi vecino tuviera más cocos? Eso no es el paraíso de los justos sino el de los envidiosos. En vez de hacerse comunista, mejor que plante palmeras si quiere más cocos.