Es curiosa la forma en que la izquierda ha criminalizado a la persona que invierte en un piso. De todos los destinos posibles en que una persona puede colocar sus ahorros, un piso es por lo visto una idea tabú. Según los datos más recientes del informe del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 + CSIC, de abril de 2026, en España el 70% de las viviendas en alquiler son propiedad de pequeños propietarios que tienen uno o dos pisos en alquiler. De hecho el 50% son propietarios que sólo tienen un piso en alquiler. ¿De dónde sale ese piso en alquiler? En general, o es el fruto del ahorro de décadas de vida o es la herencia de los padres que a su vez trabajaron para pagar ese piso toda su vida. En cualquier caso se trata de gente trabajadora y honrada que ha adquirido el piso que alquila de modo absolutamente respetable y legal. Cuando se atenta contra la propiedad de ese piso o se desprotege a esos caseros, se les está robando por tanto a personas honradas y trabajadoras de clase media, no a fondos buitre ni tecnoligarcas.

¿Cómo es posible ciminalizar a los propietarios y santificar el alquiler al mismo tiempo? Es decir, la izquierda siempre ha priorizado el alquiler sobre la propiedad. No tendrás nada y serás feliz. Durante muchos años para la izquierda España era una anormalidad europea porque la gente era propietaria del piso en que vivía en más del 80% de los casos, mientras que en países como Francia o Alemania este porcentaje rondaba el 50%. Como todo lo que se hace fuera de España es bueno y todo lo que se hace en España es malo, teníamos que conseguir que en España bajara la propiedad y subiera el alquiler de vivienda.

La pregunta es, ¿quién es el dueño del 50% de los pisos que se alquilan según el deseado modelo europeo? Es decir, nos suelen repetir la idea de «una familia una casa», sólo una casa, como un reparto de justicia, pero si al mismo tiempo la mitad de la gente tiene que vivir de alquiler entonces la mitad de la población tiene que tener al menos dos casas, una para vivir y otra para alquilar, ¿o cómo cuadran si no las cuentas? Y si no son pequeños propietarios los que tengan ese 50% de casas para alquilar al otro 50% de la población, ¿es preferible que todas las casas en alquiler sean del gobierno o de fondos de inversión? Lo segundo ya nos dicen constantemente que es criminal, ¿pero sería bueno que el gobierno fuera el dueño de todas las casas de alquiler? ¿Y cuál es la ventaja de que el gobierno sea el gran casero de España comprando pisos y poniéndolos en alquiler? O sea, el gobierno no compra ni construye pisos con su dinero, sino con el del contribuyente, por tanto todo ese dinero para que el gobierno lo gaste en pisos sale de nuestros bolsillos, no cae del cielo.
Maribel Verdú, al igual que Wyoming y otros ilustres tenedores de la farándula, dicen, con toda razón, que su dinero lo invierten donde y como quieren.
— Jon Méndez (@JonMendezIz) October 6, 2026
El problema es si no formas parte del gremio. En ese caso se presupone "que lo has robado" o que eres un maldito especulador. https://t.co/Lr1ATJfe8H
Por otro lado, ¿cuál es asimismo la ventaja si el gobierno cobra los alquileres igual que si fuera un particular? La alternativa, sin embargo, es que el gobierno alquile sin cobrar, o siendo poco estricto con los cobros, pero eso significa usar el dinero de nuestros salarios para regalar pisos a gente que después pasa de pagar los alquileres. Obviamente el gobierno no puede desahuciarlos, porque para ese viaje y hacer lo mismo que los propietarios privados no necesitábamos alforjas, molestias ni publificar todo el gasto. El resultado es un gran trasvase de fondos de los trabajadores a los caraduras, lo que nos lleva a un dato concluyente, y es que la gestión pública del alquiler es básicamente un desastre. Un caso paradigmático es por ejemplo el de Hospitalet, donde el ayuntamiento socialista gestiona 250 viviendas de alquiler social. De ellas, 14 están vacías y 40 okupadas. De las otras 196 sólo 11 pagan mensualmente el recibo del alquiler. Esta podría ser por tanto la ruinosa radiografía, a costa de todos los demás, del alquiler público y “social” si se convirtiera en la norma general. Por supuesto este modelo tiene muchas ventajas para el político que apuesta por él: convierte a la población en dependiente del gobierno, compra una bolsa de voto cautivo y no la paga de su bolsillo.

El punto final de esta reflexión podría ser la pregunta de por qué está mal invertir en una vivienda y en cambio está bien invertir por ejemplo en deuda pública española. De hecho, si a la gente se le prohíbe invertir en vivienda, o se la penaliza y desprotege hasta un punto en que sería casi como obligarla a no invertir en vivienda, la alternativa bien vista podría ser la deuda pública española. Comprar pisos está mal visto como inversión, pero en cambio prestar dinero al gobierno a cambio de un interés está bien. Naturalmente es el propio gobierno el que, por su propio interés, decide lo que está mal y lo que está bien. Pero si alguien invierte 350.000 euros en deuda pública en vez de en un piso, y cobra por ello 14.000 euros al año (un 4%), ¿por qué esto no lo convierte en un malvado rentista y parasito igual que un malvado y rentista propietario que alquila un piso? ¿Por qué la izquierda te criminaliza si inviertes 350.000 euros en un piso pero te respeta si los inviertes en deuda pública para que se gaste más dinero el gobierno? Socialmente, si decimos que es uno de los problemas más graves de España, ¿no es más beneficioso poner en alquiler más pisos en el mercado?

Quizá la respuesta la encontramos en Francia y en el discurso de Melenchon, que está propugnando convertir la deuda pública francesa en perpetua y no pagar sus intereses. Esto básicamente es dejar de pagar la deuda y convertirla en un papelito que no vale para nada. Es por esto por lo que el mercado de bonos se encuentra en estos momentos en el comienzo de una tormenta que puede acabar mal. Primero porque la deuda pública europea (también la estadounidense o japonesa) es enorme, lo que la convierte en más arriesgada y por tanto eleva los tipos a los que se presta, y segundo porque a esto se añade ahora el riesgo de que puedan tocar poder en países como Francia sujetos como Melenchon, con su discurso de dejar de pagar la deuda. Penalizado o haciendo imposible la inversion en pisos a lo mejor es que la izquierda quiere que los ahorros de la gente sólo se inviertan en deuda pública, y después dejar de pagar esa deuda.