Bukele: el premiado éxito de acabar con la alta peligrosidad

Este domingo día 4, nuestros hermanos salvadoreños fueron llamados a las urnas tanto para renovar la composición de su cámara legislativa como para elegir a quien ha de seguir siendo presidente durante el próximo lustro.

En este caso, la demoscopia acertó, contra todo intento de sabotaje e intimidación de los medios y lobbies serviles al establishment socialista y globalista. De hecho, hay resultados ya conocidos que eran bastante previsibles.

El presidente Nayib Bukele ha sido reelegido con más del 80% del voto escrutado, lo que le convertiría en uno de los pocos mandatarios no tiránicos con un amplísimo porcentaje de voto (muy superior al que otros mandatarios como Orbán o la coalición de Robert Fico tienen ahora mismo).

Mucho ruido ha habido sobre la práctica desaparición e inutilidad de partidos como el marxista FMLN, diciendo que el país iba camino a convertirse en una dictadura, en un sistema de partido único, sin contrapesos en las cámaras, sin respeto hacia unos supuestos vetos constitucionales.

De todos modos, no me voy a centrar tanto en disquisiciones sobre los resultados y las formas de gobierno (por cuanto y en tanto interesan más los medios y los fines que los detalles biensonantes sobre el papel). Más bien, a continuación, se empezará enunciando uno de los factores de este arrollador resultado electoral.

Se ha experimentado una notable reducción en la tasa de homicidios en los últimos años. En 2022, se registraron 7,8 homicidios por cada 100.000 habitantes, la cifra más baja desde 2014. Esto representa una disminución significativa comparado con el año 2015, cuando la tasa alcanzó 103 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Del mismo modo, ha habido, grosso modo, secuencias de centenares de días en los que apenas se han cometido asesinatos. Pero nada de esto se ha conseguido por casualidad. Tampoco mediante una estrategia buenista basada en limosnas o coqueteos varios con las llamadas oenegés.

El gobierno de Bukele decretó un estado de emergencia. Pero el propósito del mismo no fue hacer ningún ensayo social sobre los salvadoreños así como tampoco reprimir manifestaciones, sino combatir a los principales grupos criminales.

Entre esos grupos criminales están las maras (recordemos que estas representan a una de las bandas latinas que han podido dar problemas en Estados Unidos o en España), que parece que son las mayores defendidas por la ONU y otros entramados funcionales a las causas de George Soros.

La estrategia de Nayib no se ha basado en decir que son personas con derecho a la reinserción, sino que la clave es garantizar la máxima seguridad de las personas salvadoreñas, pensando también en el futuro de sus hijos.

De ahí que, aparte de haberse declarado una eficiente acción policial, se hayan construido instalaciones penitenciarias de alta seguridad que estarían entre las más sofisticadas de América Central y del Sur.

Decenas de miles de pandilleros han sido ya internados en estos centros, de los que no tendrán que salir, ni siquiera, para procesos judiciales. Así se evitan, con mayor probabilidad, fallos de seguridad que puedan devenir en fugas.

Del mismo modo, los presos se dedican a hacer trabajos que puedan beneficiar a esa misma sociedad a la que durante años han sometido a la máxima tensión terrorífica. Por ejemplo, adecentamiento de carreteras y construcción de escuelas. No reciben tampoco subsidios cualesquiera.

La cosa es que gracias a esto, El Salvador se está convirtiendo en uno de los países hispanoamericanos más seguros. A esto hay que sumarle que se está fomentando una interesante apertura económica al potenciar el Bitcoin y reducir impuestos a las empresas tecnológicas.

Luego, otro punto interesante es que, del mismo modo que nuestros hermanos argentinos emitieron un mensaje contra el Grupo de la Puebla y Pedro Sánchez, nuestros hermanos salvadoreños han emitido un mensaje contra la inseguridad que campa en alguna que otra barriada-gueto europea por culpa de la progrez y ciertos acomplejados.

Cabe recordar que, a la falta de control migratorio en países europeos como España se le suma la inutilidad del sistema legislativo actual (igualmente monopolizado por el Estado), ya que no es tan estricto como debiera serlo con okupas, agresores sexuales, secuestradores, asesinos y otros sujetos que siembran inseguridad en ciertos puntos.

Los guetos migratorios suelen ser, en muchas ocasiones, zonas de peligrosidad considerable. A la inadaptación de ciertas culturas (caso del islamismo) se le suma una situación de precariedad y de falta de civismo que fomenta la delincuencia, empezando por el escenario más común, basado en los robos o en ciertas clases de peleas.

Si bien hay inmigrantes plenamente honrados, con disposición a trabajar, a emprender, a arriesgar y a buscar un futuro mejor (por ejemplo, la mayoría de los inmigrantes hispanoamericanos y chinos), también hay que decir que otros no vienen motivados por el llamado “sueño americano” (valores emprendedores).

Existe el llamado asistencialismo estatal, que también se refleja en unos centros penitenciarios que tienen más lujos que algunas residencias de estudiantes o de ancianos. La limosna desincentiva la búsqueda de empleo a la vez que fomenta flujos migratorios que no ven problema en sí mismos si no se adaptan.

Pero es que este combinado de guetificación y laxitud penal también fomenta, que en muchas ocasiones, paguen justos por pecadores. Se fomenta que haya quienes tengan miedo a la inmigración en su sentido más amplio o a que se tenga pánico a unos barrios obreros que a la izquierda solo le interesan como ariete de la “lucha de clases”.

Los “pobres” también quieren seguridad. Los latinos también. De hecho, como se puede ver en los Estados Unidos, no solo es que bastantes tengan preferencias de voto conservadoras, sino que no ven ningún problema en lo concerniente al control de la inmigración (no solo cuando venga de países islámicos), para que sea lo más ordenada posible.

Con lo cual, desde un país del que al menos hay 20000 personas en España (sin contar con que este asunto preocupa a otros países de la hispanosfera), se ha trasladado un mensaje importante, que requiere incorrección política y contundencia a la hora de garantizar la seguridad frente a los delincuentes.

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