Lo bueno para la izquierda es que ofrece explicaciones sencillas para los problemas complejos, como la vivienda. De algún modo la izquierda encarna lo que la mitología frente a la ciencia. ¿Por qué sube la vivienda? Por lo mismo por lo que hay terremotos o sequías, por la voluntad de unos dioses crueles y malvados. Alternativamente, cabría estudiar geofísíca, meteorología y sismología, o economía. Sin duda es mucho más sencillo creer que las sequías o los terremotos, o las subidas de los precios, los provocan demonios malvados. Trasladando esa forma primitiva de pensar al presente y a la vivienda, la izquierda sostiene que los precios suben por culpa de demonios malvados que ahora adoptan la forma de fondos de inversión, alquileres turísticos (sólo un 1,3% del parque residencial), constructores o especuladores en general. El nivel de razonamiento expulsa a pocos receptores porque es sencillo, así como la solución que consiste en quemar en la hoguera a los demonios de la construcción y la especulación. Por si fuera poco el que compra esta forma mitológica de razonar asume una posición de superioridad moral. Tiene que pensar menos y encima es un héroe en una lucha contra el mal. Pero volvamos al mundo real.
Los españoles somos expertos en ponernos palos en las ruedas. Las desproporcionadas exigencias medioambientales y energéticas han convertido la vivienda en un producto fuera del alcance de las clases medias y trabajadoras.
— 🐟 José L. Ruiz Bartolome (@RuizBartolome_) February 4, 2026
Así es imposible transformar suelo ni producir vivienda. pic.twitter.com/IwJpBHSGxo
Para las personas que no obstante reclaman una explicación racional, el hecho es que el problema de la vivienda no ha hecho sino complicarse por diferentes motivos. Quienes piensan en términos de demonios enladrillados no suelen ser conscientes de ello, pero en España el 96% del suelo no es edificable. Menos mal que el problema es la especulación generalizada y no la falta de suelo. Por supuesto esta carencia artificial de suelo la provoca el estado y se beneficia de ella el estado. Pero en la mitología izquierdista el estado, el mayor gran poder de todos, no es sin embargo responsable de ningún problema y no entra en ninguna categoría de demonio malvado.
Así frena el urbanismo la construcción de vivienda: el 96% del suelo no es edificable en España
— Diego de la Cruz (@diegodelacruz) January 28, 2026
No hay ámbito más intervenido que la vivienda… y así nos va https://t.co/ihBmR4n6ff
Un reciente artículo de Ruiz Bartolomé ponía el dedo en otra llaga del problema de la vivienda: el Código Técnico de Edificación. Obviamente toda la cadena de construcción viene lastrada por la escasez de obreros cualificados, las subidas de los salarios en el sector, la falta de suelo, la híper regulación, la fiscalidad, las trabas burocráticas, las subidas del precio de la energía y los materiales… pero además el constructor se encuentra con las enormes y crecientes exigencias del Código Técnico que regula la construcción, y que impone cada vez más requisitos en cuestiones como la insonorización, la eficiencia energética, las plazas obligatorias para bicicletas en cada vivienda, las reservas de espacios y canalizaciones para posibles instalaciones fotovoltaicas, etc, etc, etc. Algunos estudios cifran el impacto de las últimas reformas del Código Técnico en un encarecimiento de entre el 5% y el 8% de los costes, lo que a su vez se traduce en unos 18.000 euros de sobreprecio en una vivienda habitual. Como por otro lado el coste de la vivienda casi todo el mundo lo paga financiándolo a crédito, podemos estar hablando de entre 80 y 100 euros extra al mes de cuota hipotecaria. Buena parte de estos sobrecostes eco-normativos, por cierto, llegan desde la UE como fruto del consenso socialista y popular europeo. Y este es sólo uno más de los muchos problemas que están encareciendo el precio de la vivienda.

En el caso de España llevamos desde la llegada al poder de Sánchez y sus socios con una constante sucesión de producción normativa destinada a desproteger al propietario y blindar al okupa. De este modo se multiplican las okupaciones y los impagos y se extiende el terror entre los arrendadores. Además se topan los precios en todas las zonas en donde se demanda vivienda. Difícilmente se va a construir para alquilar si no hay demanda, y no hay demanda si alquilar un piso es un negocio de riesgo. A un negocio de riesgo se le pide al menos que sea más rentable, pero el gobierno en vez de incidir en las causas del problema para que haya menos riesgo lo que hace es topar los precios. El que tiene una vivienda libre no la alquila por miedo. Si se le obliga a alquilar, como tiene cola de demandantes para alquilarla y el precio topado, escoge como inquilino a la persona con mejor situación financiera. Las personas más vulnerables se quedan fuera del circuito. Si hay 10 personas con hambre y sólo 5 cocos es normal que suba el precio de los cocos. Si en vez de plantar más palmeras topas los precios seguirá habiendo 5 cocos para 10 personas hambrientas. Si te topan el precio le vendes el coco al que por lo menos te paga al momento y en efectivo. El más desfavorecido se queda sin coco y el más favorecido se queda el coco a un precio topado. Irónicamente habría mucho interés en plantar más palmeras por la demanda y precio de los cocos, pero al gobierno no le gustan los que plantan palmeras.
