Cuando se viaja por los rincones de España es fácil observar que están surgiendo por doquier, con una vitalidad asombrosa, toda clase de iniciativas encaminadas a mantener y a renovar con fuerza el folclore local y regional. Músicas e instrumentos ancestrales que se cuelan en los medios audiovisuales, en los bares y en los ciclos de conciertos; grupos de danzas que se lanzan sin complejos a las tablas; costumbres religiosas que parecían perdidas y cuentan ahora con cofrades jóvenes; literaturas y hablas locales que se recuperan y cuidan como una riqueza autóctona. Es cierto que todas estas manifestaciones renacen a veces un tanto desnortadas y con algún elemento artificioso fruto de la moderna vida urbanita, pero en general puede considerarse ampliamente superada aquella terrible época llena de complejos en la que todo lo popular e indígena español, aragonés, castellano, asturiano, murciano, gallego… era mirado con auténtico desprecio, como símbolo de un presunto atraso que se quería olvidar.
2 respuestas
Hombre, don Jerónimo, parece que empieza la semana optimista. Qué suerte la suya la de creer que estamos ante el fin del nacionalismo separatista… Ojalá tenga razón, pero antes de echar las jotas al vuelo dése una vuelta por la universidad y asista hoy mismo a las dos horas del magacín La tarde en Euskadi. Y cuéntenos.
En mi pueblo la cultura sigue en manos de los nazis pero es verdad que la gente está cada vez más aburrida del nacionalismo. Incluso los mismos dantzaris se nota que ya no se lo creen como antes.