La Gran Cruz que presidió la Vigilia con el Papa, por petición popular, se quedará de forma permanante en Madrid

La Gran Cruz de 25 metros de altura que presidió la multitudinaria Vigilia de los jóvenes con León XIV el pasado 6 de junio en la Plaza de Lima se quedará para siempre en Madrid. La ubicación exacta todavía está por determinar pero el Ayuntamiento de la capital, tras la recogida de casi 50.000 firmas en una semana pidiendo la conservación de la cruz, ha decidido que sirva como recuerdo de la histórica visita del Papa y como símbolo de las raíces cristianas de la sociedad española. La colocación permanente de la cruz es gracias a la iniciativa de Blanca e Isabel, que han lanzado la idea e impulsado la recogida de firmas para su conservación.

La noticia adquiere una nota particular considerando que una de las dos promotoras, Blanca, es navarra residente en Madrid. En declaraciones a la cadena COPE, las promotoras de la iniciativa han explicado que la idea les surgió viviendo el ambiente de alegría y emoción que observaban cada día al atravesar la plaza de Lima, aunque el instante clave surgió por la noche al ver la Cruz de la Vigilia al ser iluminada. Inmediatamente surgió la idea de tratar de convertir en permanente la magia de ese momento: “Era preciosa y comentando lo espectacular que era, fue cuando dijo Isabel que esta cruz debía quedarse aquí como recuerdo inolvidable de la visita el Papa. No hay símbolo que represente mejor las raíces cristianas y católicas de España”.

A partir de ahí las dos amigas usaron una conocida plataforma para poner en marcha la recogida de firmas, la cual empezaron a difundir entre sus grupos de contactos con la expectativa de conseguir al menos unas decenas de apoyos. Una vez echada a rodar la bola de nieve y viralizada la iniciativa, sin embargo, el número de firmas no paró de crecer y de superar todas las expectativas de las amigas, al punto que tras la Vigilia del sábado con el Papa, en la que participaron 600.000 personas, el número de firmas se disparó por encima de las 45.000.

Una cruz es algo más que un adorno, es un faro. Toda cruz contiene un mensaje que habla de esperanza, de un referente, de la existencia de algo más, de un sentido de la vida, de unos valores, de una forma de comportarse. Si la cruz estuviera vacía de significado ni tendría sentido colocarla ni tendría a veces tanta oposición su presencia. La llegada del Papa ha provocado la salida de cientos de miles de personas a la calle, mayoritariamente jóvenes además, poniendo de manifiesto la existencia una mayoría creyente, a menudo silenciada, que trata de vivir todos esos valores que significa la Cruz. El resto del tiempo hay que suponer que toda esa gente está ahí, pero la visita del Papa permitió pasar de suponer a poder comprobar que efectivamente todos esos creyentes estaban ahí, para sorpresa de muchos que se creen muy representativos cuando ni remotamente pueden soñar con semejante capacidad de movilización, para sorpresa también incluso de muchos católicos, que continuamente son bombardeados con la idea de ser un movimiento declinante en vías de extinción. Desde Nerón a Pedro Sánchez, han sido muchos entremedio los gobiernos, regímenes y personas que han esperado ver con sus ojos el final del cristianismo. Nietzsche ha muerto. Lo que han caído sin embargo han sido todos esos regímenes desde el Imperio Romano hasta la URSS. Dicen que un rey oriental tenía un anillo en el que, para consolorarse, estaba inscrita la frase «esto también pasará». Pensar eso de todo, no obstante, no está claro que sea aterrador en vez de consolador. La cruz dice precisamente todo lo contrario, que esto no pasará. Podemos apostar a que también lo que tenemos ahora pasará y que al final lo que habrá siempre por encima de las mareas cambiantes de la historia será una cruz.

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