A pesar de que Madrid, los archipiélagos y las autonomías mediterráneas sean las que se lleven la gran mayoría de porciones del pastel turístico, España tiene tantos paisajes bonitos, catedrales preciosas, castillos medievales y demás monumentos históricos, que ya se está acercando a la saturación turística por todos lados. El antiturismo, incluyendo la posibilidad de alquilar a turistas que no van pagar por hotel, no es la solución al alquiler, sino construir viviendas abundantes para quien no tiene. No apreciamos lo que tenemos, la joya de país con la que contamos. Personalmente a mí me encantan las playas mediterráneas donde va todo quisqui, pero también disfruto viendo otros paisajes y edificios históricos. Y cada vez más gente también lo ve así.
Por si fuera poco, por España pasa la tercera ruta de peregrinación de la cristiandad, el famosísimo Camino de Santiago. Obviamente hablamos del Camino Francés.
Los conceptos de peregrino y peregrinación son antiquísimos y comunes a todas las religiones. Pero, incluso si nos limitamos a los libros sagrados de la Biblia, ya Dios denomina como peregrino a Abraham en Génesis, el primer libro. Se habla de peregrinos casi de Génesis a Apocalipsis. A lo largo del Antiguo y Nuevo Testamento se añade el apelativo de peregrino a los descendientes físicos de Abraham. Finalmente se denomina también como peregrinos a sus descendientes espirituales, los cristianos. En total el término “peregrino” y sus derivados se citan más de veinte veces en la Biblia. Así que el concepto de peregrino es un concepto relevante en occidente, aunque haya una gran falta de conocimiento.
La primera guía turística de la historia, el Libro V del Códice Calixtino (o Liber Sancti Jacobi), que escribió hacia 1140 el monje francés Aymeric Picaud, hace referencia al Camino de Santiago francés. Esta obra, conocida como la «Guía del Peregrino Medieval», describía minuciosamente el Camino de Santiago, incluyendo rutas, consejos, peligros y costumbres locales de la época. Esto nos da una idea de la relevancia del Camino de Santiago como ruta de peregrinación espiritual, que a la vez se considera turística. A veces se puede combinar lo profano y lo sagrado sin necesidad de ser incompatibles.
En Navarra no tenemos playa, pero tenemos sanfermines y la ruta oficial del Camino de Santiago. Además tenemos los dos ramales (el aragonés por Jaca y el navarro por Roncesvalles) del camino atravesando Navarra y convergiendo en la localidad navarra de Obanos. De las cincuenta y cuatro capitales españolas, contando las cincuenta provinciales, las dos ciudades autónomas y las dos capitales únicamente autonómicas, solo cinco, Pamplona, Logroño, Burgos, León y Santiago de Compostela, tenemos la bendición de ser parte de semejante ruta de peregrinación.

La pena es que el Camino de Santiago, siendo que tiene tal relevancia religiosa, turística y económica, está sumamente infravalorado e infraexplotado. En la calle Mayor de Pamplona está la sala Ultreia, nombrada en honor al saludo tradicional del camino, pero el problema es que se centra en Pamplona sin apenas mención del camino. Al menos podría hacer una labor de la historia del camino desde la perspectiva pamplonesa, pero en su lugar habla de Pamplona pasando de puntillas a pesar de su importante relación con el camino. Por ejemplo cuenta la historia desde un punto de vista retorcidamente vasquista. En la versión en castellano del vídeo hay un habitante de la Pamplona medieval que le llamá a su padre “aitá”, como si fuera representativo del pamplonés medio de la época, cuando en la Pamplona medieval los barrios de San Nicolás, San Cernin y San Miguel estaban poblados por francos y cuyas lenguas eran el francés y principalmente el occitano. Por ser parecido al romance navarroaragonés, la lengua oficial del reino, la mayoría de los pamploneses no pudieron tener problema en que los fueros y el Privilegio de la Unión se redactaran en navarroaragonés. Por la misma razón la convergencia de navarroaragonés y el asturleonés con el castellano se propició el ambiente para que el español fuera tan mayoritario en nuestros días.
Para entendernos el occitano es una especie de francés del sur bastante parecido al catalán. En la Navarrería se considera que se hablaba vascuence, pero difícilmente un pamplonés medieval llamaría a su padre “aitá” si a la plaza del mercado le llamaba “plaça del mercat” o a una calle pequeña se le denominaba “petita”. Aunque en algún momento posterior fueran poblándose los burgos con montañeses o cuencos vascófonos, como indican los apellidos toponímicos, los apellidos no son prueba suficiente de que las nuevas generaciones hablaran vascuence, pues en EEUU hay gran cantidad de gente con apellido español que no tiene ni idea de la lengua española y en Argentina y Francia sucede lo mismo con la gran cantidad de población de apellidos y origen italiano, pero que no sabe ni papa de italiano y solo sabe español y francés respectivamente.

La mayoría en Navarra desconoce que el camino oficial entra por dos puntos de Navarra. Aquí tenemos gente que por ignorancia histórica, ideología o una combinación de ambas, no es consciente de que nunca se ha traducido el término «camino”, referido al Camino de Santiago, pues tiene tal importancia histórica que no se traduce al euskera “bidea” ni al inglés “way”, aunque sí al francés “chemin”.
Los turistas o peregrinos, cuando hablas con ellos en inglés, te dicen “I want to go to the Camino” (Quiero ir al Camino de Santiago). Empeñarse a poner bilingüe lo que nunca se traducía no tiene sentido y no ayuda ni atrae al turista, sino que más le puede ahuyentar o liar. Al peregrino medio le importa un bledo si en Navarra hay otra lengua cooficial. Y lo mismo sucede en los mapas de turismo de Pamplona. Les importa un comino si se llama Iruña en una lengua local. Por eso ahora, cuando en sanfermines se compran camisetas, pañuelos u otros productos si tienen la opción escrita de Pamplona a secas o Pamplona/Iruña, la de Pamplona a secas se vende como churros. Tenemos poco espíritu comercial con esa mentalidad, aunque hay alguna esperanza porque los anuncios turísticos del Gobierno de Navarra no meten el bilingüismo con calzador.
El Camino de Santiago debería tener un buen asociacionismo de ciudades y de pueblos por los que pasa el Camino Francés, sin olvidar el ramal aragonés que forma parte del mismo y que a tantas localidades navarras beneficia. Es más, debería tener algún tipo de presupuesto y financiación nacional o europea para promocionarlo y crear una red de albergues y hoteles con este enfoque y especialización compostelanos. Aunque ya existen albergues utilizados para este fin, hay que enfocarlos más en el camino y añadir más albergues y plazos. Lo del apoyo europea sería especialmente apropiado por el hecho de que el Camino Francés, como dice el nombre, realmente no es que nazca en Francia a pocos kilómetros de la frontera española, como la mayoría cree, sino en las localidades francesas de París, Vezelay, Arlés y Le Puy.
Francia y España han sido por mucho tiempo los países más turísticos del mundo y así siguen siéndolo. Teniendo en cuenta esto, se podría potenciar el camino en conjunto con Francia y darle mucho más rendimiento que el que se le da en la actualidad. Eso reportaría un crecimiento del turismo y su economía que resultaría que Francia lo aceptara con brazos abiertos. De funcionar, como parte de la infraestructura se podrían incluir autovías del camino (Navarra tiene buena parte del camino funcionando como autovía), trenes del camino… Quizás siendo muy ambiciosos se podría construir un tren del camino lujo del Camino de Santiago como se hace en otras partes del mundo.
Estos proyectos pueden ser el acicate para que Francia acepte la reapertura del túnel de Canfranc (Aragón) desde su lado y la conexión transpirenaica por autovía por Navarra y Aragón como alternativa a los atascos perpetuos de los pasos de Irún y La Yunquera. Estas infraestructuras son necesarias con o sin camino, y se pueden hacer al margen de que se construya el lado francés, aunque pueden ayudar a implicarlo. Y si no, podemos implicarle a la UE con apoyo financiero y presión hacia Francia.
Aritz Lizarraga Olascoaga