Estamos más bien cerrados

Fíjense por ejemplo en quiénes han sido nuestros santos patronos. San Fermín, según la tradición, fue asesinado en su calidad de dirigente de una religión exótica y novedosa. Y el navarrísimo San Francisco Javier, estudiante en París, empezó su carrera a los altares afiliándose a un grupo activista recién constituido por un grupo de jóvenes europeos con inquietudes misioneras. Muchos de nuestros obispos y de nuestros reyes han sido gente forastera. La historia de nuestro pequeño reino es mucho más abierta y tolerante de lo que solemos pensar. En cambio lo que nos está pasando ahora es que nos estamos cerrando más que nunca. Hablamos más que nunca de tolerancia y de globalización y tenemos cien mil pantallas para ver qué pasa en Singapur pero eso no quiere decir que estemos abiertos a nada. Y no es solamente que estemos cerrados a lo que venga de fuera de Navarra. O incluso a lo que venga del útero de las navarras. Es que estamos volviendo peligrosamente al sistema de los burgos pamploneses. En todos los ámbitos. Fomentando capillitas cada vez más ignorantes unas de las otras. Llenos de llaves, de puertas, de "txokos" exclusivistas como de feria sevillana. Está pasando hasta en los sanfermines antaño tan abiertos, tolerantes y fraternales. ¿Quién haría caso a Hemingway si pudiera volver? Existen cada vez más consolidadas una serie de castas endogámicas que hacen su vida de forma autónoma: la de los políticos, la de los funcionarios, la del mundillo de la cultura subvencionada, la universitaria e intelectual, la euskerica batua, etc. Necesitamos más cosas que nos unan a todos. Hemos perdido tantas referencias comunes que pronto ya no será posible contar chistes sobre navarros porque habremos dejado de tener alguna gracia en común. En este momento solo nos quedan -a todos y para todos- la Hacienda Foral y Osasuna. ¿Nos vamos a resignar? Jerónimo Erro

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