La Lengua Mezclada de la Cuenca de Pamplona: “La Lengua Cuenca” 

En la obra LA COMARCA DE PAMPLONA TERRITORIO, ECONOMÍA, SOCIEDAD E HISTORIA publicada por la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona afirman: ‘Al N, Ollo, Gulina, Juslapeña, Ezcabarte y Oláibar configuran un área de transición a la Navarra Húmeda. Al S, Tiebas y Muruarte de Reta sirven de enlace con la Navarra Media. Al SO Val de Echauri destaca por su peculiaridad administrativa y por su cierto «aire mediterráneo».’ O sea que según este autor la Cuenca tiene zonas climáticas en transición a la Montaña húmeda, hacia la Zona Media e incluso áreas como la Ribera. Los campos naturales y cerealistas de la Montaña (especialmente de la Navarra húmeda) no se ven amarillos como en la Cuenca ni en el estío.

Cualquiera que conozca un poco Navarra espera cultivos mediterráneos como el melón o la cereza en la Ribera, como pasa con la célebre cereza de Milagro, pero el que conoce mucho Navarra sabe que Valdechauri también es tierra cerecera. Es evidente que el Valle de Echauri no tiene el clima de la Montaña.

Dependiendo del autor se considera toda la Cuenca de Pamplona como mediterránea, otras veces se excluye a los municipios al norte tras el monte San Cristóbal (Ezcabarte, Juslapeña y Olaibar) e incluso a veces solo a la parte más al sur, Echauri y otros municipios. A veces se considera como zona de transición oceánica-mediterránea al conjunto cuenco, y otras veces únicamente a los citados ayuntamientos norteños.

En un área de transición, en definitiva de Zona Media, como son las Cuencas Prepirenaicas, y específicamente nuestra Cuenca de Pamplona, se dan influencias del norte, del centro y también del sur de Navarra; es de esperar que haya mezclas. Y esto también incluye el habla.

Recuerdo estudiando secundaria que toda la clase éramos de la Cuenca de Pamplona excepto uno que era de la Ulzama y otro de Tudela. Los dos acentos nos hacían mucha gracia por lo diferentes que sonaban respecto al pamplonica. Como es lógico por la distancia kilométrica, el acento tudelano es bastante diferente del pamplonés, pero el ulzamés también es muy distinto y eso que está físicamente tan cerca de Pamplona. El acento de la Ribera suena parecido al maño y el de la Ulzama tira a vascorro. Que el acento de Tudela suene diferente es de esperar por la distancia, pero que el acento ulzamés suene diferente estando geográficamente tan cerca es más chocante. El clima y el aislamiento crean diferencias que no las salvan la distancia, especialmente si hay puertos de por medio.

Hoy en día, aparte de la Cuenca de Pamplona en sí, se han incluido dentro de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona o de sus servicios las comarcas de Ulzamaldea, Valdizarbe y ayuntamientos cercanos de la Cuenca de Aoiz: Monreal, Lizoáin, Urroz Villa, Unciti, Izagaondoa e Ibargoiti. Tampoco faltan los de Esteríbar, Ezcabarte y Olaibar que nunca se deberían haber separado de la de Pamplona. Tiene su lógica incluir comarcas adicionales porque están bastante cerca y la conurbación pamplonesa para abarcar mayor extensión geográfica es más viable presupuestariamente que comarcas de menor densidad de población.

En el siglo XX mientras se llenaban los grandes polos industriales otro tanto ocurría con las capitales de provincia de España. Pamplona y la Cuenca no fueron la excepción y se llenaron de gentes de toda la provincia y de otras partes de España, algo que recientemente ha continuado con los extranjeros, especialmente latinos, con el cambio de milenio.

En mi caso soy un resultado típico de esas gentes venidas a la Cuenca en el siglo XX, pues mis abuelos paternos eran de la Zona Media, mi abuelo materno de la Ribera y mi abuela materna de otra comunidad autónoma. Pero veamos qué sucedía en la Cuenca de Pamplona ya antes de estas grandes migraciones. 

Fernando González Ollé en su “VASCUENCE Y ROMANCE en la Historia lingúística de Navarra” comenta de los habitantes de la Cuenca de Pamplona, los llamados cuencos, que tenían tres lenguas principales, la 1ª el castellano, la 2ª el euskera:

«La tercera es un dialecto de localidad encerrado en las aldeas inmediatas a la capital, teniendo algún contacto con algunos habitantes de la misma, a causa de la interpolación de las dos lenguas citadas; de modo que más bien es una corruptela de ambas con algún rastro de concesión».

