Del centralismo estatal al centralismo autonómico

En la mente de buena parte de población española el centralismo estatalista es el problema multisecular, pero muchos, cada vez más, ven en ese sentido que las autonomías se han convertido en un reflejo del estado centralista que tanto despreciaban. Evidentemente esto se aplica a comunidades autónomas con más de una provincia.

En Castilla y León el centralismo vallisoletano da muchos quebraderos de cabeza a capitales que como Burgos, León y Salamanca podrían recibir una parte mayor de los recursos que se quedan en Valladolid. O en el caso de Soria, que siendo la provincia más aislada ha tenido que recurrir a un partido político provincial para que se oiga su voz, hecho que sucede igualmente con León. De hecho León promueve la recuperación del reino de León como autonomía aparte.

Quizás por ser Valladolid la capital de Castilla y León se ha llegado a extender la infundada creencia de que en Valladolid se habla el castellano más correcto, cuando la primitiva Castilla (el condado de Castilla) se componía del territorio que hoy corresponde a las actuales provincias de Burgos, Cantabria, Álava y una parte de Vizcaya. Y Almería que no quería ser andaluza (votó contra formar parte de la entonces incipiente autonomía) por sentirse murciana. Por no hablar de los que afirman incorrectamente que Madrid no es castellana, pues siempre lo será aunque no esté dentro de los límites autonómicos de ninguna de las Castillas.

Vamos, que en parte las autonomías modernas, que no siempre son un reflejo de las regiones históricas, distorsionan la visión histórica del ciudadano medio. Y también la de los caciquistas que son muchos dirigentes autonómicos.

En la autonomía aragonesa no pocos oscenses y turolenses se quejan del centralismo zaragozano. Y en la autonomía vasca, aun siendo Vitoria la capital autonómica, debido al poder indirecto que ejercen Guipúzcoa y Vizcaya (especialmente desde Bilbao) llegó a haber un partido, Unidad Alavesa, que propugnaba la creación de una autonomía independiente constituida únicamente por la provincia de Álava con capital en Vitoria.

Tal cual asevera Enrique Orduña Rebollo en su ensayo Historia de las Diputaciones Provinciales (2025) “el origen de las diputaciones y el constitucionalismo van de la mano: avanzan en los periodos constitucionales y se frenan con las vueltas al absolutismo.”

En otras palabras, según el autor, el centralismo extremo es un freno para los valores democráticos, ya sean las diputaciones provinciales o el constitucionalismo. Y es que el medio siglo que llevamos con las comunidades autónomas nos ha enseñado que las autonomías pecan del mismo carácter centralista, si no más, que los gobiernos españoles centralistas.

Los defectos que tanto critican las autonomías del centralismo los ejercen ellas en versión pequeña hacia sus provincias. Las autonomías son igualmente absolutistas; no solo los previos gobiernos nacionales. En el fondo los nacionalistas vascos y catalanes, siendo que son los que más se han quejado del centralismo del estado han ejercido el mismo centralismo dentro de sus autonomías. Es hipocresía de manual.

El sistema ideal sería permitir que las diputaciones provinciales fueran las que se dirigieran al estado de tú a tú prescindiendo de intermediarios: las autonomías. Esa sería una descentralización sana y auténtica, además de coherente con las reiteradas peticiones de descentralización.

En este, como en cualquier asunto, hay que ser pragmáticos, no dogmáticos. Se pueden mantener las autonomías, pero traspasando varias de sus potestades a las provincias, las diputaciones provinciales; todas las potestades que sean posibles.

No estaríamos ante un centralismo encubierto, sino huyendo de un centralismo encubierto: el autonómico.

He leído quejas de vallisoletanos que afirmaban que los leoneses eran separatistas por pretender crear una autonomía, cuando sabemos perfectamente que la autonomía de Castilla y León no sigue el patrón de las regiones del antiguo régimen. Al fin y al cabo en el antiguo régimen por siglos ha existido una región leonesa compuesta por las provincias de León, Zamora y Salamanca y una región de Castilla la Vieja compuesta por el resto más La Rioja y Cantabria.

En base a las regiones del antiguo régimen buena parte de las provincias tienen más historia que varias de las artificiales autonomías que tenemos actualmente. Así por ejemplo la C. Valenciana, si contamos la región conocida en el antiguo régimen y en el medievo como el Reino de Valencia, la autonomía sí sería más vieja que sus provincias; mucho más. Lo mismo sucede con la de Galicia, pero no con Castilla y León.

Haciendo honor al pragmatismo mencionado anteriormente, se pueden cambiar los límites en circunstancias especiales como pasó en el caso de la Comunidad de Madrid, que iba a ser una suerte de Distrito Federal capitalino fuera de ninguna región histórica para ser más o menos neutral. De igual forma se puede ser pragmáticos en el caso de La Rioja que en idiosincrasia se parece más a Navarra y Aragón por estar en el Valle del Ebro y no en la Meseta como las Castillas.

Más allá de los retoques o configuraciones que se hagan en las autonomías, lo que vengo a decir es que es incoherente hablar de centralismo yendo contra el estado y de separatismo cuando se trata de las provincias. Más en el caso de las provincias o conjunto de provincias que ya contaban con región histórica propia por siglos y hasta la creación de las frecuentemente artificiales autonomías. Las autonomías son muy centralistas.

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