¿Son en algún sentido Pablo Hasél y Valtònyc alguna clase de referencia? Para la gente de bien no, pero sí lo son para formaciones como Podemos. O sea, son formaciones como Podemos y sus líderes las que han encumbrado y convertidos en referentes a personajes como Hasél y Valtònyc. Son también quienes los han defendido pese a su comisión de delitos. Puede por tanto que no se pueda usar a Hasél y Valtònyc como referencia para otras personas, pero sí respecto a Podemos y sus figuras, siquiera porque son ellos quienes han convertido a Hasél y Valtònyc en referentes.
Hasél y Valtonyc llamando a @PODEMOS "la pata zurda del fascismo" Ojo. pic.twitter.com/jpJroxwJDH
— Doc Holliday (@JessRp3) February 17, 2021
El caso es que personajes como Hasél y Valtònyc etiquetan como fascistas a personajes como Irene Montero, Pablo Iglesias o Ione Belarra. Todos los líderes de Podemos serían “la pata zurda del fascismo”. De hecho, gente como la de Podemos encarnaría el tipo de fascismo más peligroso, porque sería el fascismo que no va de frente, el fascismo que se dedica a desactivar a los auténticos antifascistas haciéndose pasar por antifascista.
Al fascismo no hay que reírle las gracias, al fascismo hay que pararlo en las calles y en las instituciones. pic.twitter.com/YElFYFnMZD
— Ione Belarra (@ionebelarra) October 30, 2025
La ironía se cuenta sola, porque gente como Iglesias, Montero y Belarra se pasan el día hablando del fascismo, marcando como fascistas a todo tipo de personas que no piensan como ellos, e incluso bendiciendo la muerte de los fascistas. Todo el que marcan como fascista sería por tanto en principio asesinable. Lo inesperado es que también ellos pueden ser marcados como fascistas.

A fin de cuentas ser fascista ya no es nada que resulte discernible. Se ha vaciado deliberadamente el concepto real de fascismo para poder meter en él a cualquiera, porque ateniéndonos al concepto real de fascismo nos encontramos con tres problemas. Primero que ya no serviría para criminalizar a todo el que pasa por en medio. Segundo que ateniéndonos al concepto real de fascista hay en España cuatro fascistas. Y tercero que ateniéndonos estrictamente al concepto real de fascismo y su ideología, nos enconctraríamos con que es un movimiento socialista y de izquierdas. Ser fascista lo han convertido por consiguiente en una mera posición relativa. Ser fascista es no estar lo suficientemente a la izquierda. Pero como izquierda, derecha o centro no son posiciones ideológicas sino geográficas, y por tanto relativas, cualquiera que se vaya lo suficientemente a la izquierda te puede convertir en fascista. De este modo, para Hasél y Valtònyc resulta que Podemos es fascista, igual que hasta hace cuatro días para la izquierda abertzale el PSOE también era fascista. Dentro de cuatro días, por tanto, el PSOE, en cuanto les deje de ser útil, puede perfectamente volver a ser considerado fascista por todo lo que tiene a su izquierda.
Pablo Hasèl: “Que ‘la socialdemocracia es la pata izquierda del fascismo’ ha quedado sobradamente probado” https://t.co/BJ79SETVma pic.twitter.com/Fjwkyy6eRY
— juanjo.basterra (@jotabe1963) March 1, 2024
Siempre, no obstante, se puede ser un poco más puro y un poco más radical. Siempre se puede estar un poco más a la izquierda. También alguien podría colocarse aún más a la izquierda que Hasél y Valtònyc y llamar fascistas a Hasél y Valtònyc. Para establecer una ortodoxia, habría que crear la Real Academia Española del Antifascismo, que determinara en cada momento lo que es o no es fascista. Naturalmente siempre podría aparecer alguien discrepando y diciendo que la Real Academia Española del Antifascismo es fascista, y que sólo así podría entenderse que no considerara fascistas a Zutano y Mengano. En cualquier caso aquí tenemos retratados a todos los podemitas. Primero nos enseñaron que había que escuchar a gente como Hasél y Valtònyc. Después nos han enseñado que el fascista bueno es el fascista muerto. A continuación, Hasél y Valtònyc les han marcado como fascistas a ellos. Si llegaran con su razonamiento hasta el final podríamos llegar a considerarlo como un caso de autoextinción y de darwinismo político.