Los inmigrantes que llegan a España necesitan un techo bajo el que vivir. No es una cuestión ideológica sino lógica. Es evidente que todas esas personas necesitan una vivienda sea en propiedad, en alquiler o por caridad. Salvo para Irene Montero, es evidente también que si con el mismo número de vivienda disponible crece el número de demandantes de vivienda, suben los precios, hablemos de propiedad o alquiler. Incluso aunque se construya más vivienda, el número de viviendas que se se construye debe ser superior al aumento de población, o seguirá existiendo una escasez de pisos y una presión al alza de precios. La oferta de vivienda, además, debe producirse allí donde se demanda, o bajarán los precios donde no se necesita vivienda y seguirán subiendo donde hace falta. De nada sirve que haya oferta de vivienda en algunos pueblos abandonados de la provincia de Zamora, aunque en las estadística también figuren como vivienda disponible esas casas.

Por tratar de poner alguna cifra a las reflexiones y no dejar la reflexión limitada al mero plano de la lógica, publicaciones recientes indican por ejemplo que en la CAV más de un tercio de los demandantes de vivienda pública de alquiler son personas con nacionalidad extranjera. En San Sebastián este porcentaje se queda en el 22%, en Bilbao sube al 33% y en Vitoria el porcentaje se dispara al 50%. Lo que en cualquier caso resulta evidente es que la inmigración aumenta la demanda de vivienda, encarece los precios y desplaza a los demandantes nacionales, cuyas peticiones de vivienda social de alquiler tienen que competir con un 35% de peticiones de población extranjera.
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Lo cuenta Carmen Obregón (@tamenobregon).https://t.co/fgujFumzrD
A todo ello habría que añadir, además, que hay un porcentaje de demandantes con DNI español que es de origen extranjero. Por otro lado, seguramente no es casual que el porcentaje de demandantes de vivienda de alquiler pública sea mayor en Bilbao que en San Sebastián y mayor en Vitoria que en Bilbao. Según los datos de los portales inmobiliarios, el precio en San Sebastián del metro cuadrado ronda los 7.000 euros, el de Bilbao los 3.800 y el de Vitoria los 3.000 euros. Es decir, que el precio actúa como un factor de expulsión o barrera. La población inmigrante se dirige antes en busca de vivienda a Vitoria que a San Sebastián porque los precios son mucho más asequibles. Es decir, que otra conclusión políticamente incorrecta es que no sólo la inmigración masiva aprieta los precios al alza, sino que lo hace afectando más a los españoles en busca de piso de clase más baja, que viven en las ciudades o barrios donde más baratos se encuentran alquileres y pisos.
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Para terminar, no cabe sino añadir que este mismo fenómeno también se produce alrededor de los salarios. Toda la masa de población inmigrante que llega a España por cientos de miles necesita un trabajo. La alternativa es delincuencia y marginalidad o ayudas sociales que tenemos que pagar entre todos. Eso significa más impuestos, y por tanto menos renta disponible, menos gasto, menos inversión y menos crecimiento, o destinar menos dinero de los presupuestos para colegios y hospitales y dedicarlo a esas ayudas que necesitan los extranjeros.
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Centrándonos en el problema de los salarios el caso es que si para el mismo número de empleos crece el número de demandantes de empleo, bajan los salarios. El trabajo será para el que se ofrezca a trabajar por un salario más bajo. Los salarios crecen cuando hay pocos demandantes para una oferta de trabajo y bajan cuando hay mucho demandante para un empleo. Por eso los salarios suben creando empleo. Con carácter general no hay países con salarios altos y altos niveles de paro. Puesto que los inmigrantes que llegan a España suelen ser personas sin ninguna cualificación, el aumento de la demanda de empleo y el descenso de los salarios resulta más acusado en los empleos menos cualificados y peor pagados. Es decir, que una vez más los españoles con menor cualificación y salarios más bajos son los más afectados por la presión a la baja de los salarios que implica la inmigración. Es por esto que no falta quien asegura que las migraciones masivas son una especie de conspiración capitalista de los grandes multimillonarios para tener siempre mano de obra barata en sus negocios más básicos, así que la inmigración masiva y descontrolada sería una reivindicación de los multimillonarios y la extrema izquierda asociados. La extrema izquierda sería por tanto un títere inconsciente o estaría comprada, al menos desde este punto de vista. Sea como sea el hecho es que la inmigración masiva presiona al alza la vivienda y a la baja los salarios. Después podemos estar a favor o en contra, pero los hechos son estos.