Los CDR no son terrorismo. Terrorismo es ser ganadero, agricultor o pescador. Esta es poco más o menos la reacción de la izquierda a las protestas del sector primario, sin exagerar demasiado. No son trabajadores, son empresarios, son ricos. No nos dan de comer, nos envenenan. Nadan en el dinero de los planes del gobierno y todavía se quejan. Ser agricultor en un chollo, aunque las tortas son para ser funcionario, no para ser agricultor.  Nadie en la izquierda se pone de parte del campo. Los grandes sindicatos, y estos sí que nadan en el dinero del gobierno, precisamente por ello están con el gobierno, no con el campo. Si no para otra cosa, las movilizaciones están sirviendo para quitar la careta a la izquierda. Y en su caso para abrir los ojos a algunas personas del campo. Comparen las manos de un agricultor con las de un preboste de la UGT. A ver quién es el trabajador.

A los trabajadores no les va a dar de comer la UGT ni CCOO, a los trabajadores les va a dar de comer el sector primario. Un agricultor o un ganadero es un trabajador endeudado que trabaja con su propia maquinaria en su propio campo. No siempre en su propio campo. Desde luego defender a los trabajadores no es empobrecerlos cada día más y quitarles la comida del plato, sometiéndolos a una dieta de gusanos, grillos y hamburguesas sintéticas que les venderá Bill Gates, el millonario davosiano cuya clase defienden los sindicatos subvencionados y los grandes partidos. ¿A quién favorecen UGT y CCOO? A Mohamed VI, a Bill Gates, a Pedro Sánchez, a Puigdemont, pero a los trabajadores no. Por no hablar de los partidos nacionalistas. ¿Qué clase de partido nacionalista predica la dependencia alimenticia y energética? Hay davosianos vendidos y davosianos idiotas. El 00,1% de los davosianos cobra y mucho por ser davosiano, son los llamados creadores de opinión, pero el otro 99,99% de davosinaos es idiota en el sentido dostoievskiano del término, no se entera que aplaude la cuerda que le ponen al cuello. Por eso no hay que resetear a la sociedad sino que hay que despertarla, sacarla del sueño y enfrentarla a la realidad.

Atendiendo lo que dicen los sindicatos y partidos “progresistas”, pareciera que a los agricultores y ganaderos hay de desoírles porque no son trabajadores sino empresarios. A lo mejor tampoco es tan mala idea escuchar de vez en cuando a los empresarios, pero esa es otra historia. El hecho es que los archimillonarios de verdad, los que escriben la Agenda, son los que se reúnen en Davos, y su símbolo es el arcoiris circular cuyo pin llevan prendido en la solapa todos los líderes de los grandes sindicatos y todos los líderes políticos de la izquierda. ¿Llevas el pin de los millonarios y dices que tú defiendes a los trabajadores? ¿Cuántos trabajadores hay en Davos? ¿Los que preparan el desayuno y hacen las camas a los millonarios?

El problema de verdad es que el pin de la Agenda 2030 va prendido de la solapa de casi todos los políticos. Lo mismo presume de él Ione Belarra que el presidente de Iberdrola. Lo mismo lo lleva Pedro Sánchez que Juanma Moreno Bonilla, o Yolanda Díaz que Letizia. Hasta Puigdemont es Agenda 2030. ¿Estaría tan protegido Puigdemont en Bruselas si fuera anti Agenda? Y por ejemplo, ¿alguien ha escuchado a Bildu, esos terribles antisistema, oponerse a la Agenda 2030? En el PP, salvo algún tímido cuestionamiento de Ayuso, el alineamiento a favor de la Agenda 2030 es tan completo como en Podemos. ¿Y a nadie le llama esto la atención? ¿Qué clase de pluralidad política o mediática puede existir si todos los partidos comparten la misma agenda política, reciben las mismas órdenes desde Davos y en el fondo tienen un programa común? De todos modos es la izquierda quien se está expresando en los términos más contundentes contra la gente del campo que se está manifestando. A lo mejor alguna gente del campo debería repensar a quién esta votando.

A los agricultores y ganaderos que se están manifestando les llaman ultraderechistas. Lo dicen para descalificarlos ante el conjunto de la población, igual que les llaman empresarios para robarles el apoyo de la clase trabajadora, como si quienes madrugan para que la clase trabajadora tenga comida en el plato no fueran los que se están manifestando, como si quienes los critican llmándolos “empresarios” no llevaran en la solapa el pin de los millonarios de Davos. Pero hay un hecho cierto y es que VOX es el único partido que se opone frontal y abiertamente a la Agenda 2030. Antes de cada elección el voto útil es uno de los asuntos más debatidos pero, ¿cuál es el voto útil si todos llevan el mismo pin? ¿Cuál es el voto útil si estás contra el pin? ¿De qué sirve votar en nombre del voto útil a alguien que lleva el pin si estás en contra del pin? ¿Y esto es pedir el voto para VOX o pedir al resto de partidos que se desmarquen con rotundidad de la Agenda 2030?

Como toda agenda el programa davosiano tiene un anverso y un reverso. El anverso de la Agenda 2030 podríamos compartirlo todos: acabar con el hambre, con la pobreza y la desigualdad. ¿Con la desigualdad también? Eso lo podríamos discutir. ¿Igualar por dónde? ¿Por qué todo el mundo tiene que ser igual? ¿Hablamos de igualdad de derechos o de resultados? ¿Cómo vamos a tener todos el mismo resultado si no tomamos las mismas decisiones? ¿Y cómo vamos a tomar todos las mismas decisiones siendo libres? Esta bien que todo el mundo tenga un mínimo, ¿pero por qué tendría que tener todo el mundo lo mismo? ¿Y por qué la igualación tiene que consistir en que nadie tenga nada?

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Acabar con el hambre, la pobreza o la guerra son causas por las que llevan trabajando todos los pensadores a lo largo de toda la historia, para eso no hace falta la Agenda 2030, el problema es el recetario concreto de la Agenda 2030 para conseguir todo eso. Y ahí está el reverso tenebroso de la Agenda. También el comunismo decía perseguir todo eso y acabó con un régimen de miseria y terror y 100 millones de muertos. Hoy todos los comunistas son Agenda 2030 y predican la felicidad sin tener nada, el degrowth, la restauración de la naturaleza, el animalismo, la dieta de gusanos y carne sintética, la energía cara e intermitente, la dependencia energética y alimenticia. Irónicamente los comunistas coinciden en la Agenda 2030 con los archimillonarios a los que no les gusta el libre mercado. Estos prefieren una economía planificada, intervenida por el gobierno, para en vez de competir vivir a la sombra del boletín oficial del estado con el dinero de todos.

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Comentarios (1)
  1. Alcibíades06 says:

    Este secretario general de Comisiones obreras , además de ciego, es sordo.! Vaya entendederas tiene!. Estaría bien regalarle un rebaño de mil cabezas de ovino y 100 de bovino, junto a los aperos e instalaciones necesarias para su explotación.Y que tuviese que vivir de su dedicación a ello. No sé si superaría este trago o moriría de un infarto al oír la apuesta. Es seguro que una dentellada de un lobo ibérico no le haría tanto daño.

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 8 Thumb down 0

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