¿Cuál es el bulo que vas a decir de Milei?

Milei es el mal. El problema es que con el mal a los argentinos les va mejor. Por sus frutos los conoceréis, dicen los Evangelios, claro que ahora en el colegio no se puede estudiar religión. Lo de calificar a las personas por sus frutos y no por sus discursos es sin embargo una buena costumbre que deberíamos recuperar. Recuperando esa costumbre a lo mejor a la izquierda le iría muy mal. El problema además no sólo es juzgar a la gente por sus resultados y no por sus discursos, sino que hemos llegado a un punto en que ya ni siquiera se juzga a la gente por su discurso real, sino por el discurso que se le atribuye. Esto es por ejemplo lo que ha vuelto a pasar con Milei.

Milei ha impulsado una reforma laboral que la izquierda y sus medios están resumiendo en jornadas laborales de 12 horas, despidos sin indemnización, cancelación del derecho de huelga o sustitución de los salarios por pagos en especie. El mensaje es que hay que tener mucho cuidado porque la derecha española planea en secreto importar a España todas las medidas de Milei, cosa de la que sólo el muro sanchista nos puede proteger. La realidad es que podrían debatirse algunas de las medidas que se le atribuyen a Milei, pero es que apenas hay correspondencia entre las medidas que se le están atribuyendo a Milei y las que realmente ha aprobado Milei.

Se le acusa a Milei de incrementar la jornada laboral a 12 horas diarias. La realidad sin embargo es que la jornada laboral en Argentina sigue siendo de 48 horas semanales. El cambio es que esas 48 horas se pueda trabajar de forma flexible. Es decir, en vez de trabajar 8 horas durante 6 días se podría trabajar 10 horas durante 4 días y 8 horas un quinto día. Esto no es trabajar más sino tener más flexibilidad para configurar los horarios. En general, blindar y petrificar contratos en el mercado laboral para lo que sirve es para destruir empleo y generar miseria. A nadie por ejemplo se le ocurriría blindar un tratamiento frente a una enfermedad que evoluciona. La economía, por no decir la realidad, es dinámica y el dinamismo no compagina bien con el blindaje. Al final lo que se consigue blindando en exceso los empleos es destruirlos. Es por esto que hay que atender más a los resultados que a los discursos. Los trabajadores viven mejor y tienen mejores sueldos en sociedades dinámicas. El extremo de la rigidez laboral sería directamente prohibir el despido. Lo que se conseguiría prohibiendo el despido no es acabar con el paro sino con las empresas. En cuanto hubiera una crisis en una empresa la rigidez le impediría adaptarse y la abocaría a la quiebra. De hecho en ningún lado está prohibido el despido y los países con normas laborales más rígidas no son precisamente los más prósperos.

Tampoco es cierto que la reforma de Milei permita a los empresarios mediante este mecanismo no pagar las horas extraordinarias. Horas extraordinarias son las que superan el horario pactado en contrato. Una vez más si el pacto es trabajar 1.000 horas redistribuir cuándo se trabajan esas horas mientras sean menos de 1.000 horas no serían horas extraordinarias. Horas extraordinarias serían las que se trabajaran por encima de las 1.000 horas pactadas.

Otra de las mentiras que se están repitiendo respecto a la reforma de Milei es que elima las indemnizaciones por despido. En realidad, lo que intenta Milei es introducir en Argentina el sistema conocido como la “mochila austriaca”. Un sistema que por cierto ha sido reiteradamente propuesto desde Bruselas o el Banco de España. La mochila es un porcentaje del coste salarial de la empresa (en Austria el 1,5%) que va alimentando un fondo que sirve como indemnización del trabajador en caso de despido, pero no sólo en caso de despido. El trabajador también se lleva su “mochila” si cambia de trabajo voluntariamente. En cualquiera de los dos casos, si es contratado en otra empresa el trabajador conserva su mochila con lo ahorrado anteriormente y sigue acumulando dinero al trabajar en la nueva empresa. Al final de su vida laboral la mochila se convierte en un complemento de su pensión. Otra ventaja del invento es que las empresas no tienen que hacer frente a un brusco y enorme problema de liquidez si al llegar una crisis tienen que hacer despidos y afrontar las consiguientes indemnizaciones, temor que les supone un grave freno a la hora de realizar contrataciones. Por otro lado, la mochila se va llenando cuando se trabaja y se estanca cuando se deja de trabajar, con lo que a la par que se estimula la movilidad laboral se incentiva también la búsqueda de un nuevo empleo. La mochila, a su vez, puede ser compatible con un sistema público de subsidios de desempleo. El sistema, de hecho, funciona en Austria desde 2003 con notables resultados. No se ha cambiado y no parece que Austria sea un infierno laboral comparado con España.

