Podemos salvar (innovando) al pequeño comercio

Es una obvia y evidente realidad que no todos afrontarán, con la misma intensidadla actual crisis económica (vamos, lo que ocurre en cualquier otra mala situación, sea por las razones que sea). Por tamaño, fuerza y cantidad de recursos, suele ser así (mecánica natural, dicho de otra forma).

Un ejemplo concreto, en el cual nos centraremos a lo largo de este ensayo, consiste en los negocios de los pequeños propietarios (habitualmente autónomos), a los que solemos referirnos, habitualmente, como “pequeño comercio” (aunque también podemos tratar de referirnos a toda pequeña y mediana empresa).

El estrangulamiento político y económico que estamos atestiguando (a distintas intensidades), es decir, aquellas medidas basadas en numerosas restricciones a la libre circulación e interacción económica (“compensadas” en casos como el español por una mayor subida fiscal, emisión de deuda y rigidez del mercado laboral) obstaculiza muchas actividades.

Al haber menos actividades en el mercado, hay un menor margen no solo para ahorrar, sino para participar, como clientes y consumidores (aunque sea de una manera prudente y responsable), en el mercado laboral. Aumentan esas incertidumbres que pueden dinamitar cualquier atisbo de estabilidad económicahabiendo menor probabilidad de brotes verdes.

Eso sí, si bien todos pierden, hay quienes tienen menos fuerza para afrontar estas inclemencias macroeconómicas. Esos agentes participantes afectados son las pequeñas y medianas empresas dado que, al contrario de las grandes empresas y de las corporaciones multinacionales, no solo tienen que hacer un ajuste relativamente “pequeño” (cierres de unidades, rebajas salariales o despidos).

Muchas de estas entidades, que no dejan de ser esenciales para la sostenibilidad de la economía familiar, se verán abocadas, directamente, al cierre, si es que no entran en una quiebra que igualmente desemboque en esa misma consecuencia. Podrían recortar presupuesto y plantilla (si es el caso), pero el negocio sería inviable e improductivo.

Esto nos ha de preocupar, pero en tanto que sea fruto de una crisis que no es culpa nuestra (otra cosa es que, en base a la “democracia económica”, de manera espontánea, no se haya estimado oportuno dar una libre valoración positiva de los servicios prestados, lo cual lleva al empresario a reinventarse para que pueda ser recompensado en ese mecanismo de interacción social natural conocido como mercado).

Por ello, no conviene promover medidas de corte bien proteccionista generador de esperanzas artificiales con consecuencias nefastas a largo plazo (por ejemplo, políticas de subvenciones que no crean ningún valor neto en el mercado, sino que generan “ilusiones” que cuestan dinero resultante de los impuestos así como mayor endeudamiento).

Es cuestión de valorar las oportunidades que entran en juego (aparte de oponernos frontalmente a ese destructivo estrangulamiento estatal basado en una drástica rebaja fiscal y de presión burocrático-normativa sobre distintas fases y situaciones económicas: apertura de negocio, contratación, desarrollo de una actividad concreta) gracias a las nuevas tecnologías.

El comercio electrónico está salvando hasta a los pequeños propietarios

Dejando aparte la fuerza de resistencia anti-crisis de empresas con determinado volumen, hay quienes temen que ante la existencia de las grandes superficies comerciales (donde se suelen concentrar establecimientos de determinadas marcas que tienen bastante tirón de demanda, por ejemplo, por sus ofertas) acabe imperando la ley del más fuerte.

Ante ello se suele abogar no solamente por una restricción de los consistorios a determinados proyectos empresariales (generalmente, de franquicias), sino ya directamente por la restricción de los horarios comerciales, que no siempre guarda relación con el respetable (y no totalmente objetable) deseo de santificar las fiestas de modo que el domingo, Día del Señor, no se trabaje.

Pero resulta que determinados avances tecnológicos están más cerca de facilitar la conciliación familiar y la santificación festiva espiritual que de asegurar la “eficacia” de determinadas regulaciones orientadas al estrangulamiento económico así como a un proteccionismo que simplemente atentan contra el legítimo y libre criterio de los clientes.

Precisamente, la competencia tanto de las pequeñas y medianas como de las grandes empresas es más factible gracias al comercio electrónico (sí, podemos decir que, una vez más, juega a favor de todos la esencia de dispersión y descentralización de Internet). Sí, y no necesariamente gracias a determinadas corporaciones que no dejan de ser ajenas al crony capitalism.

Es cierto que comprar en Aliexpress Amazon está siendo un motivo frecuente de transacciones financieras así como que, incluso, muchas PYMES abren cuentas en estos servicios para facilitar la comercialización de sus productos (yo, en ocasiones, he adquirido material de lectura y electrónica que era provisto por entidades no muy grandes).

Pero no siempre está siendo así. Hay quienes abren sus propios portales web (no necesariamente empresas como el grupo Inditex), en solitario o en cooperación con otros agentes de mercado, llegando a sobrevivir ya que su nicho de demanda no necesariamente es tan local o de barrio como se esperaría en un principio o, mejor dicho, en teoría). De hecho, otros simplemente se apañan con el social media.

Asimismo, se crea una necesidad de puestos concretos en el mercado, relacionados con el desarrollo de apps y páginas web así como con la provisión de servicios de alojamiento, del mismo modo que si las compras son habituales desde un ordenador o un teléfono móvil, no solo es prescindible abrir una tienda en “situaciones de emergencia”, sino también en días festivos, religiosos o no.

Por lo tanto, reiterémonos en las ventajas de una ventana de oportunidades para el desarrollo social y económico, que facilite la obtención de nuevos beneficios mejorando tanto en productividad como en otros factores. La innovación informática puede ser de gran ayuda para el hombre, y en este caso, rompe barreras geográficas, espaciales y temporales, sin repercutir en menor bienestar.

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