Sí, la regularización de inmigrantes sí es un «amaño» para que voten a Sánchez

La izquierda decreta la regularización de golpe de 500.000 inmigrantes ilegales. Para hacernos una idea, La Rioja no llega a los 330.000 habitantes, una parte de ellos también inmigrantes. Pamplona tiene algo más de 200.000 habitantes, una proporción de ellos también inmigrantes. Hablamos por tanto de regularizar de golpe 2,5 ciudades como Pamplona llenas de inmigrantes ilegales. No hace falta por consiguiente argumentar que nos encontramos ante una alteración sustancial del censo porque eso es una evidencia. No es sin embargo la primera regularización ni será la última antes de las próximas elecciones. Ahora es noticia porque se acomete esta regularización de golpe, pero todo el resto del tiempo afrontamos un goteo (más bien un chorreo) de regularizaciones silencioso y constante. No son por tanto 500.000, son de hecho millones. La misma izquierda que acomete esta alteración del censo y del electorado asegura sin embargo muy seria que no hay una estrategia electoral tras esta transmutación de los electores. ¿Es sin embargo cierto?

La pretensión de que la regularización de los ilegales no tiene consecuencias electorales es primero medio falsa y después totalmente falsa. Muchos de los inmigrantes regularizados, para empezar, pueden ya votar en las elecciones municipales. O sea, que con las regularizaciones se produce una alteración del censo y del electorado de manera inmediata, al menos de cara a las elecciones locales, pero de manera menos inmediata se produce también una mutación del censo y del electorado de cara a las elecciones generales.

La gráfica anterior muestra, con datos del INE, el número de residentes extranjeros que han alcanzado la nacionalidad española en los últimos años. En 2024, por ejemplo, fueron la friolera de 252.476. Se trata de una cifra constantemente creciente cada año. Es decir, que en una legislatura habrá habido no menos de 1 millón de nuevos extranjeros nacionalizados con derecho a voto en las municipales, pero también en las autonómicas y las generales. La alteración del censo y del electorado es por tanto un hecho indiscutible. Los más de 250.000 nacionalizados de cada año son el resultado del constante ritmo de regularizaciones anteriores, que no nos alarman porque no se producen de golpe. Los 500.000 regularizados de golpe nutrirán en los años venideros 500.000 nacionalizaciones adicionales. No es que hasta estos 500.000 no haya habido regularizaciones, ni nacionalizaciones, ni un cambio poblacional, es sólo que no se ha hecho de golpe y no ha sido tan noticiable. Las cifras de ese incremento sordo, constante y no noticiable son sin embargo espectaculares. La metáfora de la rana que se va calentando en el puchero sería apropiada también en realción a este asunto. La regularización que se nos plantea es tan sólo un vaso de agua hirviendo que se nos echa de golpe en el puchero alarmándonos un poco y sacándonos del sopor, aunque ahí está toda la izquierda mediática del sanchismo para, mediante la mentira, devolvernos de nuevo al estado de somnolencia que le interesa.

Lo discutible no es por todo lo expuesto la alteración del censo y del electorado, sino si esa alternación favorece a las formaciones sanchistas que la están promoviendo. Hay encuestas que así lo señalan. Se trata por otro lado de una cuestión de sentido común. La izquierda sostiene un discurso absolutamente pro inmigración. La izquierda promete viviendas, ayudas y pagas a todos los inmigrantes que le voten, por lo que no podría sorprender un sesgo izquierdista entre la población inmigrante. Este sesgo seguramente es mayor entre la población musulmana y de origen africano, subrayado por la política anti occidental y anti cristiana del gobierno. De entre todos los inmigrantes, seguramente los más problemáticos, los que menos quieren adaptarse o los que menos aportan seguramente serán los más proclives a Podemos y a Sánchez. Pero sobre todo cabe deducir que el gobierno no acometería una regularización de este calibre o una transmutación del electorado a este ritmo si no estuviera convencido que le conviene desde el punto de vista electoral. Fuera del gobierno podríamos tener dudas sobre a quién votas los ilegales regularizados, pero dentro del gobierno no tienen dudas de que el cambio del electorado les favorece. Lo que están seguros que no les favorece es el electorado existente y el resultado electoral al que se dirigen con el electorado presente.

Todo esto además se ejecuta por decreto. Ni siquiera por decreto-ley, para que después no tenga que ser convalidado por el Congreso. Es una decisión totalmente unilateral y antidemocrática del gobierno. No es que esta decisión la tome el gobierno por esta vía a pesar de no contar con la mayoría para hacerlo, sino que la toma así precisamente por no tener mayoría. Con el sanchismo estamos ante un asalto constante al estado de derecho y la democracia. No será seguramente lo peor ni lo último que veamos antes de las elecciones porque Sánchez parece dispuesto a lo que sea para permanecer en Moncloa. Permanecer en el poder, por otro lado, ya sabemos que no es en Sánchez una mera cuestión de vanidad sino su estrategia de defensa ante la Justicia. Todos los límites del estado de derecho van a ser puestos a prueba y si no resisten podemos decir adiós a la democracia y a la posibilidad de un cambio político. Ya nos advirtió Pablo Iglesias.

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