Se está repitiendo asimismo que la reforma laboral de Milei servirá para que el empresario le pague al trabajador hasta un 20% del sueldo en especie en vez de en dinero, entregándole carne o leche en lugar de efectivo. Irónicamente el Estatuto de los Trabajadores de España permite pagar un 30% del salario en especie, con lo que la legislación de Milei sería “progresista” comparada con la nuestra. Evidentemente, por lo demás, no se le va a pagar a la gente en yogures en vez de en dinero lo mismo que tampoco se hace en España. Por simple comodidad el empresario paga en dinero. La medida prevé más bien contemplar retribuciones que puedan establecerse en forma de uso de vehículos o alojamientos, por ejemplo.

Por lo que se refiere a la supuesta prohibición del derecho de huelga, esta afirmación se basa en que Milei establece unos servicios mínimos que van del 50 al 75% sólo en aquellos sectores económicos que se consideran o esenciales. Irónicamente, una vez más en España también existen servicios mínimos, sólo que no están regulados por la ley, de modo que se fijan en cada huelga sectorial o general que se convoca por la autoridad gubernamental central o local, y en todo caso esa fijación de servicios mínimos, que como no está regulada por una ley de huelgas puede ser superior al 50% o al 75% que establece Milei sólo para los sectores esenciales, se encuentra sometida a revisión judicial.

La otra medida por la que se está diciendo que Milei va a acabar con el derecho de huelga es que se va considerar como causa de despido justificado el que un trabajador huelguista use la violencia contra los trabajadores que no secunden la huelga, o impida materialmente trabajar a quienes deseen hacerlo. Es decir, lo que se hace no es atacar el derecho a la huelga sino defender la libertad y el derecho al trabajo de quien no secunde la huelga.

Llegados a este punto podríamos concluir que todo lo que está diciendo la izquierda política y mediática sobre la reforma de Milei es mentira y una sucesión de bulos en cadena acríticamente cacareados. Lo peor es que no es sólo la izquierda la que está viralizando estos bulos, sino que también lo están haciendo casi generalizadamente los medios de la derecha. Este es uno de los grandes problemas en España, que la izquierda no sólo tiene un abrumador dominio mediático, sino que entre los escasos medios de derechas algunos encima dejan que la izquierda les marque el discurso y la agenda. Otras muchas veces simplemente sucede que los medios se limitan a publicar y replicar tal cual las notas que les llegan desde la tres o cuatro agencias de prensa, también en general controladas por la izquierda. Estas agencias imponen no sólo un relato sino un lenguaje, en virtud del cual por ejemplo se habla constantemente de extrema derecha o de que Milei es un ultra, mientras que nunca se habla de extrema izquierda o se califica de ultra a ningún político de la izquierda.

Finalmente cabría preguntarse si todo lo que se está diciendo para descalificar la reforma laboral de Milei, que ni siquiera es realmente lo que dice la reforma laboral de Milei, es por tanto una sarta de bulos, y si quienes están propagando esos bulos no son los mismos que están promoviendo escandalizados normas severas para atajar los bulos, y si no habría que aplicarles eventualmente a ellos, con toda dureza, las sanciones y la censura que hipócritamente están promoviendo para silenciar a todo aquel que incomode al gobierno.

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