¿Por qué el PP o UPN no van a conseguir el voto del centro-izquierda?

Hay estrategias políticas que giran en torno a un mito. Son estrategias condenadas al fracaso. Uno de estos mitos es el del votante socialista moderado, que va a acabar votando a la derecha si la izquierda se radicaliza y si la derecha se desplaza hacia la izquierda. Elección tras elección, sin embargo, se comprueba que ese votante no existe. La consecuencia es un estupor incomprensible ante la resistencia de la izquierda y unos resultados electorales que no llegan. ¿Pero por qué es un mito el votante de izquierdas moderado y por qué no se produce ese trasvase de voto?

Quizá el error del que parte esta visión del terreno de juego político es qué consideramos derecha y qué consideramos izquierda. Atención porque aquí quizá estamos empezando a ser un poco osados, pero hace falta un poco de osadía para buscar una explicación alternativa cuando la que estamos manejando no funciona. Cierta es la explicación que funciona. Si una explicación no funciona es porque no responde a la realidad y si funciona es porque sí responde a ella por extravagante que parezca a primera vista.

¿Por qué el PSOE no sufre una fuerte fuga de votos, como esperan partidos como el PP o UPN, cuando el PSOE se echa en brazos del discurso de extrema izquierda? ¿Dónde está el fallo en el diagnóstico para explicar que ese resultado esperado no se produzca? Pues quizá la explicación más sencilla es que el PSOE no es un partido de izquierda, sino de extrema izquierda, y que el electorado del PSOE por tanto no es un electorado de izquierda sino de extrema izquierda. Esto sin duda explicaría por qué el PSOE no pierde voto aunque abrace discursos propios de lo que solemos entender que es la extrema izquierda. Es más, esto explica por qué el PSOE pierde votos y alimenta fenómenos como Podemos o Sumar cuando se centra.

Pero entonces, si el PSOE no es un partido de izquierda sino de extrema izquierda, ¿dónde está la izquierda? Bajo este punto de vista, la izquierda sería el Partido Popular. O sea, el PP sería un partido socialdemócrata de centro-izquierda. El PP estaría ocupando el lugar ideológico que pensábamos que ocupa el PSOE. Y en realidad, ¿es un disparate pensar algo así? ¿Cuál es el perfil ideológico de alguien como Feijóo? ¿Se sentiría cómodo Feijóo definiéndose como alguien de derechas? ¿No sería feliz en realidad Feijóo pudiendo presentarse como un líder de centro-izquierda? ¿No sería Feijóo el candidato moderado ideal para unas primarias dentro del PSOE? Lo cual nos lleva a la siguiente osadía y a la respuesta a la gran pregunta.

¿Por qué cuando el PSOE abraza un discurso ultraizquierdista no pierde voto ni se produce un vuleco electoral? ¿Dónde está el votante socialista moderado? ¿Por qué ese votante no migra al PP? Pues porque el votante de centro-izquierda ya vota al PP. Ese voto ya está en el PP. Ese voto ya ha migrado. Cuando pensamos en el perfil de un votante moderado de centro izquierda no estamos pensando en el votante socialista, sino en Esteban González Pons

Pero en ese caso, ¿dónde está la derecha? Pues la derecha sería VOX. Bajo este esquema VOX no sería la ultraderecha sino la derecha, lo que podríamos venir a considerar un partido conservador, patriota y tradicional, defensor de los valores cristianos, el mercado y la propiedad. Por eso es el votante de este perfil el que está migrando del PP a VOX en vez de haber una migración del PSOE al PP.

Esta visión de las cosas, por otra parte, explica por qué muchos líderes del PP o de UPN, empezando por Feijóo, buscan un acuerdo con el PSOE (ellos dicen que con el verdadero PSOE o el PSOE de siempre) en vez de con VOX. Digamos que entre derecha e izquierda la frontera es una raya continua, y que sin embargo dentro del bloque de la izquierda o de la derecha las fronteras entre los distintos partidos son una raya de puntos. ¿Por qué en el PP se prefiere pactar con el PSOE que con VOX? Porque los líderes del PP, por lo menos muy buena parte de ellos, piensan en la frontera con el PSOE como en una línea de puntos, mientras que piensan en la frotera con VOX como en una raya continua. En la práctica, por consiguiente, el PP se comporta como si estuviera en el bloque de la izquierda y como si la frontera entre derecha e izquierda se encontrara entre el PP y VOX, no entre el PP y el PSOE. ¿Por qué entonces el PP, siquiera a regañadientes, gobierna en muchas comunidades y ayuntamientos de la mano de VOX? Pues porque es el PSOE quien no quiere pactar con el PP y pactar con VOX se convierte por tanto en la única forma que le queda de llegar al poder.

En esta aventurada hipótesis que estamos planteando seguramente la sociedad española como conjunto es más izquierdista o socialdemócrata de lo que solemos querer suponer, aunque por otro lado no nos cansamos de repetir que el discurso dominante que modela la sociedad es un discurso izquierdista-woke. Por tanto no sería sorprendente que ese discurso dominante de lugar a una mayoría social izquierdista-woke. En todo caso podríamos concluir que demasiado poco izquierdista es nuestra sociedad y demasiado resiste teniendo en cuenta el continuo bombardeo ideológico al que está sometida.

Si el PSOE es un partido mucho más ultraizquierdista de lo que pensamos y el PP un partido más izquierdista de lo que deseamos, con lo que a lo mejor nos encontramos no es con que el PSOE puede perder votos si abraza el ultraizquierdismo, sino que es el PP el que puede perder votos si se desplaza todavía más a la izquierda corriendo detrás del PSOE y de ese votante mítico descontento del centro-izquierda. En la contemplación del cuadro desde este punto de vista, seguramente quedan muchos menos votantes de centro-izquierda en el PSOE que votantes de centro-derecha en el PP. El PSOE es un partido de 7,8 millones de votos y puede que sólo la décima parte de ellos se consideren todavía personas de centro-izquierda. Sin embargo, de los 8,16 millones de votantes del PP, probablemente más de la mitad se sienten personas de centro-derecha. La otra mitad dirá que se siente de centro. Por otro lado sólo así se explican los resultados electorales a la vista de lo que las encuestas nos dicen sobre la autoubicación ideológica de los españoles.

La conclusión de todo esto podría ser que la sociedad española es una sociedad más escorada a la izquierda de lo que pensamos, y que por tanto la batalla ideológica puede ser más larga y dura de lo que prevemos. También que el PSOE es un partido con un electorado más radical del que suponemos, por lo que no va a penalizar mucho la radicalización de su discurso. Asimismo el PP sería un partido más socialdemócrata de lo que nos gustaría admitir, por lo que el votante de centro o de centro izquierda hace tiempo que ya no está en el PSOE, o en muy pequeña proporción. Ese vuelco que a veces se espera no va a llegar por tanto porque ha sido un goteo que ya ha tenido lugar, y no va a haber un cambio profundo en la sociedad sin una dura y larga batalla ideológica y cultural de por medio. Por supuesto el PSOE puede perder unas elecciones, y seguramente las perderá, pero la alternativa no será la derecha y la extrema derecha como dice la propaganda gubernamental, sino un partido muy moderado y prácticamente centro-izquierdista como es el PP y un partido tan sólo de derechas o meramente conservador como sería VOX, pese a su constante criminalización. De hecho el problema de hablar de izquierda, derecha y centro en vez de ideologías, es que son meras posiciones relativas. En un tablero político lo bastante radicalizado la ETA podría ser el centro y el PSOE la extrema derecha. Hay quien hasta le hace ojitos a ese tablero y lo contempla en su fantasia con fruición.

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Un comentario

  1. La sociedad española está muy envejecida, el mayor porcentaje de votos que obtienen tanto el PP como el PNV y el PSOE está entre los mayores de 65 años, de hecho, todas las políticas sociales han ido orientadas hacia ellos. Pero es una generación que va muriendo y los jóvenes votan a partidos de extrema izquierda o a VOX Los que estamos entre los 35 y 65 años pasamos del régimen del 78, hemos visto como se han reído de nosotros a la puta cara y nos hemos aguantado, encima, sabemos que no vamos a tener pensiones

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