Chávez dijo «¡exprópiese», Trump dice ahora «¡recupérese»

Un aspecto del que se está hablando poco respecto a la intervención de Trump contra el chavismo son los miles de millones de dólares que el estado venezolano debe a las petroleras estadounidenses. Todo el mundo recuerda el famoso “¡exprópiese!” de Hugo Chávez cuando paseando por la calle iba señalando los inmuebles o los comercios que debían ser expropiados. El dedo señalador de Hugo Chávez sustituía al derecho de propiedad. En el caso de los propietarios venezolanos, la indefensión era absoluta, pero Chávez extendió su afán expropiador también a la producción de petróleo. En 2007, Venezuela nacionalizó los proyectos de la Faja Petrolífera del Orinoco, obligando a las empresas extranjeras a migrar a empresas mixtas con mayoría de PDVSA (al menos el 60%). PDVSA es el acrónimo de Petróleos de Venezuela S.A, la petrolera estatal venezolana. Las principales compañías petroleras estadounidenses afectadas fueron ExxonMobil y ConocoPhillips, que rechazaron las nuevas condiciones impuestas por chantaje y vieron sus activos expropiados efectivamente.

Los valores expropiados a las petroleras USA se estiman a través de demandas en tribunales internacionales como el CIADI del Banco Mundial, que a lo largo de los años han determinado diversas compensaciones por considerar las nacionalizaciones como ilegales o insuficientemente compensadas. ConocoPhillips, por ejemplo, reclamó por proyectos como Petrozuata y Hamaca. Un tribunal arbitral ordenó a Venezuela pagar una indemnización de 8.700 millones de dólares más intereses. ExxonMobil reclamó inicialmente hasta 12.000 millones de dólares, aunque sólo se le ha reconocido el derecho a ser indemnizada por 1.600 millones más intereses.

El total adeudado e impagado a fecha de hoy solo a estas petroleras estadounidenses por las expropiaciones de 2007 superaría por tanto los 11.000 millones de dólares más los intereses acumulados. Es decir, probablemente la cifra real podría llegar a superar los 20.000 millones de dólares. Cuando por tanto Trump habla del petróleo venezolano, de las cantidades a pagar a los Estados Unidos, o de que el estado venezolano chavista robó a las compañías estadounidenses, habla con criterio y refiriéndose a todos estos episodios pasados y pendientes de pago, más allá de todos los costes de la operación militar en curso a cuenta del contribuyente estadounidense.

Cabe señalar que las nacionalizaciones petroleras de 2007 y siguientes, durante el gobierno de Hugo Chávez, afectaron también a la petrolera española Repsol. A diferencia de ExxonMobil o ConocoPhillips, sin embargo, Repsol decidió aceptar el chantaje de los chavistas y continuar su actividad bajo las condiciones impuestas por el gobierno para no ser expropiada. De este modo, Repsol sufrió un grave perjuicio pero no sufrió una expropiación forzosa directa ni por tanto presentó demandas arbitrales por nacionalización en el CIADI u otros tribunales.

El negocio del petróleo exige inversiones enormes de capital en bienes de equipo, por lo que la amenaza de una expropiación resulta un chantaje prácticamente imposible de esquivar, salvo asumiendo una perdida del 100% de las inversiones. Para evitar una pérdida total, Repsol decidió someterse al chantaje, asumiendo como después se ha comprobado con el caso de las petroleras estadounidenses que de hecho, por más que se acudiera a los tribunales internacionales, incluso con sentencias a favor sería imposible recuperar las inversiones expropiadas. Efectivamente, Venezuela no ha pagado más que una mínima fracción de las indemnizaciones y sólo mediante la acción militar y las exigencias de Trump respecto al petróleo es posible que los EEUU puedan recuperar los perjuicios de aquella expropiación.

Por lo demás, Repsol al decidir quedarse en Venezuela y, como le sucede al que decide someterse a un chantaje, después ha tenido que enfrentar otros muchos otros problemas posteriores con el gobierno chavista venezoelano, como deudas impagadas de PDVSA por suministros de crudo o gas, o revocaciones temporales de licencias ya concedidas.

Naturalmente la expropiación y chantaje de las empresas petroleras internacionales no supuso ningún tipo de enriquecimiento para Venezuela. La toma de control del sector del petróleo por parte del gobierno venezolano en primer lugar ha sido un desastre a efectos productivos. La producción de petróleo venezolana en la actualidad, debido a la pésima gestión estatal de PDVSA, se sitúa en torno al millón de barriles diarios, cuando llegó a alcanzar máximos de 3,7 millones de barriles diarios. En segundo lugar, de toda la riqueza petrolera venezolana el pueblo venezolano, que tiene que hacer cola en las gasolineras y tiene racionado el combustible (el precio es mínimo pero no hay), no ha visto el más mínimo beneficio a pesar de las expropiaciones chavistas, justificadas de forma populista y aplaudidas por la izquierda de todo el mundo en base a los increíbles beneficios que iban a recibir los venezolanos. En tercer lugar, los que sí han visto increíbles beneficios gracias a las expropiaciones y el intervencionismo del gobierno chavista han sido los prebostes del chavismo y los corruptos de terceros países que han hecho negocios con ellos. Algo sospechamos en España de todo lo que se ha estado cociendo.

Como resultado de todo lo anterior, y volviendo al asunto principal, el estado chavista ha generado un perjuicio a las empresas que se establecieron en Venezuela que en primer lugar es real y no se lo está inventando Trump, y que en segundo lugar las compañías estadounidenses, en el mundo real, sólo se van a poder cobrar gracias a la intervención militar, aunque sería un tanto osado pensar que la intervención ha tenido lugar sólo para conseguir esa compensación. Tiene sentido sin embargo que, una vez llevada a cabo la intervención, se aproveche para exigir esa compensación o para financiar el elevado coste de la intervención. Trump por otro lado envía de este modo un mensaje a todo el que piense expropiar bienes de empresas estadounidenses en cualquier parte del mundo. Piénsalo dos veces porque tomamos nota y aunque sea al cabo de mucho tiempo pasamos la cuenta. Expropia mejor sólo a los españoles que tienen gobiernos débiles y en general están indefensos. Es más, cualquier cosa que hagas contra una empresa española fuera de España toda la izquierda no sólo no apoyará a la empresa española, sino que aplaudirá al gobierno extranjero que ataque a la empresa española.

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