El mundo del análisis político se encuentra lleno de malicia y perfidia. Sólo así se puede entender que haya quien se pregunte si hace alguna vez algo de provecho la vicepresidenta Yolanda Díaz. Es más, que haya quien se pregunte si Yolanda Díaz sigue siendo vicepresidenta o incluso si alguna vez lo ha sido, como si fuera invisible desde hace una legislatura. Mientras todos estos observadores se dedican a la maledicencia, Yolanda Díaz sin embargo no cesa en empujar hacia adelante el carro del progreso en España, feminizando las leyes de riesgos laborales, por ejemplo.
💥 Díaz: "Lo importante hoy es feminizar la ley de riesgos laborales". pic.twitter.com/UnbavRfT88
— okdiario.com (@okdiario) April 28, 2026
En realidad no se trata de despreciar los riesgos laborales o los problemas específicos que pueda tener en su puesto de trabajo la mujer, más bien de temer lo peor para la mujer si es Yolanda Díaz quien tiene que defenderla. Por otro lado, la cuestión de los riesgos laborales nos coloca ante la existencia de una brecha de género de la que, por lo que sea nunca se habla.
El hecho es que el 90% de los fallecidos en accidente laboral son hombres. Es decir, no es que haya una ligera proporción de hombres más que mueren en accidente laboral, sino que la muerte en accidente laboral es un riesgo casi exclusivamente masculino, que añade al hecho de serlo el de estar silenciado.
Los hombres sufren el 93% de los accidentes laborales mortales https://t.co/TIDDrMnT3A
— Diario de Noticias (@NoticiasNavarra) April 15, 2026
Si tenemos en cuenta los fallecimientos in itinere, o sea de camino al trabajo, la proporción baja al 75%, que sigue siendo escandalosa, pero que pone de manifiesto que en el propio puesto de trabajo el riesgo de morir es masculino.

Que el 90% de los fallecidos en accidente laboral sean hombres nos pone además ante otra realidad cancelada. ¿Por qué existe esta diferencia? Evidentemente porque los hombres y las mujeres hacen trabajos distintos. No es así siempre y en todos los sectores, pero es muy frecuente que haya sectores masculinos y otros femeninos. Las mujeres son mejores estudiando y sacando oposiciones que los hombres, pero peores o menos interesadas en muchos trabajos físicos. Los intereses de hombres y mujeres en los distintos sectores laborales, aunque puedan elegir libremente, tampoco parecen los mismos. Es decir, que cuando se habla de una brecha laboral se toma el promedio de todo lo que ganan las mujeres contra el promedio de lo que ganan todos los hombres, cuando es evidente que hacen trabajos distintos como demuestra el hecho de que los hombres tengan una mortalidad muchísimo más alta en el puesto de trabajo.
En Osakidetza ocurre lo mismo: el 80% de su personal es femenino, mirad la imagen.
— Pablo Malo (@pitiklinov) April 28, 2026
Lo más curioso es lo último que veis ahí: "Osakidetza cuenta con un II plan de Igualdad para seguir avanzando en equidad."
No sé qué quiere decir exactamente seguir avanzando en equidad, tal vez… https://t.co/XADsVmZ75L pic.twitter.com/54ln9Uo5y5
La comparación, para que tenga sentido hablar de una brecha salarial, tiene que ser entre trabajos iguales, entre un funcionario y una funcionaria del mismo nivel y en el mismo puesto, entre un dentista y una dentista, entre un administrativo y una administrativa y además con el mismo tipo de contrato y las mismas horas trabajadas. Obviamente cuando se tiene todo esto en cuenta desaparece la brecha. Seguramente también desaparecería la brecha mortal en accidentes laborales si comparáramos la mortalidad no entre el conjunto de hombres y mujeres, sino específicamente entre camioneros y camioneras, entre electricistos y electricistas, o entre peones de obra y peonas. Lo que sucede es que la presencia de la mujer es muy pequeña en todos esos trabajos.
Por supuesto alguien en este punto podría recurrir a la diferencia de sueldo entre futbolistos y futbolistas, pero de nuevo habría que hilar más fino. Existe un brecha salarial enorme entre futbolistos y futbolistas, pero es la misma que existe entre los propios futbolistas masculinos o entre los futbolistas y violinistas, y por el mismo motivo: lo que genera cada uno. A nadie se le puede pagar más de lo que genera. Si a Vinicius se le paga más que a un lateral del Osasuna no es por discriminación, es que el lateral de Osasuna genera menos. No puede cobrar lo mismo por publicidad un equipo de fútbol femenino cuyos partidos los ven 10.000 personas que uno masculino cuyos partidos los ven 500 millones de personas. Por la misma regla de tres, los violinistas ganan mucho menos que los futbolistas no porque trabajen menos o su trabajo sea más fácil o menos importante, sino porque la sociedad se interesa mucho más por los partidos de fútbol que por los conciertos, y por los partidos de fútbol masculino que por los de fútbol femenino. En vez de escandalizarnos deberíamos ir a más conciertos de violín o callarnos.