Elma Saiz, la mejor candidata posible para asegurar que el sistema de pensiones va bien

La principal cualidad que debe adornar a una figura del PSOE tiene que ser su capacidad de mentir. Después y además puede tener otras cualidades, pero lo fundamental es su disposición para mentir sin pestañear. En este sentido nada puede extrañar menos que Elma Saiz haya sido nombrada ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Pocos talentos probados como el suyo a la hora de engañar.

Como puede apreciarse, las coletillas y avisos sobre las mentiras e inexactitudes que ahora Twitter endosa a ciertas publicaciones, como alternativa a la censura, van a convertirse en un clásico en la cuenta de la nueva ministra, empezando por el espinoso asunto de las pensiones. Para decir que el sistema de pensiones goza de buena salud y es perfectamente sostenible no hace falta un mentiroso cualquiera, hace falta un auténtico virtuoso de la mentira.

Pretender que el sistema de pensiones tiene 5.282 millones de superávit vía cotizaciones es una auténtica desfachatez, un insulto a la inteligencia. Si tienes un agujero de 45.000 millones y lo rellenas con un préstamo de 50.000, no tienes un superávit de 5.000, o por lo menos ese superávit no es una imagen real de la situación. Como todo el mundo sabe el sistema actual de pensiones, conocido como sistema de reparto, se basa en que los que están trabajando paguen las pensiones de los que están jubilados. Este sistema, como todo sistema piramidal, funcionaba bien mientras crecía la población, la gente tenía cinco hijos y había 10 trabajadores por cada jubilado. Ahora que cada vez nos acercamos más a un horizonte en el que apenas hay dos trabajadores por cada jubilado, o en el que próximamente habrá más jubilados que trabajadores, salta a la vista que el sistema resulta insostenible. Pagar las pensiones (no digamos subirlas) implica presionar los salarios ahora, pero llegará un punto futuro (no muy futuro) en que sencillamente será imposible pagarlas.

De hecho ya estamos en ese punto. Contra lo que dice la ministra, la que no iba a marcharse de Pamplona, la que decía que su partido no iba a hacer alcalde a Asirón, hace tiempo que las pensiones no se pueden pagar con las cotizaciones. Si las cotizaciones bastaran para pagar las pensiones, no haría falta una transferencia anual de fondos de casi 50.000 millones para pagarlas, y tampoco subiría constantemente la deuda de la Seguridad Social. Toda esta transferencia tiene lugar además en un contexto en que las cuentas generales del estado también son deficitarias. Es decir, se pagan las pensiones con deuda, y todavía seguimos subiendo las pensiones para mantener artificialmente el apoyo electoral de los jubilados al gobierno. El problema es que para sostener las pensiones las mentiras pueden ser ilimitadas, pero los recursos reales no.

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