La Sexta te “xplica” cómo comprar el voto de un pensionista

Las pensiones en España se han convertido en un mecanismo masivo de compra votos. Por si quedaba alguna duda, te lo “xplica” la Sexta. La jubilada estrella de la tertulia utiliza el programa para hacer propaganda política del sanchismo, declarando que con Rajoy en el poder se le subió la pensión 1 euro mientras que con el PSOE se le ha subido 100, la conclusión lógica es: “entonces voy a votar al que me dé más dinero». No sólo es una declaración en televisión, es un llamamiento a que todos los pensionistas hagan lo mismo.

Hacer demagogia con las pensiones y usarlas para comprar votos en realidad es muy fácil. El papelón de la derecha es o entrar en la misma demagogia y competir por ver quién paga pensiones más altas (con un dinero que no se genera) o tratar de explicar a la población en general, y a los pensionistas en particular, una verdad que resulta incómoda de tragar. Entre quien sostiene un discurso que beneficia al que lo sostiene y quien presenta un discurso que perjudica al que lo presenta, la gente no obstante debería preguntarse quién es más probable que esté siendo sincero. Es evidente que alguien podría mentir para presentar un discurso sobre las pensiones que le favorece, pero no tiene sentido que sea mentira un discurso que le perjudica. En este sentido la derecha tiene un plus de credibilidad al estar diciendo a la gente una verdad sobre la realidad de las pensiones que no le resulta rentable desde el punto de vista electoral.

Desde la izquierda se repite que las advertencias desde hace años sobre la insostenibilidad de las pensiones no se han cumplido, y que las pensiones no sólo se siguen pagando sino que incluso han subido. Lo que sucede es que las advertencias sí se han cumplido. Hace años que las pensiones ya no se pueden pagar con las cotizaciones, y entonces, ¿cómo se pagan? Pues recurriendo a la deuda, al dinero de los impuestos y a quitar recursos de otras partidas de los Presupuestos Generales del Estado. Es decir, como las cotizaciones ya no sostienen las pensiones, ahora hay que pagarlas quitando dinero de la educación, la sanidad, las carreteras o el mantenimiento de las vías. ¿Cuántos pensionistas murieron en Adamuz? ¿Cuántos días tiene que esperar en una lista de espera para que le vea el médico un pensionista feliz porque piensa que la subida irreal de su pensión no tiene consecuencias? ¿Cuánto hay que castigar los sueldos de los jóvenes y de la población trabajadora en general para mantener artificialmente altas las pensiones de los jubilados? ¿Cuánto hay que subir los impuestos? ¿Cúanto hay que aumentar la pelota de deuda que se deja a las siguientes generaciones? ¿Qué déficit crónico deben asumir las cuentas del estado? ¿Cuántos billetes tiene que imprimir el Banco Central Europeo, y cuánta inflación generar, para mantener la deuda pública y el déficit crónico de los estados?

El coste oculto de mantener unas pensiones artificialmente altas es inmenso, pero no puede ser infinito. El mantenimiento de unas pensiones que los recursos que genera el país no permiten pagar castiga todo el resto de las partidas de gasto público y asfixia la economía privada de todos los trabajadores que están cotizando. No querer afrontar el hecho de que las cotizaciones ya no pagan las pensiones retrasa la explosión, pero de ninguna manera la evita. Retrasar las medidas que habría que tomar, por otro lado, provoca que aumente el tamaño de los desajustes y que las medidas futuras tengan que ser más duras que las que habría que adoptar ahora para equilibrar el sistema, ¿pero qué le importa al gobierno de Sánchez el futuro más allá de esta noche y la siguiente en Moncloa? ¿Qué le importa a Sánchez el voto futuro de los pensionistas, cuando todo reviente, si cuando necesita comprar su voto es ahora?

Naturalmente esto no tiene nada que ver con lo que los pensionistas merecen o han trabajado. Muchas personas sobreviven con una pensión muy modesta después de trabajar toda la vida. Seguramente muchos pensionistas merecerían cobrar más. El problema es que lo que se cobra no es lo que se ha cotizado en el pasado, sino lo que pueden pagar los cotizantes del presente. Cuando se estableció el actual sistema de pensiones de reparto, la gente tenía muchos más hijos y en la pirámide de población había 10 cotizantes por pensionista, mientras que ahora rondamos sólo 2 cotizantes por pensionista. Además la esperanza de vida ha crecido mucho desde que se diseñó el sistema de reparto. Si los pensionistas son muchos y los cotizantes pocos, las pensiones resultan insostenibles. Por otro lado, un país no puede pagar pensiones por encima de la riqueza que genera. Tenemos políticos capaces de firmar decretos subiendo pensiones, pero no tenemos políticos capaces de hacer crecer la producción nacional de riqueza para sostener esas subidas. El resultado será un estallido, en el mejor de los casos un deshinchado, aunque decirlo sea una verdad que reste votos en vez de sumarlos.

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