El duro pulso anti-woke que se espera en Eslovaquia

Este pasado sábado 23 de marzo, los eslovacos fueron llamados a las urnas para elegir a quien vaya a asumir la presidencia del país en el próximo lustro. Los últimos comicios tuvieron lugar en 2019, saldándose estos con la victoria de la centrista Zuzana Caputova, que no aspiraba a la reelección.

Nueve candidatos concurrieron a la primera vuelta (en principio eran once, pero dos de estos se retiraron, como es el caso del conservador Andrzej Danko, del Partido Nacional Eslovaco (SNS), socio gubernamental, que prefirió concentrar sus apoyos en la figura Stefan Harabin, ex ministro de Justicia y ex juez del Tribunal Supremo).

Los detalles del recuento electoral

Conforme a lo que vaticinaban tanto en los estudios demoscópicos como en las casas de apuestaslos dos candidatos más votados tuvieron (aún entre nueve) una diferencia de votos no muy elevada. En este caso hablamos de casi cinco puntos frente a los treinta y dos que, de manera aproximada, se dieron en la primera vuelta de 2019.

Los dos primeros candidatos fueron, en orden descendente de puntos, el ex Ministro de Exteriores y diplomático transatlántico Ivan Korcok (apoyado por la oposición de centristas, “democristianos” y progresistas), y el presidente de la cámara legislativa, Peter Pellegrini (cuya formación, Hlas, es socia de gobierno, junto al SNS, en el gabinete de Robert Fico).

Resultados oficiales, con el 100% de voto escrutado, en los comicios presidenciales eslovacos del 23 de abril de 2024 | volbysr.sk

En la distribución de datos porcentuales, se puede observar no solo que el candidato apoyado por el entorno del SNS obtuviese casi el 12% de los votos, sino que tanto Korcok como Pellegrini, pese a obtener una escasa diferencia de votos, no lograron (ninguno de los dos) imponerse con más del cincuenta por ciento del voto escrutado.

Mientras tanto, haciendo ya una pormenorización geográfico-sociológica, puede decirse que, el candidato Korcok obtuvo mejores resultados en los núcleos urbanos, tal y como se puede ver en urbes como Nitra, Trnava, Presov, Kosice y Bratislava (la capital eslovaca).

En el mapa adjunto, se puede observar que la opción de Korcok fue la más votada en las regiones de Trnava, de Bratislava y de Kosice, siendo la segunda no solo la que concentra la mayor área metropolitana eslovaca, sino donde, con amplia diferencia, con porcentajes superiores al 50% en los distintos distritos capitalinos, el presidenciable centrista ganó.

De igual modo, se puede observar que el candidato representante de la Minoría HúngaraKrisztián Forró, no solo es que ganase en los núcleos municipales de Dunajská Streda y Komárno, sino que obtuvo porcentajes significativos en casi todo el área que limita con la frontera magiar.

Pellegrini, al igual que Fico, suele abarcar el voto más rural. Pero es que, en los países eslavos, el voto más conservador o derechizado es el más rural y urbano (ocurre lo mismo en Polonia, en Hungría y en Croacia) mientras que, en España, en general, el voto de derechas es lo más urbanita posible.

Una vez dicho todo esto, cabe hablar de lo que pueda pasar en una segunda vuelta. La demoscopia ha venido pronosticando, hasta el momento, que el socio de Robert Fico tendría probabilidades de ser el próximo inquilino del Palacio de Grassalkovich, que es el Palacio Presidencial de Bratislava.

Ahora bien, si observamos a la potencial aritmética, en vistas de la primera vuelta, podríamos hablar de un pulso bastante complicado. En un principio, para superar, aunque sea por la mínima, el 50%, Pellegrini necesitaría los votos de Harabin, de Forró (que manifiesta sus simpatías hacia Orbán y es de derechas) y del ex ministro Kubis.

¿Por qué Pellegrini?

Una vez dicho esto, cabe hablar sobre el interés en que gane un candidato frente a otro, al menos, desde mi punto de vista. En este caso, se considera que se ha de evitar, por todos los medios, una victoria del candidato globalista y woke que ha obtenido la mayoría de votos en la primera ronda.

La cuestión de la OTAN, Rusia y Ucrania ha sido un tema capital en la campaña electoral eslovaca. Es cierto que la derecha eslovaca sociológica es más prorrusa que la de vecinos como los polacos, aunque haya una parte de razón en la de no inmiscuir a todos los europeos en la batalla resultante de la agresión del Kremlin contra Ucrania.

Ahora bien, partiendo de la base de que, en geopolítica nada es perfecto, hay que recordar que ningún “progre” es una garantía de “sociedad abierta” bien entendida a día de hoy. El globalismo y el wokismo van de la mano, con la pretensión de imponer la ideología de género, el abortismo, el multiculturalismo y la edulcorada pero comunista Agenda 2030.

La Unión Europea es una especie de Unión Soviética que ejerce un férreo pero progresivo centralismo normativo, jurídico, burocrático, financiero y monetario para imponer medidas coactivas que afectan a ámbitos como la natalidad, el florecimiento familiar, la seguridad, la prosperidad económica, el ahorro y la libre circulación.

De igual modo, con la colaboración de otros entramados globalistas (más allá de la Open Society de George Soros), se pretende socavar a los gobiernos de resistencia conservadora, sobre todo, del Visegrado (ocurre también con Hungría y, en su día, pese a las imperfecciones y errores de Kaczynski, con Polonia).

Dicen defender los “valores europeos”, pero esa misma eurocracia soviética calla cuando, en España, el dictador posmoderno Pedro Sánchez consiente que se cargue sin piedad contra pacíficos individuos que han manifestado su indignación ante el malgobierno destructivo y ante el peligro de las directrices ecosocialistas sobre la agricultura.

La cosa es que Pellegrini y Fico, pese a ser paradójicamente socialdemócratas, apuestan por un pragmatismo económico y por respetar el orden natural y los valores tradicionales al no querer abrir la puerta a proyectos legislativos que destruyan la familia o la identidad nacional eslovaca.

Desde el primer momento, ante la llamada “crisis de los refugiados” de 2016, Fico recalcó que solo se admitiría a refugiados cristianos. Esa postura se ha mantenido en estos años, ya que las autoridades eslovacas han tratado de reforzar los controles fronterizos correspondientes.

Tampoco ha habido conflicto cuando el Ministerio de Cultura, bajo el Partido Nacionalista Eslovaco, ha optado por cortarle el grifo de subvenciones al lobby LGTBI o por valorar el reconocimiento de Cristo, Rey de Reyes, como rey de Eslovaquia.

No ha de olvidarse tampoco que se intentó promover a un Ministro de Medio Ambiente contrario a las tesis apocalípticas de Greta Thunberg y que, a día de hoy, las ciudades eslovacas están muy lejos de ser ciudades de peligrosidad considerable (al no haber problemas de multiculturalidad musulmana).

Con lo cual, salvo sorpresa, para bien o para mal, se vaticina un pulso muy tenso en Eslovaquia. Una victoria de Korcok supondría un balón de oxígeno para la propaganda intimidatoria del marxismo cultural continental mientras que un triunfo de Pellegrini evitaría vetos y representatividad en sí misma de los máximos promotores de las actuales fases revolucionarias.

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