Infeliz día de la Liberación Fiscal. Papá estado te está machacando

Hoy es el Día de la Liberación Fiscal, el día que según la iniciativa impulsada hace años por la fundación CIVISMO se calcula el momento en que el español medio deja de trabajar para pagar impuestos y empieza a cobrar para financiar sus gastos. Todo el resto del año trabajamos para el gobierno, a partir de hoy empezamos a trabajar para nosotros. Sólo a partir de hoy el dinero de nuestro trabajo empieza a quedarse en nuestro bolsillo. Conviene subrayar que el cálculo se realiza sobre el salario bruto medio, no sobre lo que ganan los millonarios. Es decir, que este cálculo es aplicable con carácter general a la población. ¿Tiene usted la sensación de que cada vez le cuesta más llegar a fin de mes? No es una sensación, además del encarecimiento de la vida cada año paga usted más impuestos. De hecho, si repasamos la hemeroteca, en 2017 la liberación fiscal llegaba a finales de junio, mientras que ahora se retrasa hasta todo un 20 de agosto. Si cada vez el gobierno se queda con un mayor porcentaje de nuestro sueldo, y además suben los precios, el empobrecimiento es un hecho objetivo. Por otro lado ahí tenemos el espectacular aumento de la recaudación en los últimos años. El estado ha pasado de recaudar 212.000 millones en 2019 a recaudar 325.000 en 2025. La diferencia es chistorra que ha dejado de estar en nuestros bolsillos.

Primer hachazo: cotizaciones sociales

Como punto de partida del estudio, se toma el salario medio bruto anual que asciende a 32.446 euros, a partir de ahí empezamos a descontar. El primer descuento son las cotizaciones sociales, y en este sentido cabe señalar que lo que paga el trabajador es sólo la punta del iceberg. No es casualidad. Al gobierno le interesa que la empresa le haga de recaudadora y que la parte gruesa de la cotización que tiene que pagar el trabajador la asuma la empresa, naturalmente a costa de salario no pagado al trabajador. De este modo el trabajador en muchos casos ni siquiera es consciente del coste salarial que tiene para la empresa y de todo el dinero que podría ser su salario pero que nunca llega siquiera a cobrar. Dicho de otro modo, hay 9.944,70 euros anuales que la empresa debería entregar al trabajador medio como salario, pero que el estado hace pagar a la empresa como cotización social por ese trabajador, sin que el trabajador en muchos casos llegue a ser consciente siquiera de esa deducción de su salario que la empresa entrega al estado en vez de abonársela a él y que nunca llega a ingresar. El sistema es perverso porque si el estado quitara el dinero al trabajador después de cobrarlo el trabajador sí sería consciente de lo que está pagando, o de que su sueldo en realidad es mucho mayor del que efectivamente recibe. A la empresa, evidentemente, le daría lo mismo entregar esos 9.944 euros al trabajador que al estado. El coste para la empresa es el mismo. Pero el estado prefiere que la empresa le pague al gobierno en vez de al trabajador y no tener que asumir la impopularidad de cobrar después al trabajador.

Segundo hachazo: el IRPF

Si analizamos el IRPF que paga una trabajador medio, tenemos que descontar otros 5.612,10 euros anuales anuales de salario que se queda el gobierno. A este respecto hay que indicar que la inflación de los últimos años supone una subida encubierta y constante del IRPF. O sea, 130 euros de ahora equivalen a 100 euros de hace unos años. Para comprar lo mismo que hace unos años comprábamos con 100 euros, ahora hacen falta 130. Sin embargo, el gobierno no ha deflactado los tramos del IRPF, de forma que no tiene en cuenta que ganar 130 euros en vez de 100 no significa ser un 30% más rico, sino de hecho seguir teniendo sólo el mismo poder adquisitivo. A efectos prácticos esto significa que hemos ido subiendo de tramo y pagando más al gobierno sin que seamos más ricos. No deflactar el encarecimiento de la vida de los tramos del IRPF supone por tanto una subida encubierta de impuestos. Que lleguemos más justos a fin de mes no es por consiguiente una sensación subjetiva, es un hecho objetivo real.

Tercer hachazo: el IVA

Llegamos a continuación al pago del IVA sobre los gastos que hacemos, y aquí este año nos encontramos con una nueva subida de impuestos, ya que han decaído algunas de las reducciones del IVA que se habían aplicado anteriormente para mitigar las subidas de precios. El cálculo se ha hecho este año tomando en cuenta el salario neto que llega a recibir el trabajador medio, la forma en que se distribuye su gasto y el IVA que soporta cada uno de estos capítulos de gasto, como la alimentación, la ropa, la electricidad o el ocio. El resultado son otros 2.212 euros de sueldo que se queda el gobierno.

Cuarto hachazo: impuestos locales y tributos y tasas varias

Desembocamos tras el IVA en los impuestos locales, autonómicos, tasas de residuos y fiscalidad sobre la propiedad. Este capítulo incluye figuras como el IBI, el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica, matriculación, residuos, sucesiones, etc. ¿Resultado? Otros 4.110 euros que nos quita el estado a través de sus diversos tentáculos.

Las anteriores cifras nos sitúan implacablemente ante la factura final. Entre las cotizaciones sociales, IRPF, IVA y toda la galaxia de otros tributos, el trabajador medio le está pagando 23.986 euros al año al estado, mucho más de lo que cobra. Es decir, que de 365 días nos pasamos 231 trabajando para el gobierno y la liberación llega el 20 de agosto. No es que seamos pobres, es que dedicamos casi dos tercios de lo que deberíamos ganar en pagar al gobierno.

¿Cómo deberíamos llamar a un modelo económico en el que dos tercios de nuestro salario bruto se lo queda el gobierno? ¿Ultraliberal o pseudocomunista? ¿Nos sorprende que la economía real, asfixiada por el peso del estado, se haya estancado o cada vez tengamos menor poder adquisitivo? Naturalmente a cambio de esto el gobierno nos ofrece una serie de servicios, ¿pero se encuentra el nivel de los servicios que recibimos a la altura de lo que pagamos? Si el trabajdor medio paga 23.986 euros al año al estado, eso en 30 años son 719.580 euros, una pequeña fortuna. ¿Es posible que no tengamos en cuenta este dato cuando nos dicen que los servicios públicos son gratuitos? Desde 2019 el estado recauda un 50% más, ¿ha mejorado un 50% la calidad de los servicios desde 2019? ¿Cree usted que el gobierno gestiona bien lo que recauda? Es decir, no es sólo que el dinero de los impuestos vaya a Sanidad en vez de a chistorras, rescates extraños y chiringuitos, ¿incluso el dinero que consigue llagar a Sanidad o Educación está bien gestionado?

Pensar que lo público es gratis, cuando en realidad nos cuesta una fortuna, nos lleva a la sumisión agradecida en vez de a la exigencia crítica

Que no nos digan lo afortunados que somos frente a otros países por tener por ejemplo sanidad gratis. Esto es una verdad a medias. En vez de cobrar 32.446 euros anuales en el bolsillo del trabajador medio acaban sólo unos 12.000. Esto significa que en 30 años le pagamos al estado unos 700.000 euros en impuestos. No, la Sanidad y la Educación públicas no son gratis. Pensar tal cosa no sólo es falsa sino que es una manera sumisa al gobierno de pensar. Esta forma de pensar, como si el gobierno nos regalara los servicios en vez de cobrarlos a un precio carísimo, conduce a un falso agradecimiento en vez de a una actitud exigente, que es la que todo ciudadano libre, calculadora en mano, debería mantener sistemáticamente frente a todo gobierno.

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