🇪🇸 | Irene Montero exige no construir más casas sino «expropiar y regular».
— ʜᴇʀQʟᴇs (@herqles_es) October 10, 2025
La líder de Podemos, gran tenedora de inmuebles, considera que esa es la fórmula para acabar con la crisis de la vivienda en España. pic.twitter.com/C5pmHlWhXi
Hacer imposible el desahucio de una persona que deja de pagar el alquiler o la hipoteca puede parecer una buena idea, pero tiene muchos efectos perversos. Por un lado divide a la gente en dos: los idiotas que cumplen sus compromisos pagando el alquiler o la hipoteca y los jetas que dejan de pagar. Evidentemente, además de los jetas, hay gente realmente vulnerable que necesita una ayuda para pagarse un techo, pero para eso se supone que está el estado y se pagan impuestos en vez de cargar su problema exclusivamente sobre los hombros del propietario, que además puede ser un mero trabajador, un hijo que ha heredado un piso, un ahorrador de clase media, o un pensionista que completa su pensión con una renta.
Otro efecto perverso es que si el banco no puede desahuciarte al impagar la hipoteca, tampoco te aceptará la casa como garantía de la hipoteca, y entonces, ¿cómo vas a conseguir la hipoteca? Eso está empujando a muchos jóvenes al alquiler y la demanda de más alquiler sin más construcción está presionando al alza los precios. También es un efecto perverso de no poder echar a un inquilino que no paga que los propietarios no se atrevan a alquilar. Si cae la oferta de vivienda en alquiler mientras suben la demanda y los precios la pescadilla se muerde la cola y el círculo se vuelve vicioso. El gobierno no es que no nos saca del remolino sino que nos pone una piedra al cuello.
"Como novedad, si tu casero tiene 3 viviendas o más, ya no es necesario que pagues nunca más el alquiler"
— Mr. Jones (@Mr_Jones_k) February 4, 2026
Paren el mundo que me bajo. pic.twitter.com/AIL078AMke
A todo esto habría que añadir el efecto de la subida de la población por efecto de la inmigración. Estamos importando pobres, y los estamos importando por millones. El caso es que necesitan un techo. ¿Dónde metemos a toda esta gente si no se construye vivienda de una forma paralela al ritmo que va llegando? Si añades al mercado existente varios millones más de demandantes de vivienda, ¿cómo no va a haber escasez de vivienda y cómo no van a subir los precios?

Cualquier solución, además, debe pasar por agilizar los trámites de construcción y reducir los plazos necesarios para empezar a construir. Según los estudios tenemos ya como poco un déficit de 700.000 viviendas, por lo que nos enfrentamos al menos un doble problema. Primero que ningún sector puede duplicar o triplicar de la noche al día su capacidad de producción. Segundo que las viviendas son un producto que no se construye en dos días. Tenemos por tanto una crisis que crece de día en día, que no se va a solucionar de repente por un giro de volante en la dirección correcta porque habrá que dar tiempo a las soluciones después de ese giro, y nos encontramos además con que ese giro, en el mejor de los casos, parece que no se va a producir antes de las elecciones de 2027. Hasta entonces salvo sorpresa las cosas sólo pueden seguir empeorando.
4 respuestas
«¿Pero por qué no vamos a llegar al punto de la expropiación?», se pregunta Montero en un programa de TV3. «Si es un mecanismo constitucional previsto en nuestra norma, en nuestra legalidad, y que nos permitiría garantizar que la vivienda es un derecho», defiende. Bueno, para dar ejemplo, que empiece por las suyas. La vivienda es un derecho, pero la propiedad también lo es, según el artículo 33 de la Constitución. Ambos derechos los debe garantizar el Estado, el primero planificando y creando nuevas construcciones de viviendas, y el segundo, protegiendo la propiedad privada.
¿Pero por qué no vamos a llegar al punto de la expropiación?», se pregunta Montero en un programa de TV3. «Si es un mecanismo constitucional previsto en nuestra norma, en nuestra legalidad, y que nos permitiría garantizar que la vivienda es un derecho», defiende. Bueno, para dar ejemplo, que empiece por las suyas. La vivienda es un derecho, pero la propiedad también lo es, según el artículo 33 de la Constitución. Ambos derechos los debe garantizar el Estado, el primero planificando y creando nuevas construcciones de viviendas, y el segundo, protegiendo la propiedad privada.
Pero por qué no vamos a llegar al punto de la expropiación?», se pregunta Montero en un programa de TV3. «Si es un mecanismo constitucional previsto en nuestra norma, en nuestra legalidad, y que nos permitiría garantizar que la vivienda es un derecho», defiende. Bueno, para dar ejemplo, que empiece por las suyas. La vivienda es un derecho, pero la propiedad también lo es, según el artículo 33 de la Constitución. Ambos derechos los debe garantizar el Estado, el primero planificando y creando nuevas construcciones de viviendas, y el segundo, protegiendo la propiedad privada.
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