En el Vocabulario Navarro José Mª Iribarren describe la Cuenca de Pamplona como «la tierra donde la gente habla en una jerga, medio vascuence, medio castellana». Y a juzgar por los numerosos términos en romance navarroaragonés (muchas veces recogidos como únicamente aragoneses por la RAE) que se observan en los diccionarios de localidades de la Cuenca de Pamplona, esta dicotomía romance-vascuence se daría ya en época en que la lengua romance en uso era el romance navarro.

Hacia 1380 se considera que desaparece el occitano (aunque hay testimonios occitanos de un acta de cuentas en el barrio de la Pellejería en 1403) como lengua escrita en Pamplona, sustituido en todos los ámbitos por el romance navarro.

Los artículos periodísticos en el Diario de Navarra de Cándido Testaut Macaya (1885-1956) de seudónimo “Arako” documentan el habla cotidiana de los cuencos como se ve a continuación: “El shendero pa ir al cielo era mucho estrecho y no hacía pasar por ande los cines.—Quejar si t’haces, de vicio hace ser.” Shendero (sendero) se decía así por influencia eusquérica, pero usar el “mucho” donde corresponde el “muy” y “t’haces” en lugar de “te haces” es típico del romance navarro y se usa todavía como traducción del aragonés “muito gran” por los que siguen hablando aragonés, así como “mucho grande” se sigue usando entre los riberos, los riojanos y aragoneses. Ese supuesto vulgarismo ribero realmente es parte del sustrato navarroaragonés no hace tanto usado en la Cuenca de Pamplona, aunque no me extrañaría todavía oírlo a algún cuenco bien entrado en años.

Lo mismo ocurre con el “ande” en vez de “donde”, aunque parezca simplemente pueblerino. Estos y otros rasgos comunes navarroaragoneses se expandieron hasta el interior de la Comunidad Valenciana y del reino de Murcia (hoy provincias de Albacete, Murcia y parte de Jaén, Granada y Almería), cosa que explica que todas estas autonomías también compartamos el diminutivo ico/ica y ete/eta, tan exótico para vascos y castellanos, o la abundancia de los apellidos Navarro, Esparza…, o que a la garrapata le llamen caparra y al cubo, la toalla o el verbo brincar les digan pozal, toballa, blincar…todo ello usado hasta en Murcia como dicen La Rioja, Navarra y Aragón, pero no en la mayoría de España.

Navarra tendió más hacia el Mediterráneo, hacia la Corona de Aragón, igual que el 90% de terreno foral que bañan sus ríos. De ahí que Navarra se expandiera en la reconquista más bien hacia la Corona de Aragón dejando un rosario de castillos, señoríos (los de Albarracín y los de Oteyza) y colonos navarros en los actuales Aragón, C. Valenciana y Murcia cuyos descendientes protagonizarían la historia, leyenda, literatura y hasta la política valenciana y aragonesa: Marcilla (uno de los amantes de Teruel), Corella (autor del s. de oro valenciano), Lizondo (político valencianista anticatalanista de los 1980 con apellido derivado de Elizondo), los escritores valencianos Vicent Andrés Estellés, Joan Navarro y el más contemporáneo José Javier Esparza. Por no hablar de los Monarri y los Liarte, alteraciones de nuestros Munárriz e Iriarte que destacan en ambas autonomías levantinas. Iriarte y Munárriz son respectivamente despoblados de los actuales ayuntamientos de los valles de Egüés y de Goñi, aquí en la Cuenca de Cuenca.

Se usen en euskera o no los diminutivos cho, chu, chi están muy extendidos por Navarra, La Rioja y Aragón para nombres propios: Marichu, Javiercho… Lo de amatxi y aitatxi sí que es más exclusivo de zonas donde hay hablantes o cierta influencia lingüística vasca. Los citados hipocorísticos (diminutivos) se dan por todos los países de habla hispana y en otras lenguas romances, aunque se use más en nombres comunes: mamuchi (mamá), papuchi (papá) aguilucho, pueblacho… 

El diminutivo ete/eta, propio del navarroaragonés, no falta en la toponimia de Navarra y ni siquiera en la de la propia Cuenca de Pamplona: Peñetas, Aldapetas, Plantetas, Nobleta, Lacheta, Preseta, Asquetas, Balseta, Placeta (describiendo la plaza de la Navarrería)…

Es curioso encontrarse en la Cuenca incluso topónimos árabes como Alquería (a veces Alguería) o Rambla, pues el islam solo se asentó prolongadamente en la Ribera, aunque en Pamplona (Banbalunah) estuvieron 30 años. Más que por ese breve tiempo es lógico que sea por medio del navarroaragonés ya que su extenso contacto con el islam en la Ribera lo llenó de arabismos, más que al castellano. Al fin y al cabo la Castilla original tenía menos contacto con al-Ándalus que Navarra y Aragón. Las Bardenas están llenas de ramblas que no son otra cosa que barrancos, elemento natural que da nombre a muchas avenidas urbanas.

