No somos conscientes de hasta qué punto nos controlan los chinos. O sea, no los chinos sino China, el gobierno chino, la gran superpotencia y dictadura comunista que conforma nuestro pensamiento y nuestra opinión con nuestro propio dinero. Por si no saben ustedes a qué nos estamos refiriendo, pensemos por ejemplo que El Intermedio, el programa del inefable Wyoming, es producido por una sociedad controlada por capital chino. Lo mismo podemos decir de La Revuelta de Broncano. Pero es que no se trata sólo de El Intermedio. Es que prácticamente todos los contenidos de televisión en España, sean programas de ocio, entretenimiento y entrevistas, series, documentales o películas, pasan por el filtro de China.
Aparte de los canales de televisión, la cuestión fundamental es llenar de contenido los canales de televisión. Un canal de televisión sin contenidos es una carta de ajuste. Más que la propiedad de los canales, por consiguiente, es un dato fundamental conocer la propiedad de las productoras, para saber quién en la sociedad española crea opinión. En España había dos grandes productoras, que eran Globomedia y Mediapro. Prácticamente cualquier serie o programa en el que pensemos ha salido de una de estas dos productoras, a las que podríamos añadir El Terrat. Recordemos por ejemplo Aida, Los hombres de Paco, el Club de la comedia, 59 segundos, El ministerio del tiempo, Aguila roja, El barco, el Internado, 7 vidas, Periodistas, Compañeros, Zapeando, El conquistador del fin del mundo, La Resistencia, La Revuelta, El Intermedio…

La captura anterior da una idea de la dimensión actual de Mediapro como productora de contenidos televisivos. Una enorme proprorción de los contenidos televisivos que se consumen proceden de Mediapro, que en su momento engulló a Globomedia y El Terrat. A través de diversas fusiones, Mediapro se ha convertido en el gran generador de contenidos para todas las plataformas de televisión, y no sólo para las plataformas de televisión, también para los cines o muchas producciones en la red. Tenemos por consiguiente dos problemas a la hora de pensar la pluralidad en España (no sólo en España) en los canales de televisión. Por un lado la propiedad de los canales y por otro las productoras que llenan de contenido esos canales. Si ya la pluralidad de los canales es en el fondo escasa, la pluralidad de las productoras que llenan de contenido esos canales es más escasa aún, y menos percibida por el pueblo y el consumidor. Mediapro es por ejemplo una gran proveedora de contenidos de la RTVE sanchista, empezando por su apuesta estrella (y multimillonaria) con Broncano. Mediapro factura decenas de millones a RTVE. Sólo en 2025 unos 50 millones en programas y servicios. Mediapro/The Mediapro Studio se consolida como proveedor clave de RTVE con más de 20 acuerdos recientes, mientras mantiene producciones en autonómicas, plataformas y exportaciones internacionales.
La factura de Mediapro a RTVE: casi 50 millones en programas y servicios solo en 2025 https://t.co/AOfjpsoK6b
— Pablo Haro Urquízar (@pabloharour) January 11, 2026
Hemos intentado proporcionales un vistazo general sobre el problema de que los contenidos de televisión tiene en gran medida un mismo origen, y que por tanto controlando ese origen se controla en gran medida la formación de opinión en España, el análisis, la conformación de simpatías y antipatías o la propia información que llega a través del televisor. Pues bien, ¿quién controla ese gigante en España que es Mediapro? La respuesta es que desde 2018 quien controla Mediapro, y por tanto Globomedia, El Terrat, etc, es Orient Hontai Capital. Joye Media S.L. es la sociedad holding dominante de Mediapro, anteriormente conocido como Imagina Media Audiovisual, y actualmente se encuentra controlada por el fondo chino Orient Hontai Capital a través de su vehículo inversor Southwind Media Holdings.

