La Europa que no nos protege como españoles

Hoy, día 9 de mayo, se cumplen dos efemérides geopolíticas con considerables puntos de coincidencia en la práctica: el Día de la Victoria del Ejército soviético sobre el III Reich (desde el año 1945, tras las capitulaciones de la comuna de Reims) y el Día de la Unión Europea (desde el año 1950, a raíz de la Declaración Schuman, para proponer una gestión política compartida sobre el acero y el carbón de Francia y de Alemania).

Con sus evidentes diferencias, bajo el rigor del análisis histórico-político, se trata de dos entes supranacionales que fueron o pretenden la consolidación como entes supranacionales de corte expansionista, en el que priman espíritus de intervencionismo político y económico (sin perjuicio de asumir que los tiempos y los conceptos cambian ya que, por ejemplo, ya se habla más de inclusión y «políticas verdes» que de «proletarios»).

De ahí que se afirme, entre otras cosas, la existencia de puntos de coincidencia. No obstante, uno pretende poner un énfasis mayor en lo concerniente a la «unión política» cuya sede está sita en la capital de esa agregación artificial entre las regiones históricas de Valonia y de Flandes. Concretamente, ante los mensajes que la proyectan como una especie de «protector supranatural» de España y de ciertos «valores» de «igualdad y tolerancia».

Se teme que nos pudiera ir peor si se abandonase algún día la entidad conocida, mediante abreviaturas, como UE. Pero no se va a discutir aquí sobre una base estrictamente dicotómica, sino a hacer un análisis sobre algunos aspectos de la situación actual, a modo posiblemente sintético, pero estrictamente reflexivo. La pregunta rectora podría venir a ser la siguiente: ¿en qué ha beneficiado la UE a los españoles?

En el plano monetario, es cierto que la adopción del euro ha podido evitar, temporalmente, el escenario de depreciación hiperinflacionista de Zimbabue y de la Argentina kirchnerista. No obstante, no supuso ningún aumento del poder adquisitivo ni un escudo frente a la tercermundización económica. Fue un intento forzoso de control por vías monetarias, fortaleciendo al marco alemán, dadas las ponderaciones de los Estados-miembro.

En el plano regulatorio, cabe recordar que cada vez crece más la proporción de normas burocráticas dictadas desde Bruselas. En muchos casos, debido a las progresivas armonizaciones normativas, que no procuran simplificar sino imponer algo más restrictivo en un ámbito mayor. Como ejemplos se pueden encontrar los tapones de las botellas de plástico, las cláusulas de eficiencia energética de las nuevas viviendas y las zonas de bajas emisiones municipales.

En el plano presupuestario, cabe recordar que se busca crear un presupuesto único europeo y que no todos los «fondos europeos» tienen una repercusión que les permita ser considerados como «inversiones rentables». En no pocas ocasiones, alimentan el clientelismo de las administraciones regionales y locales, creando «necesidades inexistentes» que les pueden servir para, al menos, comprar votos.

En el plano impositivo, es interesante saber que el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) no existía antes de la integración en la Comunidad Económica Europea (CEE). Es más, no solo se ponen sobre la mesa «ecotasas», «cláusulas TEDOR» y «derechos de aduana». Se tiene una «lista negra» de países con considerable libertad fiscal como Panamá, Suiza e Irlanda.

En el plano de la seguridad, sin eximir de responsabilidad a quien toque, a nivel nacional, cabe recordar que Europa Occidental es cada vez más insegura. Aunque se hayan aprobado resoluciones, recientemente, para agilizar las deportaciones, cabe recordar que la ausencia de controles fronterizos ha facilitado la libre circulación de delincuentes y de terroristas. Además, se ha favorecido la «fallida multiculturalidad islámica», que ha elevado el riesgo terrorista.

En el plano de la tolerancia, cabe recordar que la privacidad digital y la libertad de opinión se ven cercenadas también por la eurocracia soviética. Mientras que se busca combatir así la «desinformación pro-odio», se disparan los actos de persecución contra los cristianos (al menos, por las directrices «progres» sobre laicismo, feminismo y homosexualismo) y se da rienda suelta al Judenfrei woke.

En el plano de las amenazas geopolíticas, existe cierto consenso europeísta basado en el canto de la canción de «Imagine», en la naftalina del pasotismo. No se piensa en la «defensa europea» como concepto de responsabilidad. Incluso cabría recordar que existe una considerable inopia política ante las maniobras agresivas, violentas y terroristas de Hamás, Hezbolá y los ayatolás. Aunque haya diferencias entre miembros, hay cierta tendencia a no romper con el «buenismo» tan interesante para Catar inter alia.

Y bueno, huelga decir que el férreo compromiso con el intervencionismo económico, la criminalización del varón, la negación de la Cristiandad, la promoción del exterminio de fetos y del asesinato de enfermos, y el esnobismo «verde» hacen que la eurocracia de Von der Leyen no vea necesidad alguna de interferir en procesos electorales ni de financiar a otros candidatos (como ocurrió en Hungría y Rumanía).

De ahí que no les preocupe en absoluto que España esté gobernada por un dictador posmoderno que no solo está empobreciendo a la sociedad española y buscando alineaciones con regímenes islamistas antioccidentales y dictaduras narcocomunistas de Hispanoamérica (junto a China, que al igual que Rusia, no es ningún modelo ejemplar, pese a no poner trabas a los avances tecnológicos). Este sujeto, llamado Pedro Sánchez, puede ser «el líder» de una mafia corrupta que involucra tanto a familiares como a amigos suyos dentro de esa dañina entidad llamada PSOE.

Y sí, ese mismo no solo ha corrompido la universidad, sino que secunda la idea de una «policía política», sueña con el fraude electoral y tiene el poder judicial plenamente secuestrado. Es más, al perseguir a los médicos objetores, al querer derribar cruces (algo que alegrará mucho a los Soros, muy amigos suyos) y al instigar por todos los medios posibles que se odie a los judíos y que se sientan inseguros (buscando el aplauso de Hamás y la sonrisita de Putin), podría decirse que él sí que ha sido una persona que llegase a interesarse por el odio.

Con lo cual, la actual Europa, basada en un entramado neosoviético con «valores» basados en la autonegación y el suicidio cultural, nada hay garantizado para España. Por lo menos, cabrá presionar para promover ciertas reformas políticas, algo que con el tiempo será más factible si se representa más, en las esferas de poder, a quienes han sido elegidos contra la islamización de Europa y la mala praxis del establishment socialdemócrata.

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