Los problemas de la gente que viene de dinamitar viviendas para resolver el problema de la vivienda

Este es seguramente uno de esos casos en que dos noticias se entienden mejor juntas que por separado. La primera noticia es la de que Bildu y el PSOE prorrogan la prohibición de desahuciar a familias vulnerables durante el año 2024. Para que no se diga que Bildu no es un partido progresista y simpático.

La segunda noticia, por el contrario, es la de que cada vez hay menos viviendas en alquiler, los precios por tanto aumentan y los propietarios endurecen los requisitos para alquilar.

No resulta difícil entender que cada noticia es una cara de la misma moneda. Conforme más dificulta el gobierno expulsar a un inquilino que no paga, menos viviendas se ponen en alquiler. Conforme más interviene el gobierno los precios del alquiler, más se contrae la oferta y más estrictos se vuelven los propietarios para alquilar. Si no va a poder echar a un inquilino que no paga, el propietario endurece las exigencias y alquila sólo a los demandantes de vivienda con más solvencia y garantías.

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¿Pero por qué de dar techo a las familias vulnerables se tiene que hacer cargo el propietario? ¿No están convirtiendo los políticos el derecho a la vivienda en caridad privada, eso que tanto detestan por otro lado? Lo que tiene que procurar el gobierno es que haya empleo, que haya seguridad jurídica, y facilitar que la construcción de vivienda corra paralela a la demanda. Si de todos modos eso falla, quien tiene que encargarse de ofrecer una solución a las familias vulnerables es el gobierno y no el propietario. ¿O para qué pagamos impuestos y para qué queremos gobierno?

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Naturalmente el efecto menos sorprendente de las políticas de “progreso” que se están aplicando es que se contraiga la oferta, porque si te pueden dejar de pagar sin que pase nada, no inviertes en vivienda o no pones en alquiler una vivienda. En consecuencia cae la oferta y sube el precio. En consecuencia aumenta la cantidad de gente que o no puede acceder a la vivienda o no puede asumir seguir pagando el encarecimiento de los alquileres. La pescadilla se muerde la cola y el progresismo se encierra en un círculo cada vez más vicioso porque seguimos llamando progresistas a los discursos y no a los resultados de los discursos. Por supuesto parte del problema actual es que a la izquierda abertzale, ya que empezábamos hablando de ella, siempre se la ha dado mejor dinamitar inmuebles que construirlos, la demolición que la construcción.

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