La semana pasada señalábamos que el Canal Red de Pablo Iglesias tiene firmado un acuerdo con el gobierno chino, en virtud del cual Canal Red emite en España los contenidos de CGTN, es decir China Global Television Network, la red internacional de televisión estatal china. Esto era sin embargo sólo la punta del iceberg. El canal de Pablo Iglesias tiene su influencia pero es muy minoritario. Ahora estamos hablando sin embargo de contenidos masivos que consumen millones de españoles. No sólo eso. Todo el mundo sabe que lo menos peligroso para ser sometido a un lavado de cerebro es un telediario o una tertulia, porque son lo que parece. Los grandes cambios de valores e ideas se transmiten sobre todo a través de los programas de entretenimiento, las series o las películas. A través de estos programas recibimos enormes dosis de ideología pero en dosis pequeñas, diluidas con el humor y el ocio, llegándonos además con la guardia baja, ante lo que aparentemente son percibidos como contenidos blancos o apolíticos.
¿Es raro que en los grandes medios españoles Trump sólo pueda ser percibido como un loco y un bufón? ¿Es casual que la Iglesia sea generalmente denostada? ¿Es extraño que los empresarios tengan mala imagen? ¿Puede llamar la atención la normalización de la ideología de género? ¿Es inocente la asimilación del discurso separatista? ¿Es inexplicable el auto odio a Occidente y sus valores? ¿Por que se habla de Gaza pero no de Irán? ¿Por qué no se puede discutir la Agenda 2030? ¿Hay mucha inmigración en China? ¿Piensa China que la inmigración masiva y descontrolada fortalece a Europa? Por alguna inexplicable casualidad, podemos observar que con carácter general no se encuentra casi ningún contenido televisivo que choque con la política exterior de China. Si China divide a los líderes occidentales y su discurso entre más y menos propicios a sus intereses, lo que vamos a encontrar en los contenidos televisivos, casualmente, es que la impresión que se nos va a transmitir de los líderes occidentales y su discurso es más o menos positiva según sean más o menos propicios a la política exterior china. Casualmente.
Si China divide las ideas y valores de la sociedad occidental entre los que la fortalecen y los que la arrastran a la decadencia, los contenidos televisivos inciden en los discursos que arrastran Occidente a la decadencia. Casualmente. La casualidad, no obstante, puede estar ligeramente apoyada por el hecho de que las grandes productoras de contenidos televisivos son propiedad actualmente de fondos chinos, desde luego en España. No hemos sido por otro lado muy informados de esto, quizá porque el que tendría que informarnos es ya casi el mismo que es controlado o porque no va a denunciar el origen de ciertos contenidos el mismo que los emite.

Que la mayor parte de la producción de contenidos televisivos en España se encuentre bajo control chino y que además no seamos apenas conscientes de ello dice mucho de la política china y su eficacia. A lo mejor seguimos pensando que una invasión es cuando llegan unos carros de combate a la frontera. Desde luego eso es una invasión, pero existen muchas otras formas de invasión más modernas y contemporáneas, mucho más sutiles y eficaces además. Por si queda alguna duda, la producción de contenidos televisivos es un negocio bastante ruinoso y decreciente. Es decir, China tiene un interés en invertir en esos contenidos, porque ha usado sus fondos de inversión para controlar las grandes productoras, pero no es un interés económico porque es un negocio escasamente rentable y existen inversiones mucho más interesantes desde el punto de vista económico. Podríamos concluir por tanto que China tiene un interés en entrar en el mundo de la producción de contenidos audiovisuales que no es el dinero, o que tiene interés estratégico incluso perdiendo dinero. Seguramente no es que China esté dictando todos los días el contenido de todo lo que produce Mediapro, pero seguramente también no hay nada que produzca Mediapro que le pueda molestar particularmente a China o a su política exterior.

Pensemos por otro lado que Orient Hontai Capital pagó unos 1.000 millones de euros para hacerse con el control de Imagina Media Audiovisual, la sociedad que controlaba Mediapro en 2018. ¿Qué es para China pagar 1.000 millones por controlar la producción audiovisual en castellano? ¿Hay otra forma mejor de gastar 1.000 millones en propaganda? ¿Es gasto o es inversión? En el siglo XXI, ¿1.000 millones en carros de combate serían mejor forma de empezar a controlarnos? Por otra parte no es que a China le falten los carros de combate o las inversiones en defensa. Lo que pasa es que lo mismo cuando llegue Xi Jinping simplemente desenrrollaremos la alfombra roja bajo sus pies.