Siempre se podría reconstruir el Monumento a los Caídos con el dinero del euskera

A Bildu se le da mucho mejor destruir que construir, moral y materialmente. Un claro ejemplo de ellos son las talas masivas de árboles en Beloso. Pero el afán destructor de la izquierda y el nacionalismo van más allá de Beloso. Otra de las iniciativas que revolotean hace tiempo es la demolición del Monumento a los Caídos. Hace algunos meses el Noticias viene preparando al personal con diversos y sucesivos artículos y entrevistas para exigir la demolición del edificio. El mensaje es que la presencia del edificio ni puede tolerarse ni puede resignificarse. No es como el logo de la hoz y el martillo o como las siglas del PSOE. O como la bandera sabiniana ya puestos. No hay que dejar piedra sobre piedra del edificio.

Frente a esta pretensión, el PSN sigue pensando que la demolición es una medida excesiva y apuesta por su resignificación, pero si algo podemos esperar del PSOE es que su postura sea blanco hoy y negro mañana y que el cambio se produzca según sus socios se lo exijan. Unos figuran y otros deciden. En el caso de Pamplona, además, la izquierda abertzale figura y decide. La espiral extremista del PSOE no augura por lo demás una decisión moderada respecto a los Caídos o respecto a cualquier otro asunto. Si la estrategia general para movilizar el voto es polarizar al electorado, derribar los Caídos puede ser un buen dinamizador de esa polarización. La única cuestión es cuándo será el momento.

La obsesión de la izquierda y el nacionalismo con el Monumento a los Caídos es menos preocupante que su obsesión por adueñarse del relato de la historia y construir un pasado en el que los comunistas no eran estalinistas, en el que los socialistas no defendían la dictadura del proletariado, en el que no había checas, paseos, ni barcos prisión convertidos en campos de exterminio, y en el que por supuesto la izquierda defendía la libertad y la democracia. Si hubiera una legislación contra los bulos, no quedaría nada de la memoria histórica y democrática de la izquierda.

El hecho sin embargo es que la izquierda y el nacionalismo, aunque no pueden borrar la historia, sí que podrían derribar el Monumento a los Caídos. En este sentido quizá no se trata sólo o no tanto de defender el Monumento como de defender la verdad, de poner freno a la prepotencia abusiva de la izquierda, de limitar su obsesión por reescribir y maquillar su propia la historia, de vender una división falsa entre franquistas y demócratas, de contar sólo una parte de los crímenes de la guerra, y ya por fin de andar sacando de las tumbas a los muertos y derribando sus panteones. Una forma de poner freno a esto podría ser la advertencia de volver a levantar todo lo que la izquierda y el nacionalismo se empeñen en derribar sin consenso. Aunque entrar en semejante dinámica fuera absurdo para todos menos para Keynes, un edificio derribado se puede volver a levantar una y otra vez. Es sólo cuestión de dinero. Pero puede ser también una cuestión de hacerse respetar. ¿Y de dónde podría sacarse el dinero para reconstruir el edificio de los Caídos si fuera derribado? La partida más lógica y sacrificable, por tener menor repercusión para los ciudadanos y evitar una subida de impuestos, podría ser la del euskera. Con el dinero que se gasta en euskera en una o dos legislaturas, podrían volver a construirse el Monumento a los Caídos y las Torres Gemelas. Es todo muy absurdo pero en algún momento hay que poner un freno y eso sí que no es un absurdo. Hay cosas que la izquierda y el nacionalismo deben abstenerse de hacer sin consenso o asumir que las mayorías pueden no ser para siempre y que algunas de esas decisiones impuestas por consenso se pueden revertir. Si para que la izquierda y el nacionalismo comprendan eso puede bastar con reconstruir un edificio barato puede salir.

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