Othelo y Otello (Shakespeare y Verdi)

Javier Horno 12 febrero 2019
Imagen de Othelo y Otello  (Shakespeare y Verdi)

Este mes de enero he estado enfrascado con la tragedia de Shakespeare por motivos escolares. La Literatura Universal es una de las asignaturas más hermosas que un amante de la literatura puede impartir. El respetable, de edades entre los dieciséis y diecisiete años, responde perfectamente a las dificultades que entraña una obra de esta complejidad. Leer Otelo a la par que nuestros jóvenes alumnos nos aporta una suerte de naturalidad muy sana.

Comparar, en la medida de lo posible, esta tragedia con la versión que manejó Verdi para su ópera, es sumamente interesante, y daría lugar para un gran ensayo. Introducirse en el mundo musical de Verdi es una suerte; alguna vez he expresado que los grandes creadores nos dan las clases hechas.

Descubrí la tragedia shakespearana con el profesor D. Miguel Odero de Dios, un sacerdote que impartía Teología de un modo original en primero de Filología Hispánica. El P. Odero de Dios fumaba en pipa y leía con una voracidad que nos tenía asombrados. Nos decía que si queríamos ser filólogos debíamos leer cuatro o cinco libros por semana. Organizó un seminario en el que elegíamos para leer una obra clásica y la comentábamos entre nuestros compañeros. Yo elegí Otelo. Me dejó prestados los dos casetes que contenían la grabación de la obra, en versión de Plácido Domingo en el papel del moro de Venecia.

Manejé una edición de Círculo de Lectores, elegante y bien maquetada, y con un lápiz fui subrayando las partes que me parecían el meollo, la gran cuestión de la obra: Otelo no era capaz de dar un paso al frente (no sé si utilicé esa imagen entonces influido por la tercera película de la saga de Indiana Jones, en que éste da un paso sobre el abismo para llegar a la cámara que guarda el Santo Grial). Odero de Dios estuvo de acuerdo conmigo: traducido en clave religiosa, Otelo no confiaba en Dios: quiénes somos nosotros para no confiar en Dios. Un hombre muy agradable y educado, este Odero de Dios.

Verdi escribió esta ópera cuando llevaba quince años sin escribir música escénica. Ya había escrito las grandes obras que le llevaron a la fama y que siguen siendo sus mejores obras: vaya por delante que La Traviata es la mejor ópera de la historia. A Verdi uno le mira con una simpatía congénita, la que está en las raíces de su música. Por eso, nos arriesgamos a exagerar. Otello tiene una infinidad de temas melódicos muy inspirados, con gran fuerza escénica, pero es verdad que faltan esas grandes líneas que hay en La Traviata que la hacen única. También es verdad que para compensar, Otello, además de tener un gran argumento, es una obra concienzudamente pensada para la escena y su orquestación, inédita hasta entonces en Verdi, es un selva de matices, colores y formas.

La adaptación del texto fue realizada por Arrigo Boito, un intelectual, escritor y compositor, al que la Historia le agradece esa colaboración con el gran Verdi, fruto de la cual nacieron dos obras de madurez, muy peculiares las dos, que son Otello y Falstaff. Se suele decir que el libreto es una obra maestra, y en líneas generales así lo pienso también: Boito resume las líneas generales del argumento y monta una estructura de escenas corales y diálogos perfectamente operísticas. No pienso lo mismo de la calidad literaria del discurso. Los libretos de ópera solían adolecer de cierto arcaísmo, de una retórica un tanto impostada. Esta es la razón por la que leer la traducción en castellano del texto cantado se hace cansado: “El pámpano, / este verdadero maná /en deleitosa bruma / sumerge el pensamiento” canta Cassio en el brindis del acto I. Y en una escena muy distinta, de honda desesperación, Otello “con voce soffocata” se lamenta de la angustia que le corroe por los celos: “¡Finalmente tú, sagrado geniecillo / de la fresca risa, cubres tu divino / rostro con la máscara del infierno!”. Me atrevo a decir que una libre traducción de estos versos mejoraría seguramente un texto bastante acartonado y, sobre todo, dotarían de inmediatez expresiva al canto. Lo curioso es que en vida Verdi revisó traducciones de sus óperas al francés y al inglés, como Wagner vio sus obras también traducidas en París, por ejemplo. En el fondo de esta negativa de los teatros españoles a traducir la ópera al castellano es que, tal vez, el sabor castizo de las zarzuelas nos ha dejado el prejuicio de que una ópera en español sonaría a chotis. A ello se suma seguramente un complejo de inferioridad motivado por la comparación injusta que hacemos de los grandes genios del XIX con los compositores españoles. Podemos conjeturar aquí que la desamortización de Mendizábal no ayudó precisamente a subir el nivel musical de España, que dependía en gran parte de la Iglesia, como la expulsión de los jesuitas y la supresión de la orden por instigamiento, entre otros, de Carlos III, privó a la España del XIX de un sólido baluarte educativo. Y aun con todo, de la necesidad del pueblo por tener un espectáculo musical y teatral con el que entretenerse y aligerar existencia, se desarrolló un impresionante caudal musical con la zarzuela, todavía poco estudiado y peor promocionado.

En la zarzuela, el público entendía, más o menos, lo que se cantaba. La técnica vocal tiende a ser más impostada ahora que hace setenta años, y probablemente necesitaríamos igualmente unos subtítulos que nos ayudaran en la audición. Pero es muy distinto escuchar “¡Que confiese el pecado primero y que luego muera!” a “Pria confessi il delitto e poscia mouia!”.

Volviendo a la tragedia, veinticinco años después de aquel seminario de literatura, mis conclusiones no difieren. Otelo no quiere confiar. Da vueltas sobre su duda, en lugar de dejarla marchar como vino. Evidentemente, su alférez no le ayuda. En este sentido, el libreto de Boito simplifica un tanto el personaje Yago. En al acto tercero Yago advierte del peligro del monstruo de los celos (esto sí está en el libreto) y añade una especie de silogismo envenenado que, a mi entender, es el clímax de su estrategia de manipulación, y que Boito elimina.:

¡Oh, mi señor, cuidado con los celos! (…) Vive feliz el cornudo que, cierto de su destino, detesta a su ofensor; pero ¡oh, qué condenados minutos cuenta el que idolatra y, no obstante, duda; quien sospecha y, sin embargo, ama profundamente!”

Yago parece hacer aquí un silogismo que es en realidad un sofisma. El cornudo que odia a su mujer, puede estar tranquilo; pero ay del que la ama… El resto de la oración ya no se escucha: ay del que la ama y es un cornudo. Yago no dice exactamente eso: sufre el que duda, pero Otelo sólo escucha el eco de sus celos. ¿Pero no es responsable Otelo de su interpretación? Desde el principio. Buscamos alrededor lo que justifique nuestros miedos. Otelo, el gran militar, un noble mercenario entre cristianos, está muerto de miedo.

Interpretar estos papeles no es solo cantar. Otelo es un papel más que difícil: desde el punto de vista vocal es heroico. Pero desde el punto de vista teatral tal vez sea más difícil Yago. Los cantantes tienen la tentación de hacer un Yago descaradamente malo, lo cual pierde en verosimilitud. Recuerdo en Madrid, hace unos veinte años, a un barítono italiano, Renato Bruson, que recibió la mayor ovación de la velada, por su interpretación magistral: era un Yago sutil, reconcentrado, creíble.

Quisiéramos que Otelo se hubiera comportado de otra manera, pero entonces la obra no sería una tragedia. La libertad humana nos muestra ejemplos cada día de que Shakespeare no se inventa nada. Gran tema, este de la responsabilidad, que la humanidad no termina de creer, no terminamos de creer. Es igual: Othelo u Otello seguirán siendo un clásico.

x

x

Javier Horno

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (2 votos, media: 5,00 de 5)
Cargando…

Comentar

Tiene que estar registrado para publicar un comentario.

Libros amigos por Javier Horno

Música y palabra

La labor del crítico musical, de la que tengo cierta experiencia desde hace unos años, consiste, a mi entender, en preguntarse por todo el conjunto de un concierto: desde la coherencia del programa hasta el disfrute del público. El que paga la entrada tiene derecho, nos guste o no, a…
Micro órtesis para fascitis plantar y espolón calcáreo
Micro órtesis para fascitis plantar y espolón calcáreo
Publicidad
Encuestas

¿Qué cartel elegiría este año para anunciar los Sanfermines?

Ver resultados

Cargando ... Cargando ...
Publicidad

El baúl de los recuerdos

Esta noticia la publicamos el 10 de octubre de 2006