El topónimo Los Cunchucos (término de Beriáin) lo tienden a relacionar con el vasco romanizado txunku (junco) con metátesis, pero es que en romance navarroaragonés es chunco (junco en español) y el mismo romance navarroaragonés es muy dado a la metátesis. En Zaragoza provincia tienen el topónimo “Cuncho” con el significado de junco. Además junco en vascuence es “idi”. Precisamente en “Los Cunchucos” efectivamente había un juncal.

Es interesante ver palabras, topónimos inclusive, que combinan el romance navarro y el vascuence, como el topónimo del párrafo anterior «Asqueta” que es una palabra eusquéria “asca” con el diminutivo y plural del romance navarro “etas”, que viene a ser “asca pequeña”. Una asca es una arca, o arcón, un pesebre donde se pone la comida de los animales.

Otros topónimos cuencos que mezclan romance y vascuence son: Cerradopea, El Sario, El Barachico, El Asca, El Larre, La Morea, Caminogaña, Sotogaña, Los Illarracales, Ascas Viejas y Barcacio. Los primeros o sus derivados se repiten con cierta frecuencia en varios puntos de la Cuenca. En Pamplona tenemos los clásicos Ripagaña y Rochapea que recordemos en euskera una palabra no pude empezar por R, de ahí que ahora en los carteles cooficiales veamos Rochapea/Arrotxapea, aunque la histórica Ripagaña ahora se haya dejado exclusividad con el nombre que a pesar de no ser histórico, sí sigue las reglas del euskera: Erripagaña. Y es que en la Cuenca de Pamplona a los taludes les llamamos “ripas”, no “erripas”. No por casualidad en el Alto Aragón hay tantas ripas con el mismo nombre y en aragonés se siguen llamando así a los taludes.

A veces en la Cuenca se mezclan romances navarro y castellano (Paco de los Robles, Fuente de Batueco, Fuente de la Pocha, Los Tufarros…) o se queda en romance navarro a secas (Faxineta, Peña Roya, Los Femorales, Rieca, Charal, Selva (bosque en castellano, pues una selva es tropical), Noguera, Selva, El Chaparral, Plana, Nobla…

El término navarroaragonés “plana” es muy común en Navarra, Aragón y la Comunidad Valenciana. De ahí que a lo que en estas autonomías llamamos “planas” en Castilla o el P. Vasco lo llamen “llanos”. Hasta “Los Llanos” de Estella se llamaban “La Plana” y la Cuenca de Pamplona se llamaba «Plana de Pamplona” como Castellón de la Plana. Incluso en la lejana fecha de 1350 Berrioplano (en Castilla y P. Vasco se habría llamado Berriollano) se llamaba Berrio de la Plana, supongo que haciendo referencia a la Plana de Pamplona.

Algunos términos celtas como arañón, borda, landa, muga o nava son parte de nuestro vocabulario y por supuesto los compartimos con Aragón: muga, landa, borda… Ejemplos de topónimos celtas conocidos son Aranda, Arán, Aranjuez, Lana (variante de Landa), Navas de Tolosa, Navacerrada y la propia Navarra, aunque tenga otras influencias adicionales. El celta también está presente en nuestra toponimia menor cuenca, ya sea vascuencizado o romanceado: La Muga, Muga Facero, Muga de Sarasa, Las Bordas, Camino de las Bordas, Borda Vieja, La Borda, Carasol de la Borda, Rotura de las Bordas, Borda de Garro, El Bordal, La Landa, Barlanda y Solanda.

Celtas son igualmente la Ulzama y Osma (Soria) viniendo ambas de Uxama, y aunque la Ulzama no sea ni limítrofe con la Cuenca (sí es parte de la mancomunidad) el río Ulzama sí pasa y desemboca en Villava en el Arga, nombre también celta como la madrileña Arganda, igual que la burgalesa Aranda o los ríos aragoneses Ara y Aragón. Se cree que Aragón, Ara y Arga tienen un componente común celta referido a hidrónimos (cuerpos de agua) y no casualmente son nombres de ríos.

Nuestra Artica (la de la Cuenca, no la de Santacara) se ha llamado antiguamente Artiga, que es un topónimo que se repite con cierta frecuencia en Aragón y Cataluña, así como el apellido Artigas o Artigues que sí es bastante común en ambas. El nombre es de origen celta. Una Artica o Artiga era un terreno roturado (ganado al monte) para cultivar, por lo que articar o artigar es roturar la tierra y en aragonés se sigue usando este celtismo.

Aritz Lizarraga Olascoaga

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