Tenemos un debate sobre la vivienda porque tenemos un problema con la vivienda. Tenemos un problema con la vivienda porque llevamos décadas aplicando en vivienda políticas socialistas. Las políticas socialistas incluyen restringir la oferta de suelo, de modo que no se puede edificar en el 96% de la superficie de España y de modo que no se puede edificar en altura en el otro 4%. Las políticas socialistas también incluyen una fiscalidad asfixiante, aunque esto no afecta sólo a la vivienda sino a todo aquel que respira. Mal de muchos epidemia socialista. Las políticas socialistas también abocan a un infierno administrativo y burocrático para hacer cualquier cosa, lo que a su vez significa litigios, encarecimiento y que todo vaya más lento. Las políticas socialistas significan política de fronteras abiertas y meter en el país millones de personas que llegan sin papeles y sin recursos, pero que necesitan un techo, por lo que presionan al alza la demanda y el precio de la vivienda. Pero las políticas socialistas, sobre todo, significan odio al propietario. Al propietario hay que desprotegerlo y destruirlo. El propietario es un cáncer. El problema que tenemos con la vivienda es el resultado de todas estas formas catastróficas de organizar y ver la sociedad, a lo que debemos sumar todavía algún otro mal como tener una red eléctrica totalmente abandonada y al borde del apagón, a cuyos nudos ya no hay capacidad para seguir conectando más casas, más industrias ni más comercios, no digamos más centros de datos. Así tampoco puede haber crecimiento.
Digan claramente que quieren desahuciar a familias vulnerables, porque creen que los intereses de los propietarios están por delante.
— Mertxe Aizpurua (@MertxeAizpurua) February 11, 2026
Asuman sus responsabilidades por no haber hecho los deberes, actúen con valentía y sean honestos con la gente.pic.twitter.com/NklPce66RX
Uno de los signos de los tiempos en España es que para ilustrar la situación en cualquier área podemos usar lo que diga Bildu como modelo. En la izquierda española ya no hay matices. No hay una extrema izquierda porque para eso haría falta que existiera una izquierda moderada. No hay una izquierda más a la izquierda todavía. Por eso el discurso de Bildu ilustra lo que dice todo el resto de la izquierda. Bildu ya no es más radical que el resto de la izquierda. Toda la izquierda española se ha radicalizado hasta empatar con Bildu. Tampoco nos extrañemos, porque en los mapas de situación de la izquierda española Bildu se ha convertido en la piedra angular de la gobernabilidad en España desde los tiempos de Zapatero.
Desde 2022 se han creado 960.000 hogares, pero sólo se han construido 366.000 viviendas.
— Santiago Calvo (@SantiCalvo_Eco) February 10, 2026
Resultado: un déficit cercano a las 600.000 viviendas. pic.twitter.com/I0GN5ruUi9
La cuestión es que Bildu, o sea la izquierda española, crea un falso dilema entre propietarios y familias vulnerables. Por cierto, familias vulnerables en su macrovisión son sin matices todas las que no son propietarias, o eres vulnerable o eres propietario. Todo el que no es vulnerable es malo, o sea propietario. Nos encontramos una vez más con la imposibilidad de que pueda progresar una sociedad gobernada por la idea de que hay que elegir entre ser pobre o hijodeputa. Generalizar esta idea en la cabeza de la gente desde niña sólo puede producir sociedades no prósperas. Predican el pauperismo. Si la gente sale de la pobreza la pierden. Es imposible predicar la pobreza y conseguir otra cosa que la pobreza. Sobre todo porque la escasez y la pobreza es un estado natural en un mundo imperfecto. Para ser pobres basta con no hacer nada. Para salir de la pobreza en cambio hace falta esfuerzo. Por eso la izquierda también odia el esfuerzo.
🔌 Bloqueo total en la red eléctrica: los nuevos proyectos industriales y de vivienda no se podrán conectar
— ABC.es (@abc_es) February 6, 2026
Tanto la infraestructura de distribución como de transporte, a cargo de Red Eléctrica, están colapsadas
✍️ Informa @raulmasa https://t.co/ZHgpnd6ofS
La izquierda divide la sociedad entre gente y propietarios, como si los propietarios no fueran gente. Para la izquierda la gente tiene derechos y los propietarios no. La gente tiene derecho a una vivienda siempre que no sea la propietaria de la vivienda. No defendiendo la propiedad de la gente sobre la vivienda acabas dejando sin vivienda a la gente. Tampoco es que la izquierda quiera realmente que la gente tenga una vivienda sino que la gente tenga una dependencia de la izquierda para tener un techo, porque la dependencia genera sumisión y obediencia. No te puedes rebelar contra aquel del que dependes para tener un techo o para comer.
El esfuerzo para alquilar (38%) supera en 12 puntos al de compra de vivienda https://t.co/KXqBUkmV2J
— idealista (@idealista) February 10, 2026

¿Qué significa crear un falso dilema entre las familias vulnerables y los propietarios? Por esa misma regla de tres, las familias vulnerables deberían tener reconocido el derecho a irse sin pagar de los restaurantes, de los supermercados, de las zapaterías, de los conciertos o de las saunas del suegro de Pedro Sánchez. No existe tal derecho. No se reconoce tal derecho salvo en contra de los propietarios de viviendas. Lo que tiene que hacer el gobierno es proteger a las familias vulnerables y también a los propietarios. No puede proteger a unos a costa de desproteger a los otros. Si una familia realmente es vulnerable debe ser ayudada para que pueda pagar un alquiler, no desproteger al propietario para que se deje sin pagar el alquiler. Si de proteger a las familias vulnerables debe encargarse el propietario en vez del estado, ¿para qué queremos al estado? ¿Para qué pagamos impuestos? ¿Por qué además la izquierda protege por igual a los vulnerables que a los caraduras? ¿Cómo pueden dar de sí los recursos del estado, que no son del estado sino recursos detraídos a la gente, si no distingue entre vulnerables y caraduras?
Así frena el urbanismo la construcción de vivienda: el 96% del suelo no es edificable en España
— Diego de la Cruz (@diegodelacruz) January 28, 2026
No hay ámbito más intervenido que la vivienda… y así nos va https://t.co/ihBmR4n6ff
Que alguien tenga un piso para alquilar es bueno. Si tiene dos es todavía mejor. Para que haya pisos en alquiler tiene que haber alguien que los tenga en propiedad. Tener un piso para alquilarlo no es la peor inversión que puede hacer una persona desde el punto de vista social y el estado no debería perseguirla. Es bueno para el ahorro y también para la persona que lo alquila. Según Rufián los ahorros propios de una persona o los que hereda de sus padres se deben dedicar, literalmente, a vino, cuadros o criptomonedas, pero no a la vivienda. No se puede tener un discurso más catastrófico. Si usas las leyes para dirigir los ahorros de la gente a las criptos y la bebida en vez a la vivienda tendrás por un lado gente que no encuentra un piso para alquilar, o sólo a precios disparatados, y por otro a gente arruinada y borracha.
Gabriel Rufián, sobre el problema de la vivienda: “La gente que tiene pasta, pues que invierta en oro, en bolsa, en vino… Quien quiera especular con vivienda, que pague muchos más impuestos”.
— Wall Street Wolverine (@wallstwolverine) October 21, 2025
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Para solucionar el problema de la vivienda hay que generar las condiciones que permitan construir vivienda barata, o simplemente construir, lo que nos devuelve al primer párrafo del análisis. Más ladrillo y menos ideología. Facilitemos el trabajo al promotor y habrá más vivienda disponible. Protejamos al propietario y habrá más oferta de alquiler. Protejamos aunque se aun poco al que presta el dinero y habrá más financiación para comprar un piso. Como no te pueden desahuciar si dejas de pagar la hipoteca sucede que la hipoteca deja de ser una garantía y el banco no presta, de modo que ahora cuesta más un alquiler que una hipoteca pero la gente no puede comprar. El hecho es que venimos de un escenario en el que no había un problema con la vivienda y la inmensa mayoría de los españoles eran propietarios de su vivienda. No tenemos por tanto que inventar nada, sino desandar el camino andado en la dirección equivocada. Desandar el socialismo. Volver al punto en que las cosas aún funcionaban bien en España.