El INE acaba de hacer públicos los datos de la última Encuesta de Condiciones de Vida y sin embargo el Gobierno de Navarra presume de ellos. El porcentaje de personas en situación de riesgo de pobreza en Navarra en 2025 descendió 1,9 puntos y se sitúa en un 12,3%, colocando a la Comunidad Foral como la segunda comunidad con mayor descenso en este indicador y la tercera con menor tasa, por detrás de Euskadi (9,3) y Baleares (11,6). Además de la tasa de riesgo de pobreza, la encuesta incluye la tasa AROPE, que mide el riesgo de pobreza y/o exclusión social, que en Navarra fue de un 16,5% en 2025, 1,8 puntos menos respecto al año anterior, que fue de 18,3 puntos. Esto sitúa a Navarra como cuarta comunidad donde más ha descendido y tercera con menor tasa. La media en el Estado se sitúa en 25,7%. ¿Pero es oro todo lo que reluce? ¿Hay motivos de verdad para presumir? ¿Por qué el gobierno sólo nos habla del último año? ¿Cuáles son los datos que no nos cuenta el gobierno foral?
Navarra consolida su posición entre las comunidades con menor pobreza del Estado.
— María Chivite / ❤️ (@mavichina) February 5, 2026
En un solo año, hemos logrado uno de los mayores descensos de pobreza de todo el país.
Personas y familias que hoy viven con más dignidad y con más oportunidades. https://t.co/QvS8SchS08
Lo cierto es que los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE ofrecen un cuadro devastador cuando los miramos en perspectiva, más allá de que puedan ser ligeramente mejores que el año pasado. Esto es por ejemplo lo que sucede cuando vemos en contexto a lo largo de los últimos años la evolución de la Tasa AROPE. En el conjunto de España viene bajando desde 2014, en Navarra viene subiendo desde 2019, casualmente desde la llegada al poder de Chivite. En realidad tanto en el conjunto de España como en Navarra la pobreza y la exclusión social están disparadas respecto a los niveles del 2008. Presumen cuando deberían avergonzarse.

La forma de medir el riesgo de pobreza resulta cuestionable en la mayor parte de metodologías empleadas. Se ha normalizado en los últimos tiempos igualar pobreza a desigualdad. Medir la desigualdad en vez de la pobreza y presentarlas como intercambiables es una trampa sin embargo bastante obvia. En un barrio rico el vecino que tiene una casa de 2 millones no es pobre aunque el vecino de enfrente tenga una casa de 6. Por otro lado un barrio no deja de ser pobre porque todos los vecinos estén sin calefacción o tengan el mismo hambre por igual. Es por esto que a veces resultan más significativos los indicadores de carencia material severa, que es lo que habitualmente entendemos todos por pobreza. Navarra sin embargo resulta en este sentido igual de malparada. La consejera Maeztu señala que “la pobreza se puede reducir cuando hay políticas públicas ambiciosas”, pues que le eche un vistazo a esta gráfica. Es increíble que Navarra tenga mucha más pobreza real severa que en 2008, en 2013 o en 2017.

Los problemas con el mercado laboral también aparecen reflejados en la encuesta y de nuevo el resultado es desastroso para las políticas supuestamente progresistas de los gobiernos del cambio; progresistas en la teoría, no en los auténticos resultados. El porcentaje de navarros viviendo en hogares con baja intensidad en el trabajo (de 0 a 59 años) vuelve a estar disparado, mucho más alto que en 2008 y mucho más alto también que en 2019, cuando el mandarinato de Chivite empezó a suceder al mandarinato de Barcos. Para más INRI esta situación ha mejorado apreciablemente en el conjunto de España mientras se estancaba o empeoraba en Navarra.

Tener el gobierno más progresista de España tiene resultados, pero no son los esperados, por lo menos los que esperaban los votantes progresistas. El drama para ellos no es que estos lamentables resultados sean la consecuencia de no aplicar sus políticas, sino de la aplicación estricta del recetario. Las políticas progresistas no funcionan y los resultados están a la vista. Esto sin embargo sólo es una parte del problema. La otra parte es que el progresista promedio no puede ver el problema. Entre ver la realidad o asumir el error de sus ideas prefiere cerrar los ojos. Preferimos empobrecernos a reconocer que estamos equivocados. Así llegaremos muy lejos.