Antes del verano Alzórriz presentaba su dimisión como vicesecretario general del PSN y portavoz en el Parlamento al revelar que su mujer trabajaba en Servinabar, la empresa adjudicataria de las obras de los túneles de Velate y propiedad de Santos Cerdán. Según declaró entonces Alzórriz, Chivite no conocía esa información y había perdido la confianza de la presidenta al revelársela. Todo esto en medio del vendaval nacional de corrupción. Las palabras literales de Alzórriz al presentar su dimisión, tras reunirse con la presidenta, fueron: «He perdido su confianza y por eso voy a dimitir como vicesecretario general y portavoz en el Parlamento”.

Respecto a la situación de su pareja, Alzórriz se excusó diciendo «que alguien trabaje en una empresa adjudicataria del Gobierno no es indicio de nada». También explicó Alzórriz que él mismo se puso en contacto con el propietario de Servinabar para pedirle que contratara a su pareja. Obviamente esto sí que es un indicio de algo, o por lo menos resulta muy sospechoso. Es decir, de todas las empresas que hay en Navarra, mira que es casualidad que Alzórriz fuera a pedir un empleo para su pareja en Servinabar, que sólo tenía cuatro empleados fijos, y que Servinabar casualmente fuera la empresa secreta de Cerdán, y que de nuevo por casualidad la adjudicación “ejemplar” de las obras de los túneles, pese a todas las advertencias de los técnicos, se la llevara Servinabar. Pero aquí Alzórriz no ve ningún indicio de nada particular. ¿Y en calidad de qué fue a pedir empleo para su pareja a Servinabar? Alzórriz fue a Servinabar por ser la empresa de Cerdán y a la mujer se la contrató por ser la mujer de Alzórriz. Todo de lo más feminista, transparente y ejemplar.
Dicho todo lo cual, Alzórriz conservó su acta de diputado en el parlamento foral. Esa renuncia, por lo que sea, Chivite no se la exigió. Es más, ahora resulta que Alzórriz será el portavoz de la comisión de Interior, Función Pública y Justicia en el parlamento foral.

La pregunta evidente es por qué Alzórriz al perder la confianza de Chivite ya no es lo bastante bueno para seguir siendo vicesecretario general del PSN y portavoz en el Parlamento pero sí es lo bastante bueno para seguir siendo diputado y portavoz en la comisión de Justicia. ¿Hasta ese punto desprecia Chivite a los navarros? ¿No tenemos derecho a que los diputados sean personas de la confianza siquiera de los propios partidos que los ponen en la lista? ¿En qué universo es normal que a las personas de las que desconfías las dediques a ejercer como diputados? Todo lo cual nos lleva a la siguiente cuestión.
¿O es que Chivite no se atreve a dejar caer a Alzórriz? Lo cual nos conectaría con la clave del asunto que sería: ¿qué sabe Alzórriz? Esta es una pregunta que si Chivite hubiera fulminado a Alzórriz no habría lugar a hacérsela, pero como Chivite mantiene a Alzórriz y encima le amplía sus cometidos pese a su supuesta desconfianza, no es que quepa hacerse la pregunta, es que no cabe no hacérsela. Si en vez de fulminar a Alzórriz lo retiras sólo un poco, garantizándole el sueldo, y luego encima lo premias con más encargos de confianza, parece que la dimisión fue nada más que un paripé para hacer ver ante la opinión pública que se hacía algo. ¿Y por qué no fulminar efectivamente a Alzórriz cuando políticamente te perjudica? Sólo hay una cosa que pueda estar protegiendo a Alzórriz y es la información que pueda tener. Por dignidad política y salud institucional, los navarros tenemos derecho a unos representantes en el parlamento respecto a los que sobre este tipo de cosas no quepa dudar. Y sobre Alzórriz cabe dudar.