Este pasado día 10 de septiembre, no fue un día muy agradable para más de un occidental. Algunos despertaron con la noticia de una preocupante agresión militar a cierto país europeo bajo el posible pretexto de arrastrarnos a un conflicto bélico con intereses espurios. No obstante, más de uno durmió, en función de sus preocupaciones, con otra triste noticia.
Alguna que otra persona aún no confirmada ni acusada por las correspondientes autoridades policiales prestó, en el día de ayer, un servicio ensangrentado para esa corriente a la que el paso de la historia no le ha restado ningún atributo criminal, aunque la gente no se haya dado cuenta aún en cierta medida. Esto aconteció en cierta «potencia económica occidental».
El caso es que, al servicio de la izquierda, cierto individuo perpetró un tiroteo mortal en uno de los patios de la Utah Valley University, una universidad situada en Orem (Utah). La bala impactó contra la arteria carótida del joven padre de familia Charlie Kirk, durante un evento político orientado a la reflexión y el contraste sano de ideas titulado America Comeback Tour (una gira universitaria de corte conservador).
Kirk fue uno de los líderes de influencia y movilización en la «nueva derecha», la cual tiene el objeto de romper con dinámicas de tibieza y connivencia con la indefinición y con la problemática izquierdista. Sí, la misma que aspira, sin un patrón hiperrígido de pensamiento único, a repeler fuertemente amenazas revolucionarias como la cultura de la muerte, el secularismo deicida, el intervencionismo económico, la ideología de género, el ecosocialismo, el multiculturalismo, el antisemitismo woke y la indefensión de los individuos.
Fundó la asociación Turning Point USA en 2012, bajo previa inspiración de personas vinculadas con el Tea Party (esa corriente del milenio que se opuso a subidas fiscales del gobierno de Barack Obama y que reivindicaba el espíritu anticolectivista del motín del té, que contribuyó a que ciertos territorios se independizasen del Imperio Británico). Esta tenía el objeto de defender los valores tradicionales, el iusnaturalismo de la Constitución Americana de 1789 y el libre mercado.
Su campo de batalla eran las universidades, espacios donde, debido a la tiranía woke, el espíritu de pensamiento crítico brilla por su ausencia (además, recuérdese que, en Estados Unidos, algunas de las universidades privadas más elitistas son auténticos laboratorios de la corrupción moral y económica del progresismo y del socialismo en sus distintas modalidades). Esto es muy conveniente porque la Academia es otro entorno donde, en el sentido práctico, hay que librar la batalla cultural y espiritual en pro del Bien.
Ahora bien, su movilización no solo contribuyó a que menos jóvenes fuesen atrapados por esa contemporánea reivindicación radical del socialismo, otrora muy mal visto allí, que se está viviendo (recuérdese que el Partido Demócrata es cada vez más neocomunista y bolchevique, lo cual trasciende la crueldad de sus políticas abortistas). Pudo influir en las campañas de Donald Trump, figura que con sus errores y aciertos no deja de ser una pretendida garantía para el mundo libre. Pero hay otra cuestión de importancia notoria.
En alguna que otra ocasión, Kirk dijo querer ser recordado por su fe. De hecho, tomó la iniciativa de crear una especie de división espiritual dentro de Turning Point, para que los jóvenes se encontrasen con Dios y le tuviesen más presente en su día a día, siguiendo los preceptos morales y naturales de la moral cristiana. Había una inspiración evangélica (esta persona se crió bajo enseñanzas del presbiterianismo), si bien es cierto que muchos protestantes estadounidenses repelen más los dogmas de la neoizquierda que el clero católico español y europeo.
Ergo, su interés en la batalla política estaba guiado por ese compromiso con el Bien, entendido como algo intrínseco a los fines últimos que los individuos tenemos para con Dios. Recordemos que el Mal es la expresión mayor del demonio, que es el que impulsa los contraórdenes subversivos que expresan las ideologías izquierdistas, paganistas y colectivistas.
Dicho esto, hay que ser consciente que los enemigos del pensamiento único, pese a ser muy relativistas y tolerantes, no admiten que se respete el curso natural de las cosas, que nos acerca a la verdad. Tampoco les hace mucha gracia que se actúe en consecución con el Bien. De ahí que las vidas que les importen sean muy selectas, ya que la mayor parte de lo que exponen es un sensacionalismo manipulador.
Buscan que pese a seguir orgánicamente con vida, más de uno alcance una «muerte civil» basada en el ostracismo, por tan solo disentir (conflictos sociales y laborales, entre o no en juego, directamente, el factor religioso). Hay quienes no dudan en explorar fórmulas de persecución penal y policial (el régimen dictatorial posmoderno de Pedro Sánchez y los mecanismos de cancelación de Reino Unido e Irlanda son pruebas de ello).
Pero evidentemente hay quienes pretenden ir más allá. De ahí que no les importe excederse y lograr actos sanguinarios, como ocurre en esos regímenes comunistas clásicos (entre ellos, los del narco-comunista Grupo de la Puebla y el hermético sistema de Corea del Norte). En cualquier caso, Charlie Kirk se ha convertido en un mártir de una reacción con legado, contra el colectivismo y la corrupción satánica de la izquierda.
2 respuestas
El pasado 8 de abril, Charlie Kirk declaró: «La cultura del asesinato se está extendiendo en la izquierda. El 48 % de los liberales afirma que estaría al menos parcialmente justificado asesinar a Elon Musk. El 55 % dijo lo mismo sobre Donald Trump”. En España lo vivimos a diario. La Vuelta Ciclista a España es boicoteada por la izquierda debido a la participación de un equipo patrocinado por un empresario israelí, mientras el gobierno español permanece indiferente. EH Bildu, un partido que se niega a condenar los 853 asesinatos cometidos por la banda terrorista ETA, incluidos los de 22 niños y bebés, responsables de la diáspora vasca (entre 150.000 y 200.000 vascos), participa activamente en este boicot, junto a otros sectores de la extrema izquierda española.
El 8 de abril pasado decía Charlie Kirk: «La cultura del asesinato se está extendiendo en la izquierda. El 48 % de los liberales afirma que estaría al menos parcialmente justificado asesinar a Elon Musk. El 55 % dijo lo mismo de Donald Trump”. En España lo vemos cada día. La vuelta ciclista a España se intenta reventar por la izquierda porque participa un equipo patrocinado por un empresario israelí. Mientras el gobierno de España mira para otro lado. EH Bildu, un partido que rechaza condenar los 853 asesinatos perpetrados por la banda terrorista ETA, incluidos los asesinatos de 22 niños y bebés, causante de la diáspora vasca (entre 150.000 y 200.000 vascos) toma parte activa en este boicot, sin olvidar otros componentes de la extrema izquierda española.