OPINIÓN: Un nuevo colegio en Navarra, el precio de la libertad

El nuevo colegio y el precio de la libertad

Lo que hasta hace poco era un secreto a voces, ya es vox populi. Ante la decisión de los colegios actualmente diferenciados de hacerse mixtos, un grupo de padres está creando un nuevo colegio, Adériz, que será privado, diferenciado y, sobre todo, libre.
Yo no estoy entre los padres promotores. Solo opino como un padre más, afectado por la ley y por los cambios recientes. Sobre este colegio, antes de empezar, ya se dice de todo. Que si es elitista, que si es para gente obsesionada con la educación diferenciada… Yo creo que la característica principal que tendrá Adériz será la libertad.
En mi opinión, lo esencial no es que sea privado, ni que sea diferenciado. Yo,personalmente, prefiero la educación diferenciada, pero tampoco me parece fundamental.
Lo esencial es que el colegio sea libre. Un principio crucial es la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos (supuestamente reconocida en el artículo 27 de la Constitución). Hasta ahora pensábamos que esta libertad era compatible con los conciertos educativos. Recientemente hemos comprobado que no es así.
El que paga, manda. Los colegios concertados los pagamos entre todos los españoles, pero los gobernantes actúan como si el dinero lo pusieran ellos, y ejercen de dueños. Ya han forzado que dos colegios (que llevaban décadas funcionando muy bien en muchos aspectos, y que eran elegidos por miles de familias) cambien uno de sus elementos diferenciales.
¿Qué será lo siguiente? No hace falta especular mucho: reducir o eliminar la religión, imponer una educación sexual al estilo Skolae, etc. No son futuribles: son objetivos que ya se han marcado los partidos del Gobierno de Navarra en su acuerdo programático.
Nuestros vecinos del País Vasco ya han dado un paso en esa dirección: la reciente Ley Vasca de Educación reduce las horas de religión que se pueden impartir en los centros concertados.
Si queremos preservar la libertad, debemos independizarnos del dinero público. El problema es que, para mantener la libertad, las familias tendremos que pagar por partida doble: lo que ya pagamos vía impuestos, y lo que nos cueste el nuevo colegio. Para muchos de nosotros, será un gran esfuerzo. A la mayoría no nos sobra el dinero; tendremos que ajustarnos el cinturón, reduciendo gastos en otras cosas, también importantes. Soy consciente de que las familias con muy pocos ingresos no podrán permitirse este esfuerzo aunque quieran (el Gobierno restringe especialmente las libertades de los más desfavorecidos), pero para muchos otros será cuestión de priorizar. La educación y la libertad merecen el esfuerzo.

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