Pensar que el estado es bueno conduce inevitablemente a la dictadura

La socialdemocracia es una mera parada en el camino del comunismo. La lógica socialdemócrata conduce inexorablemente al comunismo. Largo Caballero, uno de los líderes del PSOE que nos llevó a la Guerra Civil lo decía abiertamente:«¿En qué se diferencia el Partido Socialista del partido comunista? Doctrinalmente, en nada. Nosotros profesamos el marxismo en toda su pureza”. Casi 100 años después volvemos a estar en el mismo punto. Basta escuchar a los portavoces de la izquierda que van pasando por la tribuna del Congreso, o sus publicaciones en las redes sociales, para comprobar cómo su discurso no ha evolucionado en un siglo. Es más, cada año que pasa vuelven más al origen y a los catastróficos errores del punto de partida. Cada plan de “renovación” de la izquierda, como ahora el de Rufián y la ultraizquierda que le secunda, en realidad es un retroceso hacia los postulados más radicales en el sentido literal. El socialismo no puede más que volver una y otra vez al error de planteamiento inicial.

Todo lo que a lo largo del día dicen todos los portavoces de la izquierda en España se reduce a repetir una y otra vez, bajo diversas fórmulas, que el estado es bueno y todo lo demás es malo. Todo lo que no es estado, que es malo, pone en riesgo al estado que es bueno. El estado persigue el interés general frente a todo lo que no es estado, que sólo persigue intereses particulares y egoístas y es por tanto nefasto y antisocial. El estado es el bien absoluto y lo que existe fuera del estado es el mal absoluto. En la sociedad perfecta todo sería estado y cuanto menos porcentaje de estado hay en una sociedad es todo más inhumano.

Este discurso impone una deriva que necesariamente conduce al estatalismo absoluto, al socialismo real, al comunismo. Entre dos políticos, en el espectro izquierdista, el mejor es que propone más estatalismo. Triunfar en la izquierda se convierte por tanto en una carrera sin fin por ver quién es más estatalista. Al que no defiende el estatalismo, además, no sólo se considera que está equivocado sino que es una mala persona, un defensor de la opresión. No es posible parar en otro punto por tanto que en el 100% de estatalismo. No tiene lógica defender la conveniencia de que, en vez del bien absoluto, exista un cierto porcentaje de mal.

Podría parecer que esta forma de pensar debería quedar desactivada, si no ya por los argumentos intelectuales, por los resultados efectivos de su aplicación, pero no es lo que sucede en la realidad. Es decir, a la vista están los resultados del comunismo y el socialismo real allí donde se han aplicado y en todo momento en que se han aplicado, desde Cuba y Venezuela a la RDA y la URSS. Sucede sin embargo que el socialismo es un caso caso claro de la conocida disonancia cognitiva estudiada por Festinger.

En la década de 1950, en Chicago, Festinger estudió el caso de una secta liderada por Dorothy Martin, la cual creía en mensajes recibidos de extraterrestres del planeta Clarión. Los supuestos mensajes extraterrestres predijeron que el 21 de diciembre de 1954 ocurriría un gran diluvio que destruiría el mundo, pero que los miembros de la secta serían rescatados por platillos voladores a medianoche. Naturalmente no sucedió nada de eso, ¿pero dejaron de creer por ello los miembros de la secta? En absoluto, en vez de aceptar que los hechos refutaban sus creencias los miembros de la secta buscaron la forma de reinterpretarlos y acomodarlos a sus creencias para poder mantenerlas. El estudio de Festinger ilustra este caso a través del citado concepto de «disonancia cognitiva», teoría que describe cómo las personas resuelven los conflictos entre sus creencias y la realidad a menudo reforzando sus convicciones en lugar de abandonarlas. Las personas que después de un siglo de experimentos comunistas, con un porcentaje de fracasos del 100%, siguen buscando sus platillos volantes del planeta Clarión en el año 2026, padecerían lo que parece una disonancia cognitiva de manual.

Sosteníamos sin embargo en el titular que el estatismo conduce forzosamente a la dictadura y trataremos efectivamente de rematar esta conclusión. La primera parte del problema es que si todo lo estatal es bueno, y todo lo que no es estado es malo, el resultado de esta creencia es ir convirtiendo todo en estatal. Pero claro, hay una segunda parte del problema y es qué sucede si creamos una sociedad en la que todo se encuentra controlado por el estado pero ocurre que el estado cae bajo un gobierno de la derecha. La sanidad pública es maravillosa, la educación pública es maravillosa, no debe haber más que sanidad pública y educación pública, sin embargo en cuanto en cualquier lugar llega al gobierno la derecha se nos dice que la sanidad pública o la educación pública pasan a ser catastróficas.

Por tanto no basta con que todo sea estatal y todo se encuentre bajo el control del estado, esa es sólo la mitad de la cuestión, para que el comunismo funcione además hay que asegurarse de que la derecha nunca tome el control del estado. Por consiguiente no es sólo que exista una deriva del estatalismo que conduce a una dictadura que impida que la derecha pueda llegar a gobernar el estado, sino que es inevitable llegar a ese punto. Cuanto más controla todo el estado, más inaceptable se va volviendo dejar que la derecha pueda llegar al gobierno. Podría dejarse que la derecha llegue a gobernar el estado si la sociedad sólo estuviera un poco controlada por el estado, pero conforme más va habiendo un estado que lo controla todo, más inaceptable se va volviendo entregar el control del estado a una derecha que lo controle todo. La dictadura por tanto es la única conclusión lógica del socialismo y el comunismo. A la vista están por lo demás los resultados, aunque siga habiendo comunistas fascinados por su discurso igual que seguía habiendo creyentes que todavía esperaban ver aparecer los platillos volantes de Clarión en el cielo.

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