Los tipos se disparan y vuelve la pregunta: ¿cuándo va a estallar la montaña de deuda?

Hay inquietud en los mercados porque los tipos de interés de la deuda pública están alcanzando máximos históricos en las últimas fechas. Nos encontramos además ante un fenómeno prácticamente global, por lo que si hay un problema no hay apenas zonas seguras en que encontrar refugio. El rendimiento del bono USA a 30 años superaba ayer por ejemplo el 5,3%, una barrera no vista desde hace mucho. ¿Qué significa esto?

Que los tipos de interés suban significa que endeudarse resulta más caro. Hay que pagar más por los préstamos. También es más cara la deuda ya contraída. Si debes 100.000 millones, con algunos matices, por cada subida de tipos de un 1% debes pagar 1.000 millones más. Es decir, la prosperidad global reposa sobre una inmensa montaña de deuda que es de hecho impagable desde hace años, lo que se hace es refinanciarla año tras año e ir pagando sólo los intereses. Evidentemente el juego cambia cuando suben los tipos, si refinanciar pasa a ser más caro en vez de más barato. El peso de los intereses de la deuda ya contraída se dispara en este supuesto. Pensemos además que nos encontramos sumidos en una dinámica que no permite parar el endeudamiento. No al menos sin detener el gasto y llevar a cabo un replanteamiento.

¿Qué hacemos encima si suben los tipos, con las cuentas públicas de todos los gobiernos occidentales viviendo desde la crisis de 2008 instaladas en un déficit permanente? Es decir, hace mucho que los países occidentales viven por encima de sus posibilidades con unos estados cuyos costes no pueden pagar con lo que se genera, sino con deuda que se emite constantemente. De hecho por esto están subiendo los tipos. La cuestión no obstante es cómo mantener el coste del gasto público si endeudarse cada vez cuesta más caro. Y si la capacidad de endeudamiento llega a un límite, ¿cómo seguir pagando un estado que sólo sostiene la deuda?

La respuesta hasta ahora de los estados a la pregunta de cómo pagar la deuda es imprimir más dinero. ¿Por qué suben los tipos de interés y la inflación? ¿Por qué con el mismo dinero cada vez podemos meter menos cosas en el carro de la compra y nos llevamos empobreciendo hace tiempo? Pues precisamente porque los gobiernos occidentales llevan muchos años “imprimiendo” dinero para pagar sus gastos. Menos los economistas de Podemos, todo el mundo sabe que imprimir billetes eleva la inflación y devalúa el dinero. No es realmente como solemos pensar que suban los precios, es que de tanto imprimir baja el valor del dinero. Por eso sube el precio de todo, no sólo el precio de tal o cual cosa por un problema específico.

Naturalmente esta situación de fondo se agrava ante determinadas coyunturas, como la guerra de Ucrania o el cierre de Ormuz, pero sería un error pensar que estas coyunturas son la causa del problema y no un potenciador o acelerador del problema. Lo que sucede es que en los últimos tiempos se nos van abriendo nuevos frentes de problemas sin resolver ninguno, y por supuesto sin resolver el problema de fondo. La pelota por tanto sigue creciendo.

En esta coyuntura el discurso estatalista se lava las manos y culpa a las grandes empresas tecnológicas de gastar demasiado en grandes inversiones como los centros de datos para la IA. Si sube el precio de endeudarse es culpa de la demanda de deuda por parte de las grandes empresas de tecnología. ¿Es esto cierto? Básicamente no, aunque lo diga el Financial Times. Es decir, obviamente las grandes tecnológicas están llevando a cabo enormes inversiones en IA y parte de esas inversiones se pagan con deuda, pero es deuda privada y son inversiones de las que se espera un enorme retorno. Si de cualquier forma el retorno no llega el problema lo tendrán que afrontar principalmente las tecnológicas que invierten masivamente en IA. Lo que observamos por el contrario es que se disparan los tipos de la deuda pública. A diferencia de la deuda privada para IA, además, la deuda pública no tiene otro objeto que pagar el gasto corriente de la administración, como los gastos de personal, y es gasto que ni se espera que tenga ni vaya a tener en ningún caso un retorno. Si las cuentas públicas de los estados se encontraran saneadas y subiera la deuda de las tecnológicas estaríamos en un escenario distinto. El escenario en el que estamos es que, como evidencian las tablas que salpican este análisis, tras la crisis de 2008 ha desaparecido por completo cualquier atisbo de disciplina de gasto o de ortodoxia presupuestaria, y todos los gobiernos occidentales prácticamente sin excepción viven instalados año tras año en récords de deuda y presupuestos deficitarios. Esto sucede además en tiempos de bonanza y con máximos de recaudación. ¿Qué pasará cuando llegue un cambio de ciclo y si ese cambio de ciclo llega precisamente por una crisis de deuda?

Es por esto que los mercados andan preocupados en las últimas horas y no les falta razón. En realidad todo el mundo sabe que esto reventará en algún momento. El diagnóstico es incuestionable. El problema es el pronóstico y poner fecha a la gran explosión. Nadie duda de la gran explosión, pero nadie sabe el momento exacto de la gran explosión.

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