Pedro Sánchez organizó ya su salida de Moncloa pero, ¿qué hacemos?

Ángel Manuel García Carmona 18 febrero 2019 Opinión
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Estaba claro, desde el pasado verano, que el “okupa” de la Moncloa, Pedro Sánchez, no tenía interés ninguno en convocar un adelanto de elecciones generales. Reeditó a conciencia la fórmula del Frente Popular del 36″, al mismo tiempo que saciaba sus egocéntricas ansias de poder. Pero por circunstancias “adversas”, se ha tenido que ver obligado a hacer lo que no deseaba: convocatoria de elecciones anticipadas.

¿Por qué lo habrá hecho entonces? A mediados de la semana pasada, el Congreso de los Diputados tumbaba su proposición basada en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el ejercicio presupuestario del presente año. Los diputados de los partidos golpistas y nacional-catalanistas votaron en contra, ya que exigían determinadas cesiones, más allá del “relator” (precisamente, aspiraban a una convocatoria de referéndum independentista legal).

¿Pero no era Pedro Sánchez un traidor a la patria? Otrora, sugería estar a favor de un “referéndum de autodeterminación”, si bien, estaban dispuestos a ofrecer un “relator” (los catalanistas hablaban de “mediador internacional”. También estaban a favor de la llamada “plurinacionalidad” (incluso, en alguna ocasión, Sánchez decía defender la “nación catalana”). Por tanto, ¿a qué habrá venido esa negativa de los catalanistas?

Mi hipótesis no es que el “okupa” de la Moncloa tenga algo de sentido común, sino que puede estar atemorizado ante la posibilidad de que pierda votantes que estén hartos de cesiones a nacionalistas periféricos, los cuales podrían votar no solo a C’s, sino a VOX también. De hecho, ha convocado los comicios para un mes antes de las elecciones municipales, europeas y autonómicas a drede, por si puede salir aventajado, directa o indirectamente, antes o después.

A continuación, tras haber expuesto lo anterior, creo que conviene responder a una serie de interrogantes que más de uno se plantea a estos respectos, no solamente respecto al futuro de Sánchez. Y eso haré.

¿Están contados los días de Pedro Sánchez en Moncloa?

Aunque pueda agotar sus últimas semanas para impulsar nuevas legislaciones iuspositivistas y aprovechar sus últimos meses para esforzarse en lanzar “decretazos”, es muy probable que Pedro y Begoña dejaen de disfrutar de los viajes aéreos a costa de todos los contribuyentes españoles y de saciar su afán de protagonismo (bastante es, lamentablemente, que los ex presidentes reciban una paga vitalicia).

No están las cosas como para depositar demasiada confianza en los sondeos preelectorales, pero todo apunta a que PP, C’s y VOX sumarán mayoría absoluta (igual los de Abascal dan una sorpresa…), lo cual daría lugar a una investidura de Pablo Casado como presidente del gobierno de España. Me apuesto a un “pacto a la andaluza”: VOX como bisagra de una coalición de centro-izquierda apoyada por la derecha sociológica mayoritariamente.

Albert Rivera seguramente sea consciente de que apoyar al “okupa” de la Moncloa sería minar cualquier ápice de credibilidad política. Sabemos también que le preocupa más el qué dirán de sus “colegas progres europeos y masónicos”, pero recordemos que, en Andalucía, pactó con el PP una serie de medidas orientadas a la consolidación de la hipertrofia estatal autonómica, también de compromiso con las causas de la “progrez”. VOX no parece estar apretádoles las tuercas en condiciones tampoco.

¿Qué considerar como voto útil?

Cada vez resulta más surrealista la tesis del “voto útil” a favor del PP. De hecho, cabe destacar que Moreno Bonilla está donde está gracias a los doce escaños de un partito que otrora era “voto inútil”. De todos modos, no voy a entrar tanto en cálculos electorales como en lo que se puede considerar como cuestiones de conciencia de uno mismo, de cada cual.

Pablo Casado no es, en absoluto, una esperanza fiable para la derecha pro libertatem (algo que sí ocurre con figuras como el mandatario brasileño Jair Bolsonaro). Está más empeñado en agradar a la izquierda que en librar con coraje la necesaria batalla ideológica. De hecho, no quiere derogar completamente la ley del aborto, reivindica el modelo californiano para España y mantiene a figuras como Javier Maroto, Moreno Bonilla, Núñez Feijóo y José Antonio Monago.

Del mismo modo, avalar a C’s tampoco tiene mucho sentido. Que estén alejados de la faceta comunista del socialismo (ideología expresada en varias modalidades) no les exonera de ser izquierdistas. Hablamos de un partido socialdemócrata y “progre”, que también es uno de los máximos representantes del “patriotismo constitucional” habermasiano y la hipereurofilia. De hecho, Manuel Valls y Luis Garicano corroboran que hay mucha proximidad a la masonería y las causas de George Soros.

Por cierto, ¿qué decir sobre VOX? Claro está que esta formación no es ideal, aunque tampoco será inconveniente advertir de dos de los riesgos que corre la misma: consolidación de una estrategia e ideario colectivistas (más allá de la exacerbada “deificación” del concepto de nación) y corrupción moral intrínseca a la partitocracia y, no menos, a la índole de los partidos políticos (podemos remitirnos al “pacto rápido andaluz” o a algunas figuras del partido en Extremadura).

En cualquier caso, veo más razonable que alguien que no sea de izquierdas considere a VOX como opción de “voto útil” (a pesar de todo) antes que a PP y C’s, ambos partidos de centro-izquierda e integrantes del establishment progre-socialdemócrata europeo (por lo menos, no se estaría incurriendo en una actitud masoquista, aunque haya quienes se agarran al partido de Casado como “un clavo ardiendo”). Por cierto, ¿y si uno se decidiera por la abstención?

¿Es abstenerse una actitud irresponsable?

Debido al exacerbado intervencionismo del Estado, la sociedad no tiene, prácticamente, fuerzas (distinto es que haya ciudadanos comprometidos con las causas). Se le ha despojado de sus competencias en todas las materias, de modo que más de una cuestión se haya confiado a los burócratas de turno. Pero esto no solo se está dando en lo relacionado, por ejemplo, con la sanidad y la organización de festejos, sino también en lo relacionado a participación política.

En España, la participación activista, a través de asociaciones cívicas, es algo que no motiva (máxime en la desmovilizada derecha sociológica); hay quienes se ven más tentados por los partidos políticos, más proclives a garantizar prebendas. Pero hay que decir que el régimen partitocrático español a cuya consolidación contribuyó también el artificio iuspositivista del 78″, ha dado lugar a que los partidos políticos sean vistos como las únicas vías de participación.

Por lo tanto, no consideraría como irresponsable la abstención electoral a la hora de participar, de cierta manera, en un régimen partitocrático (una democracia sin contrapesos que la conviertan en una de las “menos malas”, como la británica y la estadounidense). Se puede ser responsable si se pierden los complejos y tenemos ganas de implicarnos. Aparte de reivindicar otra ley electoral menos partitocrática, es deseable una implicación de la sociedad civil (activismo).

Finalmente, una vez dicho lo anterior, si bien es muy deseable que Pedro Sánchez se largue de ese sitio al que llegó legal pero ilegítimamente (un Frente Popular no es algo para conformarse, en absoluto), hay que dejar de obnubilarse, de creer que meter una papeleta en una urna de plástico es la única manera de defender la libertad y otras cuestiones. Urge una sociedad civil activa y vigilante.

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