La lucha contra la pobreza en el mundo tropieza con la izquierda y el Islam

Algún día alguien tendrá que hacerle justicia a Javier Milei. Ya no se habla tanto de Milei en los grandes medios de izquierda y es por una razón: las políticas de Milei están funcionando. La pobreza cae en Argentina pero la izquierda no se alegra por ello. ¿Acaso no era lo que quería la izquierda? Al parecer no, puesto que lo lamenta. Mejor que la gente sea pobre con nuestro recetario a que salga de la pobreza con el recetario de la derecha. Lo que importa entonces es el recetario, no sacar a la gente de la pobreza. El problema es que el recetario de la izquierda genera pobreza. Milei llega al poder tras décadas de políticas socialperonistas que llevan a Argentina, un país rico en recursos naturales, a la absoluta pobreza. No es que Milei rompa los esquemas sacando a los argentinos de la pobreza, es que con los esquemas socialistas no hay otro resultado posible que la pobreza.

No se trata sin emabargo de idolatrar a Milei. El presidente de Argentina es un ser humano como lo somos todos, con nuestras virtudes y nuestros defectos. Lo que está sacando a los argentinos de la pobreza son las ideas de Milei, no el propio Milei. Si Milei aplicara el catecismo económico de la izquierda la pobreza volvería a crecer. Son las ideas, no el hombre. Interesa tener esto en cuenta porque los humanos somos falibles y a lo mejor mañana Milei cae por un escándalo y eso no invalidaría el recetario de Milei. Hay que reconocer sin embargo algunas buenas cualidades a Milei. Tener el recetario correcto es necesario, pero no suficiente. Para que la gente lo apoye hay que saber explicarlo. En este sentido Milei ha llevado a cabo no sólo en Argentina sino en todo el mundo un impagable papel de divulgador. Al haber convertido la izquierda a Milei en el enemigo público número dos a nivel mundial, de algún modo le ha hecho un favor. Poner el foco sobre Milei hubiera sido una buena idea si Milei hubiera fracasado, pero resulta que la política de Milei está triunfando. Has puesto a Milei bajo la luz para ver cómo fracasaba pero resulta que, tras hacerlo popular, lo que ahora ve el mundo es cómo sus ideas funcionan. El efecto dominó puede ser evidente en toda Hispanoamérica y de hecho en el resto del mundo. ¿Quién va a querer ser como Venezuela en vez de como Argentina? ¿Dónde está la puerta de salida de la pobreza?

Desde luego Milei no lo ha tenido fácil. Ha llegado al poder con una economía destruida. Nadie pensaba que iba a poder salir del pozo sin dolor y sacrificio. La sorpresa en todo caso es que los buenos resultados están llegando antes de lo esperado. Milei ha conseguido controlar el déficit y la inflación. El problema es que cortar la hemorragia de gasto público, aunque sea imprescindible para equilibrar la economía y las cuentas de un país, puede implicar un frenazo brusco del crecimiento a corto plazo. La realidad sin embargo es que el coste del estado es el agua que no riega el campo de al lado. Toda la riqueza que deja de gastar el estado no es riqueza que desaparece, es riqueza que riega todos los campos alrededor del estado, estimula la economía privada, genera inversión, consumo y crecimiento. Quizá por ello el mero hecho de controlar el gasto público con la motosierra ha sido menos cruento de lo esperado y ha tenido efectos beneficiosos tan inmediatos.

Naturalmente ha habido momentos difíciles, pero irónicamente más desde el punto de vista político que económico. De este modo, Argentina tuvo que sufrir un fuerte revés financiero tras la derrota de Milei en las elecciones provinciales de Buenos Aires en septiembre. Observando esta derrota electoral, los inversores nacionales e internacionales entraron en pánico ante un posible regreso de las políticas peronistas. La situación no obstante se revirtió en un primer momento por el apoyo financiero de Trump a Argentina, y un mes después por el triunfo arrollador de Milei en las elecciones legislativas. El resurgir del peronismo en Buenos Aires un mes antes sólo fue un espejismo.

Lo cierto es que si el objetivo es reducir la pobreza habría que fijarse en Milei en vez de en las políticas socialistas. ¿Importa el discurso o importa el resultado? El hecho es que de palabra nadie quiere la pobreza, ni la izquierda ni la derecha, aunque la izquierda habla como si fuera la única que estuviera en contra de la miseria. La cuestión es que, al llegar a los resultados, ¿cuál es la fórmula que realmente saca a la gente de la pobreza? ¿Queremos acabar con la desigualdad o con la pobreza? ¿Preferimos un mundo de pobres pero iguales a un mundo desigual pero sin pobreza? ¿Y en qué país socialista son por otro lado los líderes socialistas “iguales” al resto? ¿Puede haber mayor desigualdad que la que suele haber entre en los líderes de un país socialista y el pueblo de ese país?

Basta observar cualquier mapa del mundo para entender que el mapa de la pobreza es un mapa político. Los países ricos son todos capitalistas, desde los EEUU hasta Dinamarca pasando por Japón, con todos los matices entre ellos que se quiera. China sólo ha podido salir de la miseria en la medida en que ha avanzado desde la ortodoxia comunista hacia el comercio con el occidente capitalista. ¿Cúal es el mapa de la pobreza? ¿Cuáles son los países y los continentes que no terminan de despegar? La frontera de la riqueza es evidente que son con escasas excepciones el socialismo y el Islam. Donde empiezan el socialismo y el Islam empieza también la pobreza y el subdesarrollo. Hispanoamérica y Africa son las dos grandes víctimas de estas ideologías fallidas e incompatibles con el desarrollo (y la libertad). Obviamente hay mucha riqueza en Irán o en Arabia Saudí, pero no para le gente normal, sino para los jeques, los emires y los ayatolás. La riqueza de los países árabes, por otro lado, no emana de su propio desarrollo sino de la mera posesión de materias primas que demandan y pagan los países desarrollados. Sin gas y petróleo los países ricos del ámbito musulmán, o por lo menos los países donde sus dirigentes son muy ricos, volverían a vivir de los dátiles y del pastoreo de rebaños de camellos. El florecimiento del mundo árabe se acabó en cuanto se impuso el Islam. Al menos el musulmán, a diferencia del socialista, se puede consolar pensando en algún tipo de recompensa en el más allá. Por lo que respecta al más acá, vivir bien y además libre implica tener lo más lejos posible al socialismo y al Islam.

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