El PSOE vive en un metaverso en el que no ha perdido las elecciones

Más matemáticas y menos literatura, podría ser la recomendación para todo el mundo a la hora de interpretar los resultados electorales del domingo. Por momentos, sin embargo, parece que la izquierda ha ganado las elecciones y la derecha las ha perdido. Es más, incluso una parte de la derecha parece aquejada de esta extravagante interpretación de los resultados.

Puede que el PSOE viva en un mundo en el que ha ganado las elecciones y en el que incluso se ha convertido en el dique europeo, nada menos, que ha contenido la ultraderecha de Feijóo, Abascal y Alvise, el problema con esa teoría es sólo la realidad y la futura factura del psicólogo.

En este sentido habría que recordarle a Cerdán, pero acaso también a una parte de la derecha inexplicablemente alicaída por el resultado electoral, que de 61 eurodiputados en disputa la “ultraderecha” de Feijóo, Alvise y Abascal se ha llevado 31. O sea, que gana la derecha por mayoría absoluta. De los 61 diputados que España manda a Bruselas, 31, la mayoría, son de “extrema derecha”. Esto no es opinión, son matemáticas. ¿Dónde está entonces el dique? ¿Dónde puede ver alguien aquí una victoria de la izquierda? ¿En qué consiste parar la oleada derechista en Europa mandando una mayoría derechista al Parlamento Europeo?

Cierto es que incluso una parte de la derecha parece comprarle a la izquierda el discurso de que la derecha no ha ganado. Esto se entiende quizá un poco en una parte del electorado del Partido Popular, porque el PP se ha quedado a 9 diputados de la mayoría absoluta y sólo a 2 del PSOE. La mala noticia para el PP, efectivamente, es que para llegar a 31 le faltan 9 diputados, pero la buena noticia es que los tiene, sumando los eurodiputados de Alvise y de VOX. Hace 48 horas estábamos hechos polvo porque el PSOE iba a remontar, y ahora estamos hechos polvo porque hemos ganado pero no por mucho. Si hubiéramos ganado por 40 a 21 estaríamos deprimidos por no haber ganado por 50 a 11. El PSOE diría que era casi un casi empate y que Pedro Sánchez casi nos había frenado. Ganar por 61 a 0 no estaría mal, pero ganar por un diputado ya es maravilloso. Y al que le parezca poco maravilloso, que repase los porcentajes de la derecha en europeas anteriores o los porcentajes de la derecha en cualesquiera elecciones generales del pasado.

El PSOE, por lo demás, ha abandonado ya toda apariencia de mesura y llama también ultraderechista a Feijóo, por si cabía alguna duda. La pregunta es si Feijóo considera más justo llamar ultraderechista a Abascal que llamarle ultraderechista a él. El caso es que esta estrategia de usar indiscriminadamente la palabra ultraderechista en modo ametralladora ni siquiera para el PSOE parece demasiado inteligente ni productiva. O sea, para empezar este discurso no les ha librado de perder las elecciones. Además de eso, si el PP, VOX y Alvise son formaciones ultraderechistas, no cabe pretender que la ultraderecha no ha ganado las elecciones, ni que el PSOE es un freno a la ultraderecha en Europa. Al contrario, España sería el país europeo con un mayor porcentaje de ultraderechistas del mundo. Finalmente, canta mucho que llamar ultraderechista a todo el que se sale del sanchismo implica un uso gratuito del calificativo ultraderechista. Ultraderechista es ya en España todo el que no le come la bisectriz al sanchismo. No hay nada fuera del sanchismo que la izquierda no califique de ultraderecha. En cuanto uno abre la boca para decir algo en contra del gobierno, inmediatamente es tratado de ultraderechista. Todo lo que no es izquierdismo es ultraderechismo, salvo acaso si eres un nacionalista golpista que apoya el sanchismo.

Lo cierto es que esto de llamar ultraderechista o fascista a todo el que no les lleva la razón ya lo hemos visto en el pasado nada menos que con ETA. A todo el que le llevaba la contraria, ETA lo tachaba de fascista, y como luchar contra el fascismo es legítimo, todo el que le llevaba la contraria era considerado objetivo militar legítimo. De este modo, ETA llegó a considerar al 80% de la población vasca como objetivo legítimo militar. Resulta por tanto preocupante que el sanchismo haga suyo el discurso que llevó a ETA a la violencia contra sus rivales y a legitimar sus asesinatos.

Lo cierto es que vivimos un momento en que parece que ser de izquierdas no es optativo. El que les discute la política de inmigración es un racista y un xenófobo. El que les discute la ideología de género o el aborto es un machista, un homófobo y un tránsfobo. El que les discute la transición energética es un negacionista y un ecocida. El que les discute su memoria histórica unilateral es un franquista. El que discute su política exterior es un genocida. El periodista que escribe algo que no les gusta es un propagador de bulos y un difamador que alimenta el discurso del odio. El juez que no archiva los casos contra ellos es un prevaricador y un ejemplo de lawfare. Al final es imposible discutirle nada a la izquierda sin convertirse en un delincuente y esto, evidentemente, es un grave peligro. Con este discurso es imposible desembocar en otra cosa que en un modelo golpista y totalitario. Quien piensa que todo el que discute sus ideas es un delincuente, lo normal es que empiece a perseguirlo como tal.

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