El cuento chino de la Agenda 2030

Una ventaja que tiene China sobre Occidente es que piensa a largo plazo. Mientras por ejemplo en España el objetivo del presidente del gobierno es dormir como sea una noche más en Moncloa, hipotecando el futuro de todos los españoles si es necesario, en China se trazan planes estratégicos a largo plazo. En Occidente el pensamiento sólo es táctico, eso si hay pensamiento: en China los planes y plazos son estratégicos.

Podríamos pensar que el peligro de China es fundamentalmente militar, y quizá cometiéramos con ello un grave error. Desde luego el creciente poderío militar chino es un factor a considerar, pero podemos estar cometiendo una doble equivocación al respecto. Primero desviar la atención al plano militar, cuando es otro el foco que realmente tenemos abierto, y segundo pensar en una amenaza futura e hipotética, cuando ya estamos siendo arrasados. Lo que pasa es que en el mundo moderno no hacen falta carros de combate para ser invadidos.

¿Cuál es el dominio económico que ya tiene China sobre nosotros? Un atisbo de nuestra dependencia lo pudimos atisbar en pandemia. Si China para, quedamos desabastecidos. Hemos externalizado hasta tal punto nuestra producción y nuestra industria hacia China que la potencia oriental nos tiene en sus manos. No hace falta invadirnos militarmente para tenernos sometidos y la dependencia conduce al sometimiento. Por otro lado tenemos no uno sino dos problemas con la externalización y deslocación de nuestra industria, porque aparte de haber dejado en manos externas la producción de todos nuestros bienes de equipo, además la hemos dejado sólo en manos de China. Es decir, podíamos haber externalizado la producción pero dejándola al menos en manos de varios países distintos, para no depender sólo de uno, pero lo hemos dejado prácticamente todo en manos de China, que por otra parte no es un país más, sino la mayor dictadura comunista de la historia.

No parece sin embargo que China haya asistido pasivamente sin más a un proceso de deslocación decidido por nosotros mismos, en base sin más a nuestros teóricos beneficios o a nuestros propios errores. Seguramente China nos ha ayudado un poco a equivocarnos. Digamos que China ha planificado nuestra decadencia y por ende nuestra dependencia de China. Un ejemplo podría ser la famosa Agenda 2030. Solemos pensar en la Agenda 2030, no sin razón, como las tablas de la ley del pensamiento woke: decrecerás, no tendrás nada y serás feliz, no comerás carne, no tendrás hijos, no te moverás a tu antojo en un coche particular, tus derechos individuales podrán ser triturados en base a la sostenibilidad y en nombre del interés colectivo, decidido en cada momento por el gobierno mundial. ¿Pero esto es el pensamiento woke o el pensamiento chino? O más precisamente, ¿es el pensamiento woke el instrumento chino para debilitarnos, hacernos dependientes y someternos?

El pensamiento woke y la Agenda 2030, valga la redundancia, no es por otro lado y en sentido estricto un ideario global. Vaya usted a China a decir que hay que decrecer o que no se produzcan coches, o a impartir en los colegios la ideología LGBTX. ¿No es de hecho bastante sospechoso que el mundo desarrollado se esté dividiendo en dos, el que sigue la Agenda 2030 y China? Si la Agenda 2030 hace más débil a Occidente y más fuerte a China, y sólo se aplica en Occidente, ¿hasta qué punto resulta disparatado pensar que la Agenda 2030 es precisamente un plan diseñado por la propia China para debilitar a Occidente y que China obviamente no piensa aplicarse a sí misma?

Es evidente que China sigue otras reglas, no sólo produciendo energía nuclear, coches o cualquier otro bien de equipo, también a nivel ideológico. Más allá de que los chinos sean comunistas y que aquí no falten los comunistas, incluso entre los comunistas orientales y occidentales existen diferencias fundamentales. Para que a los comunistas orientales les vaya mejor, parece que a los comunistas occidentales se les ha enseñado a predicar en Occidente que hay que destruir la familia, que hay que promover lo gay y lo trans, que hay que desterrar la cultura del esfuerzo, que hay que decrecer, que hace falta un reemplazo poblacional. Vaya usted a China a entrar sin papeles o a defender un reemplazo poblacional.

El plan de Occidente es autodestruirse, la pregunta es si China observa nuestro plan entre risitas o impulsa ese plan. Incluso en pequeños detalles a escala global, como Skolae (el programa del gobierno navarro para imponer la ideología de género en los colegios), resulta que el premio internacional a este programa estaba financiado por China. Decir en un colegio chino lo que se pretendía imponer universalmente en los colegios navarros es sin embargo motivo de cárcel en China, pero China en cambio financia esa imposición ideológica en los colegios occidentales. Cuando menos es algo curioso. Pero es que ahora además tenemos un vuelco de toda la política económica española hacia China, impulsada por el gobierno. Las grandes infraestructuras tecnológicas y de comunicaciones se van a implantar y desarrollar en España de la mano de China. El PSOE de Sánchez y Zapatero lidera el antitrumpismo mundial girando hacia la encantadora y democrática China. Los líderes de Podemos viajan a China y vuelven recitando los mandamientos. La pregunta es si los chinos echan miguitas porque van las palomas o van las palomas porque los chinos echan miguitas. El resultado en todo caso es el mismo. Estamos comiendo miguitas de la mano de China.

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