¿Qué pasó ayer en el Congreso de los Diputados con la votación de la amnistía? ¿Estamos ante un nuevo escenario? ¿Peligra al fin la continuidad del sanchismo? Conviene tratar de distinguir lo que sabemos de lo que no sabemos y no confundir lo que realmente sucede con lo que queremos que suceda.

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Entre lo que sí sabemos y tampoco se trata de una conclusión voluntarista tenemos el hecho de que ayer el PSOE sufrió por parte de Junts una doble humillación. La primera por doblegarse ante Junts para hacer suya la amnistía, pese a todo lo prometido antes de las elecciones o su evidente inconstitucionalidad, y pagar el consiguiente desgaste político y acaso electoral. Pero segunda y sobre todo porque, después de doblegarse, desdecirse y pagar el precio el PSOE, va Junts y después de hacerle humillarse vota que NO, para doblar la humillación.

Hay quien pretende que el fallo de ayer en el Matrix sanchista es una prueba de la honorabilidad del PSOE, de que su capacidad de humillarse ante el nacionalismo no es infinita y de que todavía defiende alguna línea roja. Pero esto es hacer de la necesidad virtud y puro maquillaje de un NO que fue Junts y no el PSOE quien lo dio. Si de hecho el PSOE no estuviera dispuesto a doblegarse un poco más aún para conseguir el acuerdo con Junts, hoy Pedro Sánchez ya estaría pensando en convocar elecciones, porque no tiene mucha más opción. El bloque sanchista no puede aprobar NADA sin Junts.

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Si algo tenemos claro, precisamente, es que una ruptura entre el PSOE y Junts no tendría nada que ver con los principios, al menos por la parte socialista. El límite a las cesiones a Junts, de hecho, todos sabemos que no lo pone el PSOE sino la UE. Lo que se teme es aprobar una ley de amnistía tan marciana que la acabe tumbando Bruselas. Pero esto que parece el problema puede ser justo la solución. El PSOE bien le puede decir a Junts que de acuerdo, que sí a todas sus pretensiones, y que no se queje si después Bruselas se las tumba, que esta por ver de todos modos si Bruselas tumba nada salvo si ataca a la Agenda 2030, que no es el caso de la amnistía. Cuidado con poner todos los huevas en la cesta de la confianza en Bruselas y que después Bruselas santifique todo lo pactado entre el sanchismo y los golpistas. Recordemos que para huir de la justicia española Puigdemont no ha huido a las Islas Vírgenes sino a Waterloo, a 15 kilómetros de Bruselas. Bruselas es el refugio, no el azote de Puigdemont.

¿Es un teatrillo todo lo que hemos visto? Es otra posibilidad. Al PSOE le puede interesar tomar distancia respecto a los golpistas de cara a las elecciones gallegas, para retomar los contactos después de esa cita con las urnas. Es lo que hemos visto por ejemplo en Pamplona. El PSOE permite que la alcaldía sea de UPN en esos meses entre las municipales y las generales, para que la entrega de Pamplona a Bildu no sea un tema de debate en las generales, y en cuanto pasan las generales le entrega a Bildu la alcaldía. No cabe descartar por tanto que estemos ante otra ruptura pactada por interés electoral y no ante un enfrentamiento real, y que tras las elecciones gallegas se retome la normalidad. Cierto es que las caras de los socialistas ayer no eran de relax y bienestar pero, ¿quién puede saber la verdad cuando el debate real en España ya no tiene lugar en el Parlamento sino en una oscura mesa de negociación? ¿El relator internacional?

A lo mejor para entender la crisis de ayer lo interesante es pensar el movimiento desde el punto de vista de Junts y no desde el punto de vista del ´PSOE. Si la ley de amnistía se hubiera aprobado ayer en los términos de ayer, no hubiera sido la ley de amnistía de Junts, sino una ley de amnistía de todo el nacionalismo catalán. Por el contrario, al votar en contra, de quien se está desmarcando Junts no es tanto del PSOE como de ERC. El mensaje que está mandando Junts al electorado catalán, y también tenemos elecciones catalanas en el horizonte, es que la ley de amnistía que se apruebe sera una ley de amnistía de Junts, y será una ley de amnistía mucho más ambiciosa que la que iba a aprobar ERC, que está vendida al PSOE, que no le aprieta las tuercas y que se conformaba con una amnistía de segundo nivel. Así pues la crisis de ayer no tendría nada que ver con un ataque de dignidad del sanchismo, o con que el PSOE no esté dispuesto a humillarse todo lo que haga falta, o con que Pedro Sánchez tenga líneas rojas, sino con un movimiento principalmente en clave interna de Junts.

 

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