Estos días veremos y oiremos ruidosos cohetes, no simples petardos, celebrando los sanfermines, no solo en Pamplona propiamente dicha, sino en Burlada, Huarte, Barañáin, Mutilva, Artica, Berriozar…porque en la práctica son Pamplona, barrios con alcalde propio, como sucedería si Pamplona absorbiera toda la Cuenca, pero que de ser así tendrían menos burocracia, menor precio del terreno y menos gastos para los compradores. Algunos no se enteran de que dificultar y encarecer el proceso repercute en el comprador.
El nuevo sistema de carril bici cuenco se tiene intención de echar a andar el año que viene (2027) en Pamplona abriendo la posibilidad de que entre 2027 y 2028 se unan las demás localidades interesadas y que en ese momento lo empiece a gestionar la mancomunidad. El servicio, por supuesto, no solo será para localidades mugantes con Pamplona (Artica, Burlada, Barañáin, Mutilva…) o del continuo urbano (Villava, Huarte, Gorraiz, Berriozar, Berriosuso…), sino que también del cuasicontinuo urbano (Cizur Mayor, Arre, Orcoyen, Olloqui, Noáin…) y al parecer para otras localidades cuencas más alejadas como Tiebas.

Se haga intencionalmente o no, igual que hace casi medio siglo con la creación de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, la ampliación del carril bici es una ampliación de Pamplona de facto, aunque no de jure, o al menos un refuerzo de la misma.
En papel en España hay millones de viviendas para desarrollar, pero por burocracia y procrastinación no se tocan. No hay que irse muy lejos porque aquí en la Cuenca tenemos planificación para doblar Sarriguren, y desarrollar Echavacoiz-AVE, Donapea, Elizpea… No hay urgencia. No hay que ser un hacha para observar esto y los innumerables huecos junto a viviendas, descampados entre localidades o locales vacíos para darse cuenta de que no hay prisa y sí mucha burocracia y pegas.
¿Acaso reducir la veintena de ayuntamientos de la conurbación pamplonica a un ayuntamiento único de Pamplona no reduciría la burocracia, los tiempos y los precios? Seguramente sí, aunque habría que poner en marcha todas las medidas posibles simultáneamente.
Se ha visto en programas políticos lo de reducir la burocracia, pero a la vez se instalan en la contradicción de la hiperregulación y de no plantear que Pamplona haga una gran absorción de sus núcleos vecinos. Menos burocracia es menos regulación y menos ayuntamientos. Desde luego para los constructores que proporcionan vivienda eliminar ayuntamientos sería un gran ahorro de burocracia y dinero y facilitaría la bajada de la vivienda.
Según el presidente de la patronal inmobiliaria, M. Ángel Gómez, “cada uno tiene un reino de taifas”, no hay criterio común entre los agentes del sector y menos de un ayuntamiento a otro, aunque tengan unos metros de separación entre las viviendas de unos y de otros. Es un caos que no va a abaratar nada por ese lado. Encima hay inseguridad jurídica porque se puede anular un desarrollo entero con una simple impugnación parcial del planeamiento. Se ha intentado acabar con ello, pero no ha fructificado en el congreso. Es de nuevo la maldita política. Y la red eléctrica, por saturación, tampoco tiene la capacidad de muchas más viviendas. Y aunque hay un stock de 1/2 millón de viviendas nuevas sin vender, están donde no hay demanda, no donde la hay.
No hay hechos que demuestren que los políticos vayan a abordar los impedimentos burocráticos de crear vivienda suficiente y de abaratarla, especialmente de eliminar la burocracia que crean decenas de ayuntamientos pegados urbanísticamente. Con lo fácil que sería tener solo un ayudante de Pamplona en vez de más de veinte burgos como en el medievo.