Los cambios de la DGT en el nuevo carnet de conducir y el fracaso del intelectualismo moral

La DGT no descansa. El último colectivo en el punto de vista de la DGT son los moteros, por estropearle las cifras de mortalidad en las carreteras. En consecuencia, la DGT va a endurecer el acceso para poder conducir una moto de 125cc, que hasta ahora podía llevarse a los 3 años de haber sacado el carnet para el coche. A lo mejor esta decisión tiene sentido en términos de seguridad (seguro que lo tiene en términos de recaudación), por lo que sería un sinsentido lo que hemos tenido hasta ahora, pero por otro lado la mayoría de las defunciones en moto se producen en motos con cilindradas superiores a 125 y fuera de población. Todo esto no es sin embargo el objeto real de nuestra pequeña reflexión.

Aunque no lo parezca, los exámenes teóricos de la DGT son una auténtica prueba de fuego para demostrar la falsedad del intelectualismo moral. El intelectualismo moral es aquella doctrina, muy popular en la izquierda junto al estructuralismo, en virtud de la cual la gente hace las cosas mal por desconocimiento. Cuando a alguien se le enseña lo que está bien, deja de hacer el mal. No hay malvados sino ignorantes. Por eso, la izquierda ataca con tanta saña la libertad educativa o utiliza los colegios con tanto desparpajo para esparcir su adoctrinamiento. Su justificación es que los violadores, los ladrones, los mentirosos, los maltratadores, los alcohólicos o los empresarios desaparecen con la educación adecuada. Naturalmente la izquierda decide lo que es la educación adecuada y conseguir estos objetivos tan nobles justifica pisotear la libertad educativa e imponer en los colegios una verdad estatal. No obstante sigue habiendo, pese a la educación, violencia de género, asesinatos, robos, mentiras, corrupción, alcoholismo y embarazos no deseados. ¿Será que la gente sigue mintiendo, robando o violando incluso sabiendo que está mal? ¿Será que la culpa la tiene el malo y no la educación o la sociedad? ¿Será que existe la libertad?

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En este sentido es cuando entra en juego el caso de la DGT y el examen del carnet de conducir. Para obtener un carnet que nos faculte para conducir un coche la DGT establece que todo el mundo tenga que pasar un examen teórico que demuestre que cada conductor sabe que no puede exceder ciertos límites de velocidad o que no puede conducir borracho. Todo conductor sabe consiguientemente que no puede circular borracho o a 200, no obstante lo cual gran parte de los accidentes tienen que ver con el exceso de velocidad o el alcohol y los conductores tienen que estar sometidos a la constante vigilancia de radares, controles y drones. O sea, que todos los conductores que incumplen las normas conocen las normas, porque tienen que conocerlas para haber obtenido el carnet, no obstante lo cual es evidente que a veces deciden no cumplirlas. De este modo si el intelectualismo moral fuera cierto nadie con carnet cometería infracciones de trafico. Por tanto sería imposible que por ejemplo a alguien le tuvieran que quitar el carnet por cometer infracciones, porque desde el punto de vista del intelectualismo moral sería una contradicción en los términos. Por consiguiente el intelectualismo moral es una falacia y son ineficaces todas las medidas que para evitar un mal partan como premisa del intelectualismo moral. Si de este modo algo bueno se puede decir de la DGT es que sería injusto decir que no sirve para nada: sirve para nada más y nada menos que para demostrar la falsedad del intelectualismo moral. Pocas partidas de gasto en los presupuestos del estado pueden tener mayor justificación.

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Comentarios (1)
  1. BURBUJISTA LADRILLISTA says:

    Una buena educación sexual evita muchos embarazos no deseados ergo menos